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¿Dónde están los poetas?
Por momentos, los partidos políticos los tuvieron a su lado. Con el tiempo, unos se largaron de los partidos cansados de la intolerancia. Otros cedieron sus espacios a empresarios que, forzados por la historia, se convirtieron en políticos.
Lunes 14 de mayo, 2007
Lafitte Fernández
redaccion@centroamerica21.com
UA los partidos políticos salvadoreños les falta algo: poesía. Carecen de intelectuales y poetas que produzcan ideas que le den sentido a la praxis política.
A lo largo de mi vida he conocido políticos de altísima talla. Los mejores, los que aún me ponen la piel de gallina, los militantes del lenguaje y del pensamiento, tienen mucho en común con los poetas.
A algunos de esos políticos los conocí en foros, en campañas políticas, en los recorridos por el mundo que deja el periodismo. A otros me acerqué pegando saltos por la historia con la lectura de sus vidas y memorias. Los encontré cuando buscaba nuevas certezas humanas.
Una vez que los conocí, supe que aquéllos ejemplares llenos de audacia, independencia y crítica, no sólo tenían mucho de poetas.
Detrás de ellos también estaban partidos políticos nutridos de intelectuales que refinaban las visiones y las ideas para ajustarlas a los tiempos.
Hay quienes rechazan que los partidos políticos deban rodearse de los mejores intelectuales de un país. La política es de hombres de acción, dicen, y agregan que la acción no es una actividad apropiada para los intelectuales.
Lo que sucede es que, cuando ese tipo de hombres manejan teorías equivocadas, las acciones se pueden volver perniciosas y sólo cambian mediante la crítica y la pedagogía.
El problema, diría Winston Churchill, ese viejo fumador de puros con cara de perro buldog, es encontrarnos políticos que no son capaces de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene y que no puedan explicar después por qué no ocurrió lo que él predijo.
Son los intelectuales, los poetas quienes construyen la mejor política, porque esta actividad es constante elaboración ideal. Y funcionan mejor cuando se necesita esa crítica y pedagogía para corregir las acciones paridas equivocadamente.
Pero, los poetas e intelectuales con sensibilidad política no sólo cumplen ese papel. Ajustan el pensamiento de los partidos políticos, corrigen rumbos, refrescan esperanzas, traducen el horizonte, abren espacios humanistas, construyen entendimientos, interpretan los signos de los tiempos y llenan de ética las relaciones sociales.
Quizá por eso es que John F. Kennedy, el asesinado presidente de los Estados Unidos, decía que si los políticos entendieran de poesía y los poetas de política, el mundo sería mejor.
Y es precisamente de eso lo que carecen los partidos políticos salvadoreños: de poetas e intelectuales que coloquen vino nuevo en odres viejos.
Por momentos, los partidos políticos los tuvieron a su lado. Con el tiempo, unos se largaron de los partidos cansados de la intolerancia. Otros cedieron sus espacios a empresarios que, forzados por la historia, se convirtieron en políticos. Hubo quienes no entendieron nunca el por qué seguía haciéndose política como una prolongación de la guerra.
Pienso que terminaron refugiándose en sus propios pensamientos al no encontrar espacios en los que la poesía sirviera para las visiones y la prosa para las ideas.
Hubo quienes, incluso, ni siquiera pudieron acercarse a partidos políticos donde los dogmas y las prácticas cerraron todo espacio.
Quizá por todo eso, es que alguien escribió en un orinal: Basta de políticos, necesitamos poetas. |