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ARENA en la cuerda floja
El reto para ARENA es encontrar un candidato con igual o mayor carisma y popularidad que Tony Saca; elaborar un programa que, sin romper con su proyecto histórico, aumente y cualifique la inversión social, solucione efectivamente los problemas de seguridad y justicia, y garantice en los hechos la erradicación de la corrupción.
Lunes 14 de mayo de 2007
Redacción
redaccion@centroamerica21.com
En su historia electoral, ARENA ha experimentado avances y también retrocesos coyunturales. La palabra derrota no es ajena a su diccionario. Dar unos pasos hacia adelante y luego otros para atrás, es natural en las batallas políticas. La diferencia ahora es que el partido en el poder camina sobre una cuerda floja. La razón es básica y nadie la ignora: el inevitable desgaste por el ejercicio del poder a lo largo de cuatro sucesivas gestiones presidenciales.
El ex presidente arenero Francisco Flores contó alguna vez que, al asumir su candidatura, sabiéndose inexperto en el manejo de campañas de esa magnitud, contrato la asesoría de los mejores expertos internacionales en la materia, una firma estadounidense. A ellos les preguntó, según su relato, qué oportunidades reales tenía de ganar la contienda. Los especialistas, luego de que evaluaran números y trayectorias, no fueron nada diplomáticos en su respuesta: “Usted tiene 55 por ciento de posibilidades de perder”, le dijeron.
Parte considerable de la certeza del equipo asesor se basaba en un hecho incontestable: no había un solo antecedente en la historia latinoamericana, en el sentido de que un partido hubiese accedido, en elecciones libres, a una tercera gestión presidencial continua.
Cuando Francisco Flores triunfó en los comicios, mando llamar de nuevo a los expertos y, siempre según su relato, los cuestionó por su error en el vaticinio. Le respondieron que se trataba de un caso absolutamente excepcional y que, según la lógica, esa excepción confirmaba la regla. En otras palabras, y entonces si la certeza ya era absoluta, un cuarto triunfo sería imposible.
Pero esa es la lógica de los procesos políticos en función de los análisis comparativos, no necesariamente es la realidad política particular de cada nación y de cada coyuntura.
Lo determinado como imposible por parte de los expertos no fue tal: ARENA no solo conquistó una cuarta victoria sino que, además, lo hizo por un margen que rompió todos los récords. Pero ni los análisis comparativos ni las lógicas de los procesos políticos quedan invalidados por esas contradicciones.
La nueva situación
Dos hechos marcaron el cuarto triunfo presidencial arenero: el efecto Saca, en tanto fenómeno de popularidad, y la decisión de asumir la dimensión social de la economía de mercado, que había sido relegada, en las pasadas gestiones, en virtud de priorizar el tema de la estabilidad macroeconómica.
Dos de los énfasis de la actual administración sostienen en buen nivel la aceptación del proyecto arenero: los programas de inversión social y la apuesta por la defensoría del consumidor. Pero, como es natural, el electorado no suele conformarse con lo logrado, y siempre, con todo derecho, exige más y mayores avances.
Se admite que ha habido crecimiento económico, que las firmas de los diversos tratados de libre comercio mejoran sustancialmente nuestras posibilidades de inserción exitosa en la economía global, y que los proyectos de infraestructura estratégica en curso nos posicionan con ventaja en relación a nuestros vecinos.
Sin embargo, la ciudadanía resiente la falta de soluciones rápidas y eficaces en los temas de justicia, seguridad y corrupción. Los adversarios históricos de ARENA, pero también algunos de los sectores afines al partido oficial, no dejan de poner el dedo en la llaga. Así vemos como, en algunos puntos concretos, sectores de la izquierda radical y de la derecha tradicional, coinciden plenamente en sus críticas al gobierno: “Tonylandia”, dicen de un lado; “un país que solo existe en la propaganda gubernamental”, alegan del otro lado.
Lo mismo sucede con el cuestionamiento a la probidad de algunos miembros o ex miembros del gabinete, fuertemente cuestionados por los medios de comunicación, debido a la poca o nula transparencia en el manejo de los fondos que administran o han administrado.
Adicionalmente, hay un consenso casi total en el poco avance registrado el campo de la administración de justicia, en el entero sistema legal, a pesar de las muchas pero no muy eficientes medidas tomadas casi al vapor, anunciadas con gran pompa casi siempre, y casi siempre sumidas en la indiferencia o el olvido poco tiempo después.
Este cuadro, más los ya conocidos triunfos de la izquierda latinoamericana bajo el liderazgo y el horizonte planteado por Hugo Chávez, sus petrodólares y sus afanes injerencistas, condensado todo ello en lo que se ha dado en llamar el socialismo del siglo XXI, dibuja las nuevas condiciones en que ARENA habrá de enfrentar las próximas elecciones presidenciales.
El reto para ARENA es encontrar un candidato con igual o mayor carisma y popularidad que Tony Saca; elaborar un programa que, sin romper con su proyecto histórico, aumente y cualifique la inversión social, solucione efectivamente los problemas de seguridad y justicia, y garantice en los hechos la erradicación de la corrupción.
ARENA tiene algunas ventajas, por supuesto, sólidos y fuertes aliados nacionales e internacionales, maquinaria electoral eficiente, excelente organización territorial, disciplina y mística en su militancia, experiencia administrativa, un voto duro en aumento y, por último, pero no menos importante, un electorado nacional probadamente conservador en su mayoría que, por lo menos hasta ahora, siempre ha preferido “lo viejo conocido que lo nuevo por conocer”.
Y un elemento extra que, de nuevo, puede jugar a favor del partido oficial a la hora de las verdades: los recurrentes errores estratégicos de su principal adversario, el FMLN, en cuanto a la elección de su candidato, la pésima administración de las diferencias internas, y el contumaz anacronismo en la elaboración de su programa.
Pero no hay que olvidar dos datos concreto: uno, ningún partido político en el mundo ha ganado, en elecciones libres, una quinta elección presidencial consecutiva; dos, las ciencias sociales, en las que se basan los análisis y los cálculos predictivos, muy bien pueden hacerse añicos ante la soberana voluntad individual, y no son los movimientos ni los sectores los que votan sino, para bien y para mal, individuos en soledad frente a una papeleta.
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