|

A fuego lento
TURBULENCIA ELECTORAL EN GUATEMALA
A la fecha, ningún candidato ha presentado un proyecto de gobierno ni mucho menos un plan de desarrollo económico ni de reorganización del Estado
que pueda prefigurar una nación moderna a corto, mediano
y largo plazo. Por lo cual, la ciudadanía consciente entrevé
que la presente elección dará lugar a otro gobierno
en el que las influencias del narcotráfico y del crimen
organizado, que también financian varias de las actuales
candidaturas, seguirá marcándole el paso al torpe
poder oligárquico, con su saldo de violencia, ingobernabilidad,
corrupción y pertinaz atraso estructural.
Lunes 14 de mayo de 2007
Mario Roberto Morales
redaccion@centroamerica21.com
Álvaro Colom, el puntero
En medio de un intenso y asfixiante mercadeo electoral, que a toda
hora satura e irrita el ánimo de la ciudadanía, resulta
que el candidato al que las encuestas favorecen es a Álvaro
Colom, quien inició su carrera política como presidenciable
de la exguerrillera Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca
(URNG), y esta es la tercera vez que se lanza a la competencia presidencial.
Su partido es el de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), de
ideas socialdemócratas mezcladas con la retórica de
la “corrección política” al uso, en especial
en relación a las mujeres y los indígenas, de los
cuales él es sacerdote “maya”. Su ventaja deriva
de que las dos campañas en que participó lo hicieron
muy conocido en el interior del país, y la última
vez perdió por muy escaso margen.
Señalado de corrupción en el financiamiento de su
campaña por parte de la oligarquía, Colom incorporó
como su vice presidenciable al cirujano Rafael Espada, médico
de cabecera de algunas de las familias criollas de mayor pedigrí
colonial, quizá con el fin de tranquilizar al sector económico
más poderoso que, de esta manera y en caso de que Colom ganara
las elecciones, tendría ojos y oídos cerca del mandatario.
Pérez Molina, el segundo El segundo lugar en la intención de voto se lo dan las encuestas
al general contrainsurgente Otto Pérez Molina y a su Partido
Patriota (PP). Pérez Molina fue uno de los artífices
de la firma de la paz en las condiciones que logró imponerle
la oligarquía y el ejército a una guerrilla vencida
militarmente y sólo sustentada en el apoyo de la cooperación
internacional. Ese condicionamiento fue decisivo en lograr una paz
en la que la guerrilla se comprometió a no jugar un papel
relevante como partido político, compromiso que ha cumplido
meticulosamente y a cabalidad hasta la fecha.
Sin más programa político que su eslogan “Mano
dura”, el general contrainsurgente promete aniquilar a las
maras y al crimen organizado sin más arma que su “carácter”,
su entrecejo fruncido, una gestualidad de mal fingida agresividad
y una voz demasiado meliflua para su propia conveniencia
Giammatei, el tercero
Después de un gobierno empresarial que no sólo avaló
una millonaria estafa a inversionistas en bancos controlados por
oligarcas, sino que además impulsó la “limpieza
social” como piadosa “obra del Señor”,
por medio del ministerio de gobernación y la dirección
de la Policía Nacional Civil, el partido en el poder, la
Gran Alianza Nacional (GANA), ha lanzado a su candidato presidencial,
Alejandro Giammatei, conocido por haber estado expuesto a la planificada
cobertura mediática durante el reciente asalto al presidio
de Pavón, en el que efectivos de las fuerzas de seguridad
realizaron un operativo de cerco y aniquilamiento, asesinando a
varios delincuentes y violando así las leyes vigentes, aunque
contando con el beneplácito de la ciudadanía, acosada
por la inseguridad que asuela las calles.
Sin más argumentos que “Llevar a Guatemala hacia arriba”
y “Que Dios bendiga a Guatemala”, este criollo autoritario,
simple, y de ideas tan cortas como sus palabras, es el candidato
oficialista para las elecciones del 9 de septiembre próximo,
y representa el continuismo de un gobierno que intentó privatizar
la educación pública y que se topó con un vigoroso
movimiento magisterial con el que hasta la fecha mantiene una conflictividad
explosiva.
Además, es un gobierno sobre el que también pesa el
reciente asesinato de los tres diputados salvadoreños al
PARLACEN y del chofer de éstos. Giammatei recibe el tercer
lugar en la intención de voto por parte de las encuestas.
Rigoberta Menchú, la cuarta
El cuarto lugar lo ocupa la candidatura de Rigoberta Menchú,
quien se está valiendo del partido que la diputada y activista
Nineth Montenegro logró construir con paciente esfuerzo,
y sobre cuya estructura Menchú incrustó a un grupo
“maya” llamado Winak, de factura coyuntural e instantánea.
Sobre ese grupo, la misma Menchú ha dicho que constituye
el núcleo para formar un partido exclusiva y excluyentemente
“maya” después de competir en esta elección
con Encuentro por Guatemala (EG), el partido de Montenegro.
La alharaca mediática que significó la candidatura
de Menchú, “por ser mujer e indígena”,
se ha visto disminuida por la rotunda negativa a apoyar su candidatura
presidencial, por parte de la Cumbre de pueblos y nacionalidades
indígenas de América Latina, recientemente realizada
en Guatemala.
Ese cónclave propuso a Evo Morales como candidato al premio
Nobel de la paz, un claro mensaje simbólico cuya versión
explícita fue la declaración de los participantes
en la Cumbre, respecto de que Menchú representa intereses
neoliberales y oligárquicos, y no los de los pueblos indígenas.
Esa afirmación, y otras similares que han expresado dirigente
indígenas guatemaltecos, se deben a que Menchú ha
venido trabajando para el actual gobierno oligárquico y neoliberal
en calidad de Embajadora de buena voluntad por los acuerdos de paz,
un puesto creado para ella con la intención de que la cooperación
internacional no interfiriera sino que colaborara con los planes
estratégicos de la oligarquía en el poder. Dichos
planes tienen que ver con la privatización de la educación,
la salud y otros servicios públicos.
Asimismo, Menchú ha sido cuestionada por su súbita
conversión en socia de Víctor González Torres,
dueño de la cadena de Farmacias Similares, de México,
firma de la que ella es impulsora y franquiciataria en Centroamérica.
En consecuencia, las izquierdas ven ahora a Menchú como una
candidata de la derecha, porque además es cosa sabida que
parte del financiamiento que tiene Nineth Montenegro para su partido
proviene de Dionisio Gutiérrez, propietario de la empresa
Pollo Campero y uno de los oligarcas de más tozuda ideología
neoliberal y con más poder económico en América
Latina.
El resto
La oligarquía, sin embargo, financia a todos los partidos
políticos. De modo que la miríada de candidatos sin
posibilidades de ganar pero que permanecen en la contienda, seguirán
buscando espacios pequeños de poder mediante alianzas con
los ganadores.
Entre los numerosos candidatos sin esperanzas de ganar se encuentra
Miguel Ángel Sandoval, de la URNG, el derechista Fritz García-Gallont,
los centristas Manuel Conde, Francisco Arredondo, Vinicio Cerezo
hijo, Luis Rabbé (candidato de Ríos Montt) y otros
más.
En vista de que las encuestas indican que lo más probable
es que Colom pase a segunda vuelta, ya sea contra Pérez Molina
o contra Giammatei, las expectativas de alcanzar cuotas de poder
mediante alianzas y traiciones de conveniencia inmediatista están
a la orden del día entre los tiburones y las sardinas, de
quienes se esperan intercambios de violencia durante esta turbulenta
campaña cuyo desenlace está todavía muy lejos
de vislumbrarse.
A la fecha, ningún candidato ha presentado un proyecto de
gobierno ni mucho menos un plan de desarrollo económico ni
de reorganización del Estado que pueda prefigurar una nación
moderna a corto, mediano y largo plazo. Por lo cual, la ciudadanía
consciente entrevé que la presente elección dará
lugar a otro gobierno en el que las influencias del narcotráfico
y del crimen organizado, que también financian varias de
las actuales candidaturas, seguirá marcándole el paso
al torpe poder oligárquico, con su saldo de violencia, ingobernabilidad,
corrupción y pertinaz atraso estructural. (Ciudad de Guatemala,
mayo del 2007). |