
¿Por qué fusiló Fidel Castro al general Arnaldo Ochoa? (III)
Manuel Antonio Noriega es el puente en las conexiones con el mar caribe y la ruta de la droga hacia Estados Unidos, aunque que no haya sido muy inteligente ni valiente que digamos.
Asegura “Popeye” que las amistades de su patrón, Pablo Escobar Gaviria y el general panameño, eran tan cercanas, que cuando el capo tiene que salir de Colombia, debido a la persecución policial, lo esperan en Panamá unas condiciones excepcionales para continuar administrando sus negocios.
Pablo se paseará como en su casa, bueno, como en su finca. En Panamá tendrá sus aviones y sus pilotos de mayor confianza, entre ellos Roberto Striedinger y el norteamericano Adler Barry Seal, con quienes seguirá moviendo droga hacia Estados Unidos.
Lunes 24 de marzo 2008
Berne Ayaláh
redaccion@centroamerica21.com
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Pero en esta gran aventura los hechos comenzarán a conectarse por medio de esos hilos que para muchos son inesperados aunque para otros muy bien planeados: Pablo Escobar Gaviria era amigo de dos líderes del movimiento guerrillero colombiano M-19, Iván Marino Ospina y Álvaro Fayad. Son ellos quienes le presentan a Federico Vaughan, un hombre vinculado a los asuntos políticos de Nicaragua.
“Popeye” asegura que fue Vaughan quien lleva a Pablo Escobar a Nicaragua y lo presenta con los sandinistas. Esto lleva a que Pablo se establezca en la ciudad de Managua para dirigir desde ahí sus operaciones de narcotráfico.
La periodista Astrid Legarda Martínez escribe esas y otras informaciones, luego de entrevistar a John Jairo Velásquez Vásquez, en el libro titulado El Verdadero Pablo/ Sangre, traición y muerte …
Los pormenores del narcotráfico y los asuntos políticos de la regiones centroamericana y caribeña son contados sin pudor alguno, al menos en apariencia. Asegura el lugarteniente de Pablo que éste llega a convertirse en un gran amigo de Daniel Ortega, por medio del cual recibe luz verde para el aterrizaje de sus naves aéreas en territorio nicaragüense.
Pablo se instala en dos bases principales: Panamá y Nicaragua. Pero Noriega, debido a las presiones norteamericanas debe dar muestras de que está haciendo algo en contra del narcotráfico y entrega los laboratorios de la selva del Darién.
Debido a esa operación dirigida por la DEA , Pablo Escobar se instala definitivamente en Nicaragua.
En medio de este capítulo sucede la captura en Miami de uno de los pilotos de Pablo, Barry Seal, quien retorna a Managua como agente informante de la DEA.
Un hecho puntual y delicado es el de las ganancias para la dirigencia, asegura “Popeye” que “Los sandinistas recibían de Pablo entre 500 y 1000 dólares por cada kilo, dependiendo del tamaño del embarque. Aparte de esto cobraban 200 dólares por el almacenamiento y custodia de cada kilo de coca.”
Es imprescindible observar el valor y la condición de “Popeye”, quien a la fecha de las entrevistas y publicación del libro de la periodista Astrid Legarda Martínez, estaba cumpliendo pena de prisión luego de haber sido condenado por el delito de narcotráfico. Toda información que brinde un testigo de un hecho en el cual él ha tenido que ver en calidad de autor o de cómplice, debe ser analizada con sumo cuidado y la sospecha que pesa sobre él, desde cualquier ángulo posible, es inevitable.
Las interpretaciones que él hace acerca del destino de la revolución sandinista, son un tanto ligeras y hasta cierto punto ingenuas o simplistas. Si hay algo relacionado estrechamente con el narcotráfico en los años ochentas del siglo XX, es la política gubernamental. No la política de combate contra el crimen sino los vínculos de ese crimen con los grupos de poder del más alto nivel y de forma generalizada, no sólo en Colombia sino en muchos países.
¿Entonces, hasta qué punto debemos creer en lo que nos dice “Popeye”? Todo depende de lo que otros testigos han dicho sobre el mismo hecho. Pero además, los criterios para admitir en todo o en parte o denegar en todo o en parte lo que alguien como él nos dice sobre un acontecimiento tan complejo, viene a ser lo mismo que ya hemos advertido en Norberto Fuentes: en sus puntos de vistas hay algo no contado, lo que se hizo de mano propia. Y dado el hecho mismo, todos aquellos que se atrevan a hablar sobre ello se verán en el mismo lugar: los cuestionamientos acerca de su parcialidad.
En el caso del piloto Barry Seal, la situación tiene otras connotaciones debido no sólo a su condición de ciudadano norteamericano sino a su conducta. La mayoría de operaciones dirigidas en contra del narcotráfico tienen un componente inexcusable: la infiltración por agentes encubiertos.
Vemos en esto una relación de correspondencia con lo que ya hemos dicho en otros capítulos, que la región abatida por las guerras era un caldo para el espionaje no sólo político sino del crimen al más alto nivel. Sumado a esto lo de los agentes encubiertos o informantes de la DEA vienen a confirmar esa tesis y a la vez la vuelve mucho más compleja.
¿Quién nos puede asegurar que Barry Seal no era desde antes un agente encubierto, que dio seguimiento a las operaciones de Pablo Escobar enrumbadas a las regiones centroamericana y caribeña? Nadie. Pero de igual forma, ya sea que él trabajase o no antes de su captura para la DEA , o que todo haya sido un teatro para encarar las siguientes operaciones, sí hay algo muy cierto: quienes seguían a Pablo Escobar sí sabían que tarde o temprano iba a tocar a Nicaragua y Cuba, y para ello iban a valerse de cualquier medio para descubrirlo o, inclusive, para provocarlo y montarlo en un gran espectáculo.
Tomás Borge, quien entonces era el Ministro del Interior en el gobierno de Nicaragua, niega las declaraciones del piloto Barry Seal. Y dado el inmenso apoyo de los norteamericanos a la Contra , y el asedio económico en contra de ese país, por parte de Estados Unidos, era muy difícil dar credibilidad a todo cuanto se decía sobre el hecho.
Es interesante recordar que la orden de captura librada por el juez norteamericano, Herbert Shapiro, no incluía a las personas de los comandantes sandinistas, aunque sí al mismo Pablo, sus cercanos y Federico Vaughan, quien, a juicio del piloto y de “Popeye”, fue el contacto con los sandinistas.
El asesinato del piloto Barry Seal, en el mismo territorio norteamericano, ejecutado por uno de los sicarios de Pablo escobar, Guillermo Zuluaga, apodado Cuchilla, es el hecho que supone la traición, se vista con anterioridad o con posterioridad a la captura del piloto. Es común morir en esas circunstancias cuando trabajas como agente encubierto o informante, y una regla de quienes te envían es negarlo todo, absolutamente todo.
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Los sueños de Pablo Escobar tenían el mismo tamaño que el de sus millones de dólares y si para los guerreros revolucionarios su dinero era importante, igual lo eran para él las armas de éstos.
“Popeye” asegura que su patrón tuvo un sueño que nunca pudo alcanzar: “…el contar con los misiles tierra-aire, Stinger , de fabricación norteamericana. Los busca en Nicaragua, Panamá, El Salvador, Miami, en los lugares donde ha habido guerra y donde los norteamericanos han llevado sus armas.”
Guerra y narcotráfico se ven fundidos poco a poco en un mar de enredos y ambiciones de las que ni los mismos norteamericanos podrán salir ilesos, quizá sea por eso que nunca hicieron algo en serio ni contra Nicaragua ni contra Cuba, en torno al narcotráfico, porque en el fondo no era esa su intención.
El poder bélico de Pablo Escobar estaba saliendo de lo permitido en el marco de los otros poderes terrenales. Sin embargo lo busca, y el dinero no importa, por aquella época un misil de tales características costaba en el mercado un aproximado de doscientos cincuenta mil dólares, el capo los tenía, pero hay situaciones en las que el dinero no es suficiente.
Las grandes potencias fabricantes de armas estratégicas tienen un control sobre esas armas, no sólo legal sino a través de los mercados negros, son a partir de esos terrenos donde ellos mismos pueden saber el destino posible que pueden tomar esas armas, es decir, son ellos quienes las venden por esos conductos para saber quién es el posible o real comprador. Nada extraordinario en el tráfico de las armas.
Las relaciones con Fidel Castro surgen, según el lugarteniente de Pablo Escobar, a partir de los vínculos con los sandinistas y la estadía en Nicaragua, y es a través de Iván Marino Ospina y Álvaro Fayad del M-19 que se establece la misma.
Asegura “Popeye” que Pablo y Castro nunca se conocieron personalmente, pero que sí sostuvieron comunicación por medio de correspondencia y terceras personas. Hasta asegura que él mismo puso una carta de Pablo en las manos del escritor Gabriel García Márquez para que se la entregara a Fidel.
Este es uno de los puntos menos creíbles en el testimonio de “Popeye”. Lo que se conoce de la figura altamente conspirativa de Fidel Castro, el manejo de sus agendas tan secretas, nos hace pensar que el hombre que ha estado casi cincuenta años en el poder de Cuba, dando órdenes en el oído de sus subordinados para que los otros no las escucharan, no podría haber cometido semejante descuido y entablar comunicación directa o por interpósita persona con un bandido como Pablo Escobar.
Una cosa es tener la hipótesis fundada de que Fidel haya sabido que sus subalternos tuvieran esas relaciones y que él las permitiera, y otra es que él mismo se haya involucrado de manera directa como jefe de Estado en un asunto tan delicado, esto último es poco creíble.
El nombre de su hermano aparece de forma más detallada. Se asegura que un sujeto apodado Cocodrilo viaja a Cuba con pasaporte falso y comienza a dirigir las operaciones en coordinación estrecha con Raúl Castro, quien al parecer es el hombre clave de la operación.
Lo mismo que antes se ha dicho respecto de Fidel, opera en torno a Raúl, con una pequeña variable: hay un dato que corresponde con lo manifestado por Norberto Fuentes y la hija del coronel de la Guardia.
Indica “Popeye” que la droga era embalada en condones, uniendo varios preservativos hasta formar un kilo, luego se envolvían con bolsas plásticas y se aseguraban con citas adhesivas. La droga salía del puerto Buenaventura, en Colombia, navegando por el pacífico hasta llegar a México. Aquí se producía el movimiento tantas veces mencionado: de este país era despachado para Cuba.
Es aquí donde los hechos comienzan a juntarse, al menos desde las perspectivas de los testigos: “Con el apoyo de las autoridades cubanas, los aviones procedentes de México no tienen problema alguno. Allí, los militares cubanos, al mando del general Ochoa y el oficial Tony Laguardia, bajo instrucciones directas de Raúl Castro, se hacían cargo de la mercancía, custodiándola para posteriormente embarcarla en lanchas rápidas, tanqueadas con gasolina por cuenta de los cubanos, con destino a los Estados Unidos, entrando por Cayo Hueso.”
Se asegura que los cubanos recibían dos mil dólares por cada kilo de droga transportada y doscientos dólares por cada kilo custodiado.
Asegura el lugarteniente del capo que los enlaces cubanos debieron viajar a Medellín, con pasaportes falsos y debido a su acento se les hacía pasar por costeños.
Es relevante que casi de forma unánime, los testigos, incluso el propio Fidel Castro, coinciden en los hechos, la variable se produce respecto de la autoría intelectual. Fidel le dice a Ramonet, en el libro ya citado, que en el momento cumbre de la investigación, cuando el general Ochoa ha sido sometido, se encuentra en poder del oficial Jorge Martínez una tarjeta de un hotel de la ciudad de Medellín.
“En el interrogatorio al oficial se le pregunta: ¿Qué significa esto? Y dice que había recibido instrucciones de Ochoa de viajar a Medellín y hacer contacto con Pablo Escobar”, dice Fidel, pero no sólo eso, sino que él mismo se pregunta y responde a la vez: “¿Porqué ocurre aquello? Porque él en Angola tenía mucha amistad con un oficial del Ministerio del Interior, representante de dicho organismo en ese país, y por éste se había enterado de algunas operaciones que estaba haciendo el hermano de ese oficial. ¿Quién era el hermano? Se trataba de los hermanos mellizos.”
Pero hay algo interesante en este menudo asunto: al leer la versión oficial uno percibe que el aparente artífice de la operación de narcotráfico era Tony de la Guardia , inclusive por encima de Arnaldo Ochoa. En este punto al menos hay coincidencia a medias con la hija del coronel. Todo apunta a su mando en MC y al general Abrantes, jefe del Ministerio de Interior.
De la misma manera que Fidel dijo a Ramonet que los militares cubanos involucrados en las operaciones de narcotráfico consideraban que lo hacían por la revolución, “Popeye” afirma, desde otro ángulo, que Pablo se impuso a las mafias mexicanas que querían que les pagara lo mismo que a los cubanos por el apoyo recibido “pues de antaño, simpatizaba con la causa de la revolución y quería apoyar a Fidel.”
Seguimos metidos en los asuntos de la revolución, el poder, las drogas, la infiltración a todos los niveles y un caso sumamente delicado y complejo, en cuya oscuridad estamos empeñados y empañados.
Primera Entrega:
¿Por qué fusiló Fidel Castro al general Arnaldo Ochoa?
Segunda Entrega:
¿Por qué fusiló Fidel Castro al general Arnaldo Ochoa? (II)
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