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Páginas luminosas:
Censura, libertad y disentimiento
Ernesto Sábato es el comunista enviado por el Partido a las Escuelas Leninistas de Moscú para evitar dudas y vacilaciones, es también el científico que abandona la ciencia para escribir ficciones, es el autor del Informe Sábato sobre los crímenes de la dictadura argentina, es el pintor “sobrenaturalista”, es el que se proclama “anarquista en el mejor sentido de la palabra”.
Ernesto Sábato es un hombre de 96 años, con un pensamiento, muchas veces amargo y rebosante de descreimiento, ha sido un referente moral para la sociedad argentina, y para sus lectores en todo el mundo.
Transcribimos un fragmento de la entrevista que le realizó en 1978 Odile Baron Supervielle, y que fue publicada en el periódico argentino La Nación. En 1990 fue incluida en la recopilación “Medio siglo con Sábato”.
Lunes 24 de marzo 2008
Redacción
redaccion@centroamerica21.com
Sobre el stalinismo
-En la Rusia del tiempo de Stalin, pasaba lo mismo (en relación a la censura)
-Con siniestra simetría en la Rusia estaliniana la prohibición de Kafka y Picasso era recomendada por los teóricos de la dictadura. En el primer número de esta revista Literatura Soviética, el critico Kemenov enjuicia al arte “burgués” como un triunfo del misticismo, la subconciencia y la paranoia, agregando: “Pasarán los años y las generaciones venideras que, al estudiar la historia de la cultura en la época del imperialismo, tengan que trabar conocimiento con la obra de Picasso y Sartre, de Henri Moore, Joan Miró y otros por el estilo, invitarán a un psiquiatra y no a un crítico de arte para que sistematice su producción. Pero hoy, para vergüenza de la humanidad, son aceptadas como grandes manifestaciones estas obras degeneradas de la pintura y escultura. El arte soviético se desarrolla por el camino del realismo socialista, genialmente definido por J. Stalin. Y ha sido este camino el que ha permitido a los artistas soviéticos crear un arte avanzado, íntegro, socialista por su contenido y nacional por su forma, en la grandiosa época stalinista”.
El arte supremo, el que se refiere el académico Kemenov es el de esos gigantescos cromos baratos que en los países “decadentes” se reservan para los almanaques. Quien haya tenido ocasión de ver una de esas telas de varios metros cuadrados en que desde un caballo blanco Stalin dirige una batalla, en que nunca participó, puede comprender a qué extremos de obsecuencia y pompierismo se puede llegar en un país totalitario. Además, conviene recordar que la lógica matemática también fue prohibida en el mismo periodo stalinista, lo que produjo un retardo enorme en el desarrollo de las computadoras.
-¿Qué otros campos abarca la censura en esa clase de regímenes?
-Lo sorprendente es que se extiende a aquellos dominios donde rige ese tipo de verdad que por su esencia misma es ajena a cualquier valoración ideológica: el teorema de Pitágoras vale tanto para un “putrefacto” país occidental como para una impecable sociedad soviética, y sería asombroso que selo impugnase por las opiniones políticas de su autor. Sin embargo, así se hizo en la Alemania Nazi donde se impugnó la teoría de Einstein como típica manifestación de la mentalidad judaica. Y así sucedió en la Rusia comunista cuando se proscribió la genética “burguesa”, como si los genes pudieran responder a os intereses de Wall Street. El profesor Zhebrak fue denunciado por Pravda (palabra que significa “verdad”) por haber declarado a la revista Science que muchos genetistas rusos apoyaban la doctrina mendeliana. Con ansiosa urgencia, la Academia de Ciencias Agrarias Lenin envió la siguiente carta a Stalin: “Usted querido Jefe y Maestro, ha ayudado a los sabios soviéticos a desarrollar nuestra avanzada ciencia materialista, que sirve al pueblo en todos sus trabajos y conquistas, una ciencia que expresa los ideales y los elevados propósitos del hombre en la nueva sociedad socialista“. Al mismo tiempo, la academia expulsó al fisiólogo Orbelli y al morfólogo Schmalgauzen, liquidó el laboratorio de citogenética y ordenó reescribir todos los textos de biología sobre la base de la doctrina oficial, doctrina que respondía a los postulados del materialismo dialéctico, pero que tenía un pequeño defecto: era científicamente falsa. En uno y otro extremo se mostró adonde puede conducir una ideología, dándole a esta palabra el sentido que varios filósofos le confirieron en el siglo pasado, entre ellos el propio Marx: un sistema de ideas que, bajo la apariencia de verdad absoluta, es en rigor un conjunto de relatividades que sirven a un estado, a una clase dominante, aun sector. Frente a tales funestos simulacros de la verdad, sólo puede reivindicarse la libertad del hombre para pensar.
Sobre la democracia
-Ernesto, ¿Cuáles son, a tu juicio, los rasgos esenciales de una sociedad totalitaria?
-La prohibición del disentimiento, la instalación del Partido Único, la abolición de la justicia independiente y de la prensa libre, el reemplazo del Parlamento por un circo como el que periódicamente se reúne en los países comunistas, son los rasgos esenciales de la sociedad totalitaria y los recursos mediante los cuales el hombre es reducido a la condición de engranaje. Así se implanta la paz de los cementerios. Inglaterra, los Estados Unidos, después –finalmente- Francia se establecieron sobre los principios enunciados por pensadores que habían recogido toda la experiencia de la historia, la buena y la mala, para evitar que el hombre pudiera ser el lobo del hombre, al menos en la medida de lo posible. Y sobre estos mismos cimientos nuestros fundadores levantaron la incipiente patria en estas provincias del sur. Con la inevitable corrupción que los ideales sufren cuando descienden del cielo platónico para ser puestos en práctica, hay que reconocer que el gran principio del disentimiento se ha prolongado hasta nuestros días como para permitir que el jefe del estado más poderoso de la Tierra haya podido ser acusado por un modesto y desconocido juez, y finalmente obligado a renunciar.
-La libertad y el disentimiento a los cuales te referís, ¿pueden únicamente funcionar en un régimen como la democracia ?
-Sí. A veces esos ideales se degradan en su ejercicio: la maldad y el egoísmo, la vanidad y el hambre de riqueza y la sed de poder ensucian y bastardean esos ideales. No ignoremos que la famosa Democracia baja a la democracia con minúsculas y por fin a la que debiera ser escrita entre comillas. Pero los regímenes absolutistas también están constituidos por hombres y, en consecuencia, están igualmente sujetos a la corrupción; con la diferencia que en ellos no hay forma de denunciarla y muchos menos de castigarla. Precisamente la democracia parte de la idea de que el hombre es el lobo del hombre y, para colmo, corrompible. Y sus principios están de tal manera ideados –a través de milenios de maldades- que tratan de evitar las peores atrocidades que se comenten cuando el engaño reemplaza a la verdad y la cárcel a la protesta. Esos famosos “tres poderes” y esa libertad de información son los instrumentos mejor concebidos para lograr que la más perversa de las criaturas vivientes haga el menor de los daños posibles. En suma, la democracia es precaria y a menudo despreciable, pero hasta hoy no hemos encontrado nada mejor para alcanzar las futuras comunidades a las que aspiramos.
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