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Los silencios de Mauricio Funes
Todos tenemos temas que nos resulta incómodo tratar; eso es un hecho. La sabiduría popular recomienda que no se mencione la soga en la casa del ahorcado, y también que la ropa sucia se lave en casa. Pero la sola evasión del tema, el silencio, presupone que en efecto hay un ahorcado o una ropa sucia en casa.
Lunes 31 de marzo 2008
Geovani Galeas
geovanigaleas@hotmail.com
No hace mucho, en su calidad de periodista, el actual candidato presidencial del FMLN era un especialista en acorralar a sus entrevistados contra las cuerdas de los temas incómodos, gran parte de su prestigió se fundó precisamente en esa capacidad. Ahora, cuando los periodistas le preguntan a él sobre Venezuela, Cuba, el aborto, su verdadero margen de autonomía frente a los comandantes del FMLN, las relaciones internacionales o las definiciones ideológicas precisas de ese partido, no solo evade o guarda silencio sino que, además, se irrita y regaña a los reporteros.
El sentido común comprende muy bien que un ciudadano cualquiera prefiera no hablar de aquello que pone en evidencia sus propias precariedades, o algunos pecadillos de su familia; incluso la ley estipula que nadie está obligado a declarar contra sí mismo o sus seres queridos. Pero si ese ciudadano me quiere vender un auto, y se niega a responderme si ese auto es robado, lo más seguro es que no se lo compre.
El ciudadano Mauricio Funes puede muy bien guardarse sus opiniones sobre los temas que quiera, pero el candidato presidencial no debe dejar sin respuesta a ciertas preguntas asociadas a la historia, la ideología y las relaciones del partido al que representa. Para justificar sus evasivas, Funes insiste en un pretexto sin sustento: esos temas no son del interés de los salvadoreños, afirma, como si esos periodistas fuesen suecos.
Pero no solo los periodistas exigen esas respuestas, ni solo los empresarios o los intelectuales. Es el electorado en general el que naturalmente, antes de emitir su voto, necesita saber con la mayor precisión los qué, por qué, cómo, con quién y cuándo. El votante moderado puede rechazar una posible cercanía con el gobierno de Hugo Chávez, o una posible adhesión a la despenalización del aborto. Pero para el militante histórico del FMLN, aquél que combatió y vio morir en la lucha a tantos de sus camaradas en pos del ideal socialista, esa cercanía y esa adhesión resultan consecuentes y hasta imprescindibles.
El silencio, que puede ser prudente y hasta necesario en el ámbito de los asuntos privados, se vuelve suicidas en lo tocante a la esfera pública. ¿Por qué no hablar clara y directamente sobre el proyecto socialista del FMLN, de su estrecha ligazón histórica con Cuba, del tantas veces y abiertamente expresado alineamiento con el coronel Chávez, de la exigencia feminista a la despenalización del aborto?
Schafik Hándal reivindicó siempre y en todo caso, con valentía y con orgullo, su filiación comunista, y pugnó con todas sus fuerzas por apartar del FMLN a quienes no lo eran. Así se ganó el indiscutible liderazgo en ese partido. En una muy curiosa inversión, pareciera que, para Mauricio Funes, lo valentía consiste en ocultar esa filiación como si la misma fuese un motivo de vergüenza.
Con su clara definición política e ideológica, Hándal no solo se agenció el cariño de la militancia del FMLN sino también el respeto de sus más férreos adversarios. ¿Qué ganará Mauricio Funes con sus silencios, sus evasivas y sus indefiniciones? Lo más seguro es que ni el cariño de los unos ni el respeto de los otros, por una razón muy sencilla, sabia y antigua: “Por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te abominaré de mi boca”.
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