Entonces llegó Fidel Castro, tomó el documento y lo puso frente a Carpio. “Fírmalo”, le dijo escuetamente. Carpio firmó, pero no sin antes exigir que se hiciera constar en acta que lo hacía bajo reserva y solo porque se encontraba en minoría absoluta. Fue entonces cuando recibió el otro golpe, el decisivo.
Lunes 7 de abril 2008
Geovani Galeas
(Novena y penúltima parte)
redaccion@centroamerica21.com
Cayetano Carpio se mantenía impasible frente al resto de dirigentes del FMLN, del sandinismo y de la revolución cubana. Nadie en esa reunión realizada en La Habana en diciembre de 1982, y no 1981 como por un error de digitación se dijo en la entrega anterior, quería una guerra prolongada en El Salvador. Más bien todos, incluyendo a los otros representantes de la dirección de las FPL ahí presentes, estaban de acuerdo en la necesidad de buscar una pronta solución política negociada al conflicto.
Eso, para Carpio, que había jurado “no negociar jamás sobre una montaña de cadáveres”, y vengar hasta la última gota de sangre de sus compañeros caídos en la lucha, era nada más y nada menos que una traición, un claro abandono del ideal revolucionario, y él no estaba dispuesto a claudicar. Tomando en cuenta su trayectoria, sus ideas y su personalidad, no se podía esperar otra cosa.
El documento consensado sobre la nueva estrategia del FMLN estaba sobre la mesa, y solo faltaba la firma del máximo comandante de las FPL, pero Carpio, impasible, guardaba un empecinado silencio mientras entrecruzaba los dedos de las manos y hacía girar incesantemente los pulgares. Todo estaba dicho, ya no había espacio para las argumentaciones. El silencio de Carpio era un muro que nadie de los presentes tenía la capacidad de saltar o tumbar.
Donde manda capitán...
Y entonces llegó Fidel Castro, tomó el documento y lo puso frente a Carpio. “Fírmalo”, le dijo escuetamente. Carpio firmó, pero no sin antes exigir que se hiciera constar en acta que lo hacía bajo reserva y solo porque se encontraba en minoría absoluta. Fue entonces cuando recibió el otro golpe, el decisivo.
Joaquín Villalobos redactó a vuelapluma y a mano una lista de diez puntos de compromisos operativos concretos, metió la página en un folder verde y se lo extendió a Fidel Castro. “Todos aquí tenemos suficientes antecedentes como para desconfiar de que se cumpla realmente el acuerdo asumido. Considero necesario que firmemos además estos diez compromisos específicos”, dijo. El resto de los reunidos aprobaron la moción.
Eso fue el colmo de la humillación para Carpio. “En apariencia estaba tranquilo, pero tenía el rostro lívido y hacía esfuerzos para que no se le notara que le temblaban las manos”, me contó Joaquín Villalobos muchos años después. Carpio se incorporó de su silla y sin decir una sola palabra caminó hacia los baños. “Yo creí que en ese momento se iba a matar”, me dijo Villalobos.
Entre otros, eran dos los antecedentes a los que Villalobos se había referido en relación a la desconfianza: el primero constaba en el informe de la reunión sostenida por del Comando Central de las FPL en agosto de 1981, y se relacionaba a los mensajes anti unitarios que Carpio había comenzado a difundir entre la militancia de las FPL, y en los que se advertía contra la línea de solución política negociada del conflicto y prácticamente se acusaba de traición a las otras organizaciones que conformaban el FMLN:
“La necesidad de disminuir la influencia de las FPL, no solo en el interior del FMLN, sino en el interior del proceso revolucionario salvadoreño para de esta manera encontrar fórmulas de agrado de la burguesía interna e internacional, y eventualmente también del imperialismo, y que esta no sea una revolución profunda y verdadera, sino una revolución moderada de acuerdo con los criterios de la burguesía (...) Ese es el fondo de clase que está en juego en este momento en el país, en el proceso revolucionario y al interior del FMLN”.
Sobre el punto, y desde su propia perspectiva ideológica, Carpio no estaba diciendo una mentira. Cuatro meses antes de que ese informe del comando central de su organización fuera elaborado, los jefes del ERP y de la RN, Villalobos y Fermán Cienfuegos, habían participado en una reunión del Comité para América Latina y el Caribe de la Internacional Social Demócrata, realizada en Panamá, y ahí habían lanzado, por primera vez, la solicitud de una mediación internacional para resolver políticamente, mediante una negociación, la guerra salvadoreña.
Pero no solo eso. Inmediatamente después, Fermán Cienfuegos había declarado públicamente que la RN se consideraba “el brazo armado de la social democracia”, y junto a Villalobos había renegado del empeño de construir en El Salvador una dictadura del proletariado, poniendo en su lugar el objetivo de construir una república democrática con el concurso de todos los sectores progresistas del país.
El segundo antecedente era un hecho concreto. La solicitud de la mediación internacional había tenido eco positivo en Europa. El partido social demócrata alemán había designado, casi de inmediato, a Hans Jurgen Wishnewski para comenzar las gestiones necesarias. El intermediario viajó a San Salvador para hacer la propuesta al presidente José Napoleón Duarte. Pero este lo recibió con una sorpresa sumamente desagradable.
“Yo no dudo de que ustedes en Europa tienen buena intención para ayudarnos a resolver este conflicto interno”, le dijo Duarte, “pero los guerrilleros se están aprovechando de la buena fe de ustedes, los están engañando vilmente”. Wishnewski alegó que el mismo y las fuerzas políticas que representaba estaban convencidos de la sinceridad de los revolucionarios. Duarte sacó de una de las gavetas de su escritorio un documento. “Lea esto”, le dijo a Wishnewski.
Era un documento interno de las FPL en el cual se afirmaba que la mediación internacional solo era una táctica para ganar espacio político mientras la guerrilla avanzaba militarmente, lo cual era el verdadero y único objetivo, se decía. Al respecto, en su libro La reforma pactada, Salvador Samayoa, que fue miembro de la Comisión político diplomática del FMLN precisamente en representación de las FPL, se refiere en los siguientes términos a ese incidente:
“El líder más duro del FMLN en ese momento, Salvador Cayetano Carpio, filtró un documento interno en el cual se afirmaba que, para los insurgentes, la mediación internacional no era más que una maniobra táctica. El documento llegó a manos de Duarte y le suministró una argumento inobjetable para rechazar la propuesta de Wishnewski”.
Desconcertado y quizá enfurecido, Wishnewski viajó a Managua en donde, según supe, se negó a recibir a dirigentes del FMLN que se proponían darle las explicaciones del caso. Lo habían hecho quedar en ridículo sencillamente, ya no podía confiar en ellos y se fue directo a La Habana para poner la queja a Fidel Castro. Samayoa lo narra a su manera:
“El alemán se sintió traicionado y viajó hacia La Habana para conferenciar con los dirigentes cubanos. . Preocupado por la incómoda situación, Fidel Castro envió un emisario a México para prevenir al liderazgo del FMLN sobre el incidente. Los diplomáticos rebeldes pidieron disculpas a Wishnewski y le expresaron, de buena fe, que desconocían la existencia del polémico documento. Las gestiones continuaron pero la iniciativa fracasó”.
Todo ello jugaba en contra de Carpio en la citada reunión de La Habana, y aunque es evidente que el peso de Fidel Castro fue decisivo, lo que seguramente más le dolió a Carpio fue comprobar que los otros dirigentes de su propia organización, en representación de la comisión política y del comando central de las FPL, se alineaban con sus adversarios.
En esas condiciones le quedaban muy pocas alternativas. Su situación era tan desesperada que muy bien, como había vislumbrado Villalobos, podía optar por el suicidio. O como lo han sostenido hasta ahora los dirigentes de las FPL, por el crimen.
(Lea en la próxima edición la última entrega de esta serie).
.
(Continuará)
VER COMENTARIOS SOBRE ESTA NOTA
Lea también:
Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática (Primera entrega)
Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática (Segunda entrega)
Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática (Tercera entrega)
Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática (Cuarta entrega)
Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática (Quinta entrega)
Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática (Sexta entrega)
Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática (Séptima entrega)
Las FPL, una guerrilla enorme y poderosa, sectaria y dogmática (Octava entrega)