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El carisma en la política

Según diferentes diccionarios de religión y política, “carisma” es una palabra de origen religioso que significa: “don de la gracia divina”, o “cosa libremente dada”. Proviene de la palabra latina charisma y ésta a su vez, de un vocablo griego que significa “gracia” o “beneficio”.


Lunes 7 de abril 2008
Juan Ramón Medrano

redaccion@centroamerica21.com

 

Monseñor Oscar Arnulfo Romero

Antecedentes históricos y concepto

Mucho antes del monoteísmo cristiano, ya existía en los pueblos primitivos la idea de “carisma”; por ejemplo, el brujo primitivo era considerado un hombre carismático, diferente del hombre corriente. En la Biblia fue usada por San Pablo en el Nuevo Testamento, para designar los “dones espirituales” que aparecían después de la conversión al cristianismo. Pero el concepto sociológico clásico moderno, fue formulado por Max Weber, para quien el carisma es considerado como un don , una capacidad extraordinaria que posee el líder, a diferencia del carácter sacro o de racionalidad de una función.

En palabras de Weber en su obra titulada, The Theory of Social and Economic Organization: “El termino carisma será aplicado a cierta cualidad de una personalidad individual, por una virtud de la cual destaca de los hombres comunes y es tratado como si tuviera poderes o cualidades sobrenaturales, sobrehumanos o, por lo menos, específicamente excepcionales.” Luego nos plantea, que el carisma puede ser temporal; y que cuando este comienza a desvanecerse, el caudillo tiende a convertirse en el tradicional hombre fuerte . Pero, claro, hay que diferenciar al líder carismático del vulgar dictador de turno, que en Latinoamérica, los ha habido por montones.

Líderes carismáticos

En la historia del recién pasado siglo XX, abundan las personalidades políticas históricas, -consideradas buenas o malas-, que fueron carismáticas. Como ejemplos, podemos citar a Hitler, Mussolini, Lenin, De Gaulle, Churchill, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial; Kennedy, Perón, Fidel Castro, el Che Guevara, más recientemente.

Shafik Hándal

En la actualidad, el presidente venezolano Hugo Chávez, es uno de los más controversiales líderes carismáticos de América Latina; además está Fidel, por supuesto, quien a pesar de encontrarse en malas condiciones de salud, sigue orientando al gobierno y la opinión pública de los cubanos.

Muchos consideran a Chávez, como el sucesor natural de Fidel, en el liderazgo revolucionario latinoamericano. Pero hay enormes diferencias de carisma y capacidad. Fidel, a pesar de las sucesivas crisis provocadas por el bloqueo norteamericano, el derrumbamiento de la ex URSS y los planes económicos erráticos del gobierno cubano, se ha mantenido como el líder carismático querido por unos y odiado por otros.

Eso ha sido así, hasta este momento, en el que está muy cerca de su muerte. Mientras que Chávez, a pesar de haber seguido en muchos aspectos la receta cubana de control de los medios de comunicación, creación de Comités de Defensa de la Revolución , control policiaco del aparato estatal, y hacer discursos que duran varias horas, esta perdiendo rápidamente su carisma, el apoyo popular y el control político de Venezuela.

Por eso, a pesar del poder que le confieren los miles de millones de dólares provenientes de las entradas de la venta del petróleo, Chávez no logra mantener los altos niveles de popularidad con que inicio su gobierno; y lo que es peor, va a tener que recurrir a mayores niveles de represión para mantenerse en el poder. Todo apunta a que Latinoamérica –para bien o para mal-, muy pronto se va a quedar huérfana de liderazgos carismáticos, pues por ahora, no ha despuntado un nuevo líder revolucionario de la talla de Fidel Castro.

Líderes carismáticos en la historia de El Salvador

Napoleón Duarte, ex presidente de El Salvador

Para efectos prácticos, en este artículo me voy a referir a los líderes carismáticos salvadoreños propios de los momentos de crisis político social o conflicto recién pasado. José Napoleón Duarte, Roberto d´Aubuisson, Schafik Hándal y Monseñor Romero, son según mi criterio, los más representativos de las últimas décadas del siglo XX.

Duarte, en la década de los años setentas fue apoyado por toda la oposición; poseía una enorme capacidad oratoria, valentía para arriesgar la vida en su quehacer político, clara vocación de poder y el carisma suficiente para generar una gran cantidad de seguidores. Pero en la siguiente década, tuvo la oposición de las fuerzas de izquierda, tanto de la guerrilla, como del movimiento popular; pues en los años ochentas, su partido, el PDC, sustituyó al PCN en la alianza con los militares y participó del plan contrainsurgente, impulsado por los norteamericanos y sus secuelas de represión contra el movimiento popular.

Roberto D'Aubuisson, querido por la derecha, como su máximo líder, fundador del partido ARENA; y odiado por la izquierda, por considerarlo uno de los principales fundadores de los escuadrones de la muerte. Dotado también de una gran capacidad de oratoria, liderazgo fuerte y decidido en los momentos políticos más difíciles; tenía además, el carisma necesario, para generar simpatía y producir una gran cantidad de seguidores.

Schafik Hándal, el dirigente histórico más importante del partido FMLN, principal dirigente del PCS, uno de los principales fundadores del FMLN histórico, era buen orador, valiente luchador social, con el carisma necesario para asumir el liderazgo del FMLN –partido político-, desde la década de los años noventas, hasta el 2006, año en que murió. También jugó un papel destacado en la negociación de los Acuerdos de Paz, firmados el 16 de enero de 1992.

Roberto d'Aubuisson

Y Monseñor Oscar Arnulfo Romero, que por su papel de líder religioso, más que social, es quien presenta la más fuerte manifestación de carisma personal. Con su oratoria, en las homilías dominicales de la iglesia Catedral de San Salvador, mantenía prácticamente hipnotizados a sus fieles; él, más que ninguno, estaba convencido de que sería asesinado, por mantener su papel de pastor, de denuncia constante de los crímenes y la represión, en los últimos años de la década de los setentas y primeros meses de los años ochentas, hasta el día de su asesinato, el 24 de marzo de 1980.

De todos, es Romero, el salvadoreño universal, el que trascendió la política interna salvadoreña y pasó a los anales de la historia mundial, con su proceso de canonización. Su carisma ha continuado después de su muerte, fenómeno que se refleja en la enorme cantidad de católicos que aseguran que Monseñor Romero ha obrado milagros en sus vidas.

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