
¿Por qué fusiló Fidel Castro al general Arnaldo Ochoa? (VI)
En el sexo están las claves de tu llegada a las cúspides donde ríen los dioses, de donde igual puedes bajar de romplón. Al lado no faltará una maleta repleta de dinero, un amigo que será tu enemigo, el compañero, el “comandante en jefe” que no dudará en dar la orden para que te frían a balazos, porque eres más joven y valiente que él, después le dirá al mundo que eres un traidor, o menos que eso, un bandido. No hay drama, es la vida cuando sangra desde las tinieblas del poder.
Lunes 14 de abril 2008
Berne Ayaláh
redaccion@centroamerica21.com
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El seguimiento de la contrainteligencia cubana se traba, es el escritor Norberto Fuentes quien se da cuenta, o en mejor término, quien ve con mayor dulzura la enorme piedra que se avecina sobre el cuello de sus amigos. Los meses de mayo y junio de 1989 son el comienzo de un final sustancioso para los cuerpos militares y los grupos de poder en la Isla, Raúl y Fidel estarán cortando cuerda y picando a cuchillo limpio.
Los rumores son inevitables a la hora de la conjura, siempre hay alguien que sopla fino y mira hacia el otro lado, alguien te avisará, no importa los motivos que lo muevan. Ahí es donde aparece Alcibíades Hidalgo, un agente de inteligencia que camina en el jardín donde nunca han de pastar los héroes y que como los buenos agentes saben, al igual que los gatos, que cuando pones una mina de cara al cielo, debes taparla muy bien, porque es el eufemismo de una cagada.
Son las once de la noche con veintiún minutos del día veintidós de mayo de 1989. Suena el teléfono de la casa del escritor. Nadie llama a esa hora de la noche en Cuba, concluye el hombre y él lo sabe más que cualquiera. Lleva los mismos años de la revolución metido de cronista en cuanta operación secreta ha realizado la fuerza de tarea cubana desde África, Asia, Europa y América, incluidos sus pueblos, islas, ciudades, amigos, enemigos, puteríos y Casas Blancas. Y lo secreto debe ser entendido en su dimensión ilícita, como sólo puede ser entendido el trasfondo de lo secreto.
Los nexos del escritor con los hermanos De la Guardia, pero especialmente con Tony, te acarician el oído, hablamos de amistades peligrosas con el comando conocido como “el Siciliano”. Ya hemos dicho, y siempre es bueno repetir: no hay revolución sin muertos, los de su propia mano, o sea, sin sus matarifes.
Tú dibujas el plano de los hermanos Castro, allá arriba, y a su alrededor, como en un remolino de oídos y ojos, los servicios de la inteligencia del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, MINFAR, bajo el control de Raúl por supuesto; el Ministerio del Interior, MININT, a cuyo cargo están las operaciones secretas del extranjero, incluidas por supuesto las de MC, bajo el mando del general Pepe Abrantes; la contrainteligencia y los otros servicios paralelos del espionaje pisando talón, en el control absoluto de Fidel que todo lo ve y lo toca.
A Tony de la Guardia le gustaba que le llamaran el Ranger, y cómo no le iba a gustar, mire usted la humilde hoja de vida del jimagua:estuvo metido en toda el África moviendo armas desde los años setenta, le metió armamento soviético a Saddam Hussein, pero antes, allá por el año 1979 ha estado muy cerca de Edén Pastora, el comandante Cero de la revolución sandinista y ha sido su artífice, ha trabajo detalladamente el plan de ataque de los sandinistas a Managua y participado activamente en él, claro simulando ser un español, ha estado antes en Chile con el comando cubano, y también se ha metido bien adentro en el territorio de los gringos, en todos esos casos hay ejecuciones sumarias, por supuesto, en el nombre de la revolución, todo lo demás está en esas películas de James Bond, “el Siciliano” es una novela latinoamericana donde, el bohemio “una noche, como un loco, mordió la copa de vino”.
Las operaciones secretas de compra y venta de armas y de tecnología son los negocios más lucrativos del mundo y él, Tony, “el Siciliano”, es el rey. El hombre ha tocado los fondos y nadie medianamente inteligente puede pensar que el jefe de jefes no sabe lo que su ranger hace desde hace treinta años.
Por mucho que veamos al presidente del tribunal y al fiscal del caso Ochoa, devanarse y hablar de los jóvenes del mundo que son envenenados con la droga y lloriquear en el nombre de la revolución, uno no se le traga, es decir, seamos claros: el cuadro es repugnante. Y sabe porqué,pues porque ahí, en ese caldo dimos nuestros primeros pasos y una que otra gota de sangre, por esa revolución soñada que aquí adentro de estas venas envenenadas de odio y amor bailaba rumba y guaguancó. Aún, como se dicepor ahí, con la bolsada en los pantalones, le metimos candela, hoy sabemos que comprenderla es mucho más doloroso que morir por ella.
El alma calada que arrastramos a cuestas, tiene en su haber ese rebufo de los cañones y de las criaturitas que las esgrimieron, allá donde las estrellas jugueteaban en las profundidades del mar. Nunca volveremos a ser los mismos, y todo porque a uno de ellos se le ocurrió poner un libro en nuestras manos y abajo una pistola relumbrosa. Saber es un crimen, si eres izquierdo.
Estamos claros, el Tony no era ningún sencillo, pero no es Fidel, no se manda solo. Claro como el agua. Pero y entonces uno se pregunta: ¿Quién coños es el hombre fuerte de la droga en todo ese jueguito?
Popeye, el lugarteniente de Pablo Escobar no tiembla en decir: Raúl Castro. Norberto Fuentes, aunque con una delicada pluma, abundante en descripciones eróticas donde salen volando las vaginas y las pingas, dice: “Raúl mandaba a buscar de vuelta a Ulises para que Fidel no sospechara que lo enviaba en realidad para ver si había sido detectado. Si sus operaciones coordinadas de bombardeo de droga a la altura de Varadero habían sido detectadas. No sólo por los yanquis. Sino también por los batallones radiotécnicos de la fuerza propia.”
Este asunto aparece ahí, como papa caliente, en el mismo día que Fidel se dirige a inaugurar una obra de la revolución, aunque en verdad está socando los nudos de su operación, va tras Pepe Abrantes para formular las preguntas que tienen que ver con Tony de la Guardia, pero su hermanito Raúl está que le truena el Guaymango, pues no sabe cuál es la jugada de Júpiter. Y una cosa más: cuando Fidel se levanta pensando en preguntarle a alguno de sus subordinados que cómo es que está el asunto del robo de yates de lujo que Tony realiza con sus amigos “gusanos” y otras especies, en las playas de Miami, sí, Miami, y que luego son llevados a la isla para ser utilizados en el sistema de turismo, usted sabe que ese hombre es un cazador y que hay alguien que será cazado.
Debo hacer un paréntesis, porque de pronto al lector se le puede ocurrir que cómo es que esto está sucediendo en los meses de mayo, junio y el dramático julio de 1989, el mismo año en que, como hormigas arrastrábamos semana a semana, toneladas de armas para montar la ofensiva sobre San Salvador.
La respuesta es simple: éramos demasiado jóvenes, y a la hora de reparar en todas esas minucias que estuvieron en nuestras manos, uno se da cuenta que se está haciendo viejo, y que ese signo aterriza casi siempre como un avión de guerra, repleto de dolor y de los espacios vacíos donde antes estuvieron las bombas. No hay malicia en el asunto pues no teníamos ni edad ni poder para saber maniobrar con una noticia como esa. Nuestros máximos comandantes sí. Eran los portadores del monopolio de la información, aunque muy pocos solían ser inteligentes.
En 1988 yo estaba en La Habana y conocí a un grupo de jóvenes africanos, algunos militares y otros al parecer corredores de cien metros con obstáculo, dado su origen tribal, en muchos casos, y su habitual conducta, uno podía darse cuenta de que no había diferencia, todos eran iguales: ellos se la pasaban persiguiendo los gatos del tejado para meterlos en un jarro y hacerlos en sopa, mientras los instructores cubanos trataban de hacerlos reconocer a los enemigos en las cuadrículas de una carta de la región del Ogadén. Es la cosa, caballero, me dijo un compañero de la inteligencia cubana, somos los que estamos ganando esa guerra, esos negros no se saben fajar.
Muy cierto, eran los miles y miles de soldados cubanos, al mando de un general mulato, más alto que Fidel, quien se pavoneaba como sólo dos generales lo han hecho en las guerras del África: Bernard Law Montgomery y Erwin Romell, y conste que sólo uno de los tres salió invicto y vencedor en dos largas guerras; Arnaldo Ochoa Sánchez, conocido entre los suyos como El Griego, apelativo que no pudo soportar Raúl, por no tener la imaginación suficiente para saber los nexos con Alejandro Magno.
Los caballos duermen de pie, si es que duermen, ya no digamos si son caballos de guerra, pero igual, todos se vuelven viejos si no mueren en la batalla. Y eso es peligroso para los nuevos caballos, si además te gusta jugar a diario con gajos de mujeres, sabes reírte de todo y ves al caballo viejo y cansado que ya no tiene mucho que opinar, no al menos en lo tuyo.
Pero en lo que estaba: éramos demasiado jóvenes y una cosa de mayor peso, nuestros mandos jamás participaban esas informaciones, ni que fueran tan pendejos. Fíjese usted, en el mes de julio, o mejor dicho entre julio y septiembre de 1989, realizamos una gran cantidad de operaciones de contrabando de armas desde San Salvador hacia el cerro de Guazapa, aunque le suene ilógico, armas de San Salvador encaletadas que después iban a entrar a esa misma ciudad, pero claro, esgrimidas por las tropas guerrilleras. La revolución tiene ese perfil de espejo roto.
El auto pasaba por la carretera Troncal de Norte, superando con audacia todos los retenes del ejército, luego era introducido en una hacienda llamada Arrazola, y ahí destazábamos las caletas y sacábamos las armas, dentro de ellas comenzaba a llegar un lanzagranadas conocido como M-26, al que nosotros le llamábamos el Madroñito, de fabricación cubana.
Y el general Ochoa estaba muriendo, o había muerto, al igual que los otros militares cubanos, y estoy seguro, casi nadie lo supo en el frente de guerra. Nosotros teníamos nuestra revolución pendiente y a unos cuantos meses para reventarla.
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Entonces comienza el traqueteo. El Norberto debe verse con su amigo Tony de la Guardia para juntos averiguar qué es lo que está sucediendo o qué es lo que se avecina. Pero entre esas palabras raras que suelen escasear en los encuentros de la inteligencia (a veces una mirada basta), el asunto es que supuestamente Raúl le manda a decir al escritor que quiere que se aparte de Tony y la otra gente, que no quieren hacerle daño a él. El escritor habrá de decidir con quién se queda.
Veamos en detalle esto: ¿Es posible que un comandante de alto rango, el segundo de ese entonces en la isla, te mande a decir algo así? Sí, lo es, aunque no lo parezca. Todo depende de a quién va dirigido el mensaje. Norberto no es cualquier escritor, es el escriba oficial de la historia de las operaciones secretas de la revolución cubana. Los conoce a todos, mejor que nadie en este mundo. Entonces, si es así, además de haber sido amigos, es posible que tal mensaje haya sido dado. Norberto lo asegura.
La cosa es que el nombre del general Ochoa es mencionado en el momento, y el agente habla que es el objetivo claro, lo demás es, por así decirlo, la carnada. Lo grave del asunto es que no se menciona ningún detalle de droga hasta ese momento, al menos con relación al general.
Pero hay un hecho que marca la complejidad del caso: mientras Norberto y Tony juegan a las escondidas, huyendo del seguimiento de los espías de Fidel y de Raúl, hablando en clave en sus apartamentos y en los autos, pues saben bien que están siendo escuchados, se produce la primera y secreta detención del general Arnaldo Ochoa, que es llevado directamente al despacho de Raúl. Esa conversación mostrará cuál es el significado de ser llamado “el Griego”.
Mientras tanto, hay un error en el emisario, Norberto. Después de escuchar a uno o dos funcionarios del alto rango del gobierno, afirmar que si la revolución no se apoyara en los negocios sucios con los criminales de Miami o de donde coños fuera, cómo le iba a hacer la revolución para salir adelante. Entonces es que se confía y piensa que Tony no debe tener ningún problema, pero de ser así por qué los andan persiguiendo. Algo falta por encajar.
Y eso que falta es lo que Raúl está tratando de hacer a espaldas de Fidel, aunque éste que es un zorro ya lo sabe, y aún más, está al acecho de todos.
Norberto recuerda sus días de amistad con el segundo de la revolución, al que por demás se sabe le gusta el ron como el agua a los peces y que con facilidad se despacha seis botellas en una sentada. Algo que siempre se nos negó en las filas a pesar de que todos nuestros oficiales de la guerrilla que fueron a la Unión Soviética, no sólo regresaron hablando ruso sino sudando vodka y gritando aquel verso del poeta salvadoreño Ricardo Castrorivas: “¡Y gritar a todo mundo con descaro; pura mierda el gobierno, viva el guaro!”
Entonces, digo, el Norberto, que es todo un malditazo, recuerda las operaciones cubanas antidrogas y ese viejo jueguito de agarra por aquí para joder a la competencia y dejar pasar por allá para ayudar a los amigos, y al ver que su amigo Raúl, se va poniendo melancólico y chapudo, y que es el momento en que se pone hablantín y llorón, y el escritor, aunque no lo dice, pero cómo no pensarlo, que sabe lo que viene, le sigue destapando las botellas al comandante, hasta que se da esta que es su versión testimonial de primera mano:
“Fidel dice que este es un asunto que debe hacerse con mucho cuidado, con mucho tacto”,dice Raúl y todavía más, “Fidel dice que, en definitiva, todas las guerras coloniales en Asia se hicieron con el opio. Entonces nada más justo que los pueblos devolvamos la acción, como venganza histórica”.
Bueno, para no hacerla larga, ahí tienen en especie un monto equivalente a los mil millones de dólares, y eso que es sólo de recogidas, digamos que de pepena. ¿Qué van a hacer con la droga? Por hay va la cosa. Hay que darle un uso, ¿no? Pero hay un problema: los gringos.
La droga es almacenada en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgico, por sus siglas CIMEQ. Aquí es donde se cruzan los detalles. Resulta que algunas estructuras de la Dirección General de Inteligencia que eran utilizadas para proveer ciertas instancias de gobierno, estaban a cargo del coronel Tony de la Guardia, a través del departamento MC, que se movía con las mafias de Floridaa través de mecanismos muy propios del contrabando para suplir las necesidades de la revolución.
Es el mayor Antonio Pruna del MININT que estaba al frente del CIMEQ, quien confiesa: “Toda la droga la están negociando con los checos. Por ahí la están sacando. Si a los yanquis se les ocurre nada más que hacer un sondeo en la escala de uno de esos aviones de vuelo regular a Praga, la que se va armar.” El mayor intentó escapar con Norberto de la isla pero días después fue asesinado por su propio hijo, de una ensarta de puñaladas. La versión de la revolución es que el muchacho, con veinte años entonces, era esquizofrénico. Vaya qué casualidad, la esquizofrenia es, al parecer, la enfermedad predilecta de las revoluciones.
Pero el Tony de la Guardia, el ranger, como que se ha quedado mudo, no cree nada de lo que está pasando, todas esas instituciones, Fidel a la cabeza por supuesto y cuanto tramposo mediocre asume línea en lo que se ve venir, se pone a arreglar su jardín lleno de orquídeas. Muy raro ¿no?, pero es cierto. Es el asunto más sublime de esta purga: el guerrero planta un jardín mientras sus compañeros planean su ejecución.
Y el general, vaya, que aún no llega su tiempo, por hoy basta decir que no quieren que le haga más a las orgías y a las fiestas esas de Sodoma y Gomorra, donde ha pasado por las armas a varias mujeres de distinguidos oficiales, y hasta a una hija del Che. Pero la causa parece ser otra: que se crea mejor estratega militar que Fidel. Eso jamás se le perdona a un cubano.
Primera Entrega:
¿Por qué fusiló Fidel Castro al general Arnaldo Ochoa?
Segunda Entrega:
¿Por qué fusiló Fidel Castro al general Arnaldo Ochoa? (II)
Tercera Entrega:
¿Por qué fusiló Fidel Castro al general Arnaldo Ochoa? (III)
Cuarta Entrega:
¿Por qué fusiló Fidel Castro al general Arnaldo Ochoa? (IV)
Quinta Entrega:
¿Por qué fusiló Fidel Castro al general Arnaldo Ochoa? (IV)
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