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Profesión u oficio: ama de casa (I)
Bernarda:
Aquí se hace lo que yo mando.
Ya no iras con el cuento a tu padre.
Hilo y aguja para las hembras.
Látigo y mula para el varón.
Eso tiene la gente que nace con posibles.
La Casa de Bernarda Alba,
de Federico García Lorca.
Lunes 14 de abril 2008
Krisma Mancía
Redaccion@centroamerica21.com
A través de las décadas persisten costumbres devastadoras para el crecimiento y desarrollo que debe tener el papel de la mujer dentro de la sociedad salvadoreña. En pleno régimen franquista, en España se dio a conocer la flamante "Economía doméstica para bachillerato y magisterio" y la Sección Femenina, siendo un parámetro para la educación de las jóvenes en ese momento. Evidentemente ese texto rebalsa de reglas a las cuales las mujeres deben acatar para ser unas buenas esposas.
Después dicen qué de dóndese saca el origen del machismo sistematizado y racionalizado, y no me cabe duda que al plasmar en papel un pensamiento milenario y que al enseñarlo en las escuelas se logró un alto nivel de seguimiento tradicional a favor de los hombres y en desventaja de las mujeres de esa época. Valores que llegaron al continente americano, se posaron en nuestro país y germinó en el suelo fértil de nuestra sociedad. Una sociedad que, vergonzosamente, sigue inculcando esos lineamientos bajo la denominación de “buenas costumbres”.
Vale aclarar que esas costumbres, hartamente ofensivas, se aplican a las mujeres salvadoreñas en diversos modos y presiones, en diferentes círculos sociales y en diferentes situaciones, y que muchasveces se presentan con disfraces astutos y sutiles.
Uno de los disfraces favoritos es la utilización de la partícula “de” entre los apellidos de la mujer que contrae su nuevo estado civil. Sutil y con su significado discriminatorio y excluyente. ¿Por qué cambiarse los apellidos, la identidad, el pasado, la historia familiar y social que expresa sus apellidos? ¿Acaso no es más molesto saber que en la Sección Femenina dicta: “Cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula ‘de’, seguida del apellido de vuestro marido. Así: Carmen García de Marín en España se dice de Durán o de Peláez. Esta fórmula es agradable, puesto que no perdemos la personalidad, sino que somos Carmen García, que pertenece al señor Marín, o sea, Carmen García de Marín.”? Después no se anden quejando de que, en efecto, digan que una mujer casada es propiedad de su marido. No se incomoden en decir que no son objetos, que se les ha comparando con animales de carga a las cuales mantener y utilizar. Seguro que la señora “de” Marín se siente bien al saber que es elegante, agradable y con mucha personalidad al ocupar el apellido de su marido de ese modo. Además se sentirá feliz al saber que existe discriminación ante el apellido de su propia madre. O sea, está rechazando el apellido materno, quizá por valorar la vida desu progenitora tan insignificante como ella lo es y lo será.
Después sigue otro motivo de agresión al género femenino que viene escrito en el Documento Único de Identificación (DUI). Increíblemente muchas mujeres inteligentes y con formación académica, ya sea formal e informal, se ubican como profesionales de la limpieza y el cuido hogareño, o simplemente en el oficio de ser amas de casa. A esto le agregamos que por sus servicios no recibe mayor pago económico más que un techo, comida y a lo mejor su marido (¿o será su amo?) le dará algunos regalitos ocasionales, le comprará ropa, maquillaje y zapatos para que este presentable antes sus amistades y ante la sociedad. Eso sin contar el rol de amante que destacar en las noches y que se subraya de la siguiente manera: “En cuanto respecta a la posibilidad de relaciones íntimas con tu marido, es importante recordar tus obligaciones matrimoniales: si él siente la necesidad de dormir, que sea así no le presiones o estimules la intimidad. Si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar. Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes”. ¡Y no te quejes! Un buen consejo para acumular histeria y descargar todas las frustraciones en los hijos y, sobre todo, recayendo el mismo modelo de sumisión en las hijas.
Para las buenas costumbres no importa ser violada física, emocional y moralmente, ni tampoco recibir humillaciones hacia su inteligencia y hacia su potencialidad. Su profesión u oficio de ama de casa le impide obtener por sus propios meritos los logros estimados para una buena autoestima, avances personales en su crecimiento como ciudadana y se le impide gozar de ser humano con aspiraciones. Amas de casas invisiblemente encadenadas en la cárcel del amor. Un amor que hasta cierto punto cumple una función de interés con apariencia perfecta y equilibrada. Una completa farsa dentro del círculo social y cultural en el que vivimos. Y no importa que muchos de los avances en relación a la economía social se deba, precisamente, a al trabajo que ejerce la mujer desde su modesta posición de trabajo informal. Trabajo que se recompensa injustamente al no obtener seguro social, ni mucho menos una futura pensión de jubilación si este no se encuentra bajo el consentimiento de su marido. Esos trabajos que va desde los oficios hogareños hasta la colocación de un negocio propio en su residencia son mayormente manuales y de servicio que contribuyen a solventar o complementar la economía familiar: comedores, pequeñas tiendas, talleres individuales de corte y confección, floristerías, fotocopiadoras, etc.
Sé muy bien que los modelos culturales en relación con el género son difíciles de romper, pero eso no implica que en algún momento no se puedan destruir. Hemos avanzado en la calidad de vida humana a través de las historia, pero de igual modo no se debe disfrazar subliminalmente lo que realmente es un problema de discriminación femenina.
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