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Empresa privada motor de prosperidad
La prosperidad de una nación y el bienestar económico de un pueblo no depende exclusivamente de poseer yacimientos de petróleo o recursos minerales. Lo han demostrado países como Suiza y Japón con sus ingresos económicos de primer rango y la «calidad de vida»de sus habitantes.
Lunes 14 de abril 2008
Walter Iraheta Nerio, escritor salvadoreño radicado en Suiza
Redaccion@centroamerica21.com
Para los países desprovistos de materias extractivas, la clave de la bonanza reside en la tesonera industria de tranformar materias primas en productos intermedios o elaborados con destino a la exportación. Pero a la vez se requiere un modelo de economía de autoconsumo con fuerte inversión en la agricultura.
Esta experiencia de desarrollo agroindustrial no ha sido extraña para la economía salvadoreña que en los decenios sesenta y setenta posicionó sus productos manufacturados en importantes plazas comerciales del mundo: La demanda de toallas Hilasal en Europa, es un buen ejemplo. Las telas y calzado salvadoreños eran apreciados en nuestra región.
Vale señalar que, no es cierto que hasta antes de la guerra incivil nuestro país basaba su economía en el monocultivo del café -como pregonaban algunos sociólogos de tendencia bolchevique-. Si bien ese rubro de agroexportación representaba un porcentaje mayoritario del PIB, también era importante la industria de partes electrónicas y mecánicas, los hilados, calzado y productos de alimentación que se producían en numerosos parques industriales.
Para aquel momento de auge industrial, productos como los radios «Televox» -Made in El Salvador- se convirtieron en insignias del ensamblaje industrial. Y esa cadena laboriosa -después del ensamblaje de relojes y calculadoras electrónicas-, se coronaba al lograr producir el primer prototipo de automóvil popular, el llamado: camión «Cherito».
Si en aquellos decenios la iniciativa de empresa privada había logrado poner la economía nacional en los rieles del desarrollo industrial, también el gobierno central construía la infraestructura de base y extendía los servicios sociales en una red que tocaba a todos los cantones del territorio nacional.
En tal contexto, no se desconocía la existencia de una franja poblacional con problemas de pobreza, empleo y acceso a servicios básicos, como producto del mismo subdesarrollo y los remanentes de la Segunda Guerra Mundial que afectó el desarrollo a escala planetaria hasta los años cincuenta, y el colapso del Mercado Común Centroamericano, después. Pero, estaba en marcha un plan de descentralización de servicios y fuentes de trabajo, priorizando en la red de clínicas y escuelas básicas a través de programas rurales (ICR, Focco y gobierno móvil).
De nuevo en la actualidad, con los resagos de una economía destruida por el sabotaje guerrillero durante la guerra, con los problemas de la recesión y efectos de las crisis de la economía global y con el contexto desigual en la competencia de los mercados internacionales, se presentaa El Salvador la necesidad de readecuar su modelo económico para encarrilarlo hacia el puerto de la prosperidad.
En este propósito de la planificación, no se necesita ser gurú para saber que el único camino del progreso económico y el bienestar social es «el desarrollo y el incentivo de la empresa privada» con las características propias del siglo veintiuno. Es decir, la inversión en un modelo agroindustrial y de servicios con estándares cualitativos acordes a la competitividad, y asumiendo la «responsabilidad» social.
Modelos económicos como el finlandés donde la prioridad social ha sido la inversión en educación, son tomados como paradigma de la base que sustenta la capacidad tecnológica y de investigación para poder emerger a la prosperidad con una oferta pujante. Dicho de otro modo, forjar capacidad técnica y dar calidad de vida de la población. Pero éste es uno de tantos ejemplos, para no mencionar los procesos de los países industrializados.
Nos referíamos al caso de Suiza, donde no se cultiva el cacao, pero posee una fuerte industria del chocolate con dieciocho empresas que son líder en el mercado internacional, en lista sigue la industria farmacéutica, alimentos y la fabricación de piezas o partes electrónicas y del ramo metalmecánica de tecnología punta. A la vez, de ser importante plaza financiera. La fórmula del éxito suizo ya la mencionamos: Empresa privada, inserción al mercado internacional, democracia y responsabilidad social.
Hasta aquí es necesario decir que no basta tener las ideas claras y puestas en un plan económico puramente teórico o discursivo. Hay factores determinantes o leyes propias de la economía que no se pueden evadir, más allá de la definición de rubros a desarrollar, se sabe: La captación de inversiones, la inserción al mercado internacional, y ambas sobre la base de la estabilidad política.
Dentro de estas opiniones se impone advertir que los modelos de economía floreciente, también están sujetos a leyes económicas y sociales, de modo que los procesos experimentan fluctuaciones, alzas y bajas, puntos críticos, como se ha podido ver últimamente fenómenos de desaceleración, inflación y otros valladares, que pueden servir de pretexto a sectores interesados en promocionar modelos exóticos de nacionalización totalitaria.
Para el caso particular salvadoreño, donde persiste una oposición contestataria y negativista, se requiere de un espíritu propositivo en todos los níveles. Está demostrado que descalificando todas las iniciativas de empresa privada no se podrá volver a los rieles del progreso, como se ha visto con el acoso a empresas, el bloqueo a la industria minera y ahora la contestación a la producción de medicamentos genéricos.
Nuestra historia pasada y los países industrializados han demostrado que «el motor del desarrollo y la prosperidad es la empresa privada», que genera empleos e ingresos. Y eso lo sabe, hasta la vecina del pueblo que vende aguacates en el mercado. |