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ARENA ratifica a Rodrigo Ávila
como su candidato presidencial


Rodrigo Avila, candidato presidencial; presidente Antonio Saca y René Figueroa, ministro de Seguridad

El sábado 12 de abril, el Centro Internacional de Ferias y Convenciones despertó pintado de rojo, azul y blanco. Y no era por capricho de la administración del lugar. Es que en uno de sus pabellones se celebraría la convención extraordinaria de Alianza Republicana Nacionalista, ARENA, durante la cual, entre otras cosas, se proclamaría al nuevo presidente del Consejo Ejecutivo Nacional (COENA), Rodrigo Ávila, como candidato a la presidencia de la república.

Lunes 14 de abril 2008
Héctor E. Benitez

redaccion@centroamerica21.com

 

Desde antes de las 9:00 a.m., hora en que iniciaría el evento, las calles adyacentes se vieron inundadas de automóviles erizados de banderines tricolores, donde se conducían los areneros que, con su puño derecho alzado, tomarían parte en los destinos de su partido.

¡Y vaya qué partido! ARENA se apresta a cumplir 20 años de tener a su cargo la dirección del Órgano Ejecutivo –pues sí, el que tiene su sede en Casa Presidencial-, y con la posibilidad de sumar cinco años más. Y quienes entraban al salón reservado para la asamblea, lo hacían con el rostro levantado como queriendo decir “no es una posibilidad...es un hecho” o “entérense: yo pertenezco al partido político más exitoso de América Latina”.

Y ese sentir se manifestaba en los ya mencionados banderines, en las porras, en las trompetas, en los redobles, en las consignas, en los vítores y, por el momento, paremos de nombrar.

Eso sí, antes de ser areneros, son salvadoreños (¿o sea impuntuales?). Eran las 9:40 de la mañana cuando seguían llegando buses y carros con nacionalistas. Aunque hay que reconocer que muchos de ellos venían de lejos: de La Unión y Usulután, por ejemplo.

El acto

Los tres presidentes honorarios de ARENA y el candidato Rodrigo Avila

Pero ya una vez entraron todos, el acto dio inicio. A las notas del himno nacional le siguieron las del himno arenero, que con frases del tipo “patria sí, comunismo no” incendiaron los ánimos de los más de dos mil asambleístas que saturaban el salón –más invitados especiales, acompañantes y los eternos e incansables “perseguidores de la noticia”, para quienes se había reservado una tarima en el extremo opuesto de donde se encontraban los miembros del COENA.

Tan incendiados estaban los ánimos que un, también incansable, maestro de ceremonia clamaba a los asistentes por un poco de tranquilidad, la necesaria para proseguir con el programa formal, y porque se sentaran en el suelo quienes estaban adelante, de pie, obstruyendo la visión de los que yacían cómodamente sentados en sillas.

Verificación del “quórum”, lectura del acta de la convención anterior... eso más bien invitaba al aburrimiento. Lo que los concurrentes querían era más trompetas y redobles y vítores. Y todo eso llegó junto, cuando se presentó a los miembros del COENA que serían ratificados ese día.

Las más efusivas muestras de reconocimiento por parte de los asistentes fueron para el flamante Presidente del COENA –obvio y predecible- y para el Viceministro de Ideología, cargo que cayó nuevamente sobre la figura de René Figueroa quien, evidentemente, goza de la simpatía de las estructuras tricolor. La juramentación de los caballeros (y algunas damas) estuvo a cargo del presidente honorario del COENA, y ex presidente de la república, Dr. Armando Calderón Sol.

Petición de derogar el último inciso del artículo... ¡bah! El calor reinante en el salón acentuaba lo pesado de los formalismos, así que éste fue saldado prontamente por un mar de puños levantados y el grito de “¡presentes por la patria!” que, en labios de los areneros, significa “yo voto a favor de...”.

El anuncio de que se proyectaría un vídeo de tres minutos sobre el presidente Tony Saca hizo que la sala se quedara en silencio. Pero el silencio no duró los tres minutos del vídeo: la carga emotiva del material audiovisual derivó irremediablemente en una nueva –y más febril- entonación de la marcha arenera.

Y otra vez las peticiones de silencio, en la voz grave y metálica del maestro de ceremonia. Ahora se solicitaba a la asamblea que nombrase presidente honorario del COENA a quien preside la república. El grito de “¡presentes por la patria!”, en esta ocasión, incorporaba ambos significados. ¿Quién de los asambleístas iba a negarle ese honor al líder más popular con el que ha contado ARENA después de Roberto d'Aubuisson? “Aprobado por unanimidad”, se dijo, y brotaron nuevos aplausos y vítores.

El candidato

Los tentempiés habían estado bien. Era la hora del plato fuerte. El policía devenido en posible presidente de El Salvador era proclamado como candidato del partido tricolor, el que al centro de su bandera porta una cruz, como reflejo del cristianismo enraizado en los principios republicanos y nacionalistas.

Y así, Rodrigo Ávila, cristiano confeso, se dirigió al podio desde donde se dirigiría al público ávido de frases emotivas que serían usadas como pretexto para hacer sonar las trompetas y agitar banderines y porras.

Tras un largo saludo protocolario, el ungido agradeció a los areneros el honor que se le diera, eligiéndolo candidato; honor que, aseguró, era el más grande que había recibido en toda su vida. Haciendo gala de dotes memorísticas, Rodrigo redujo al mínimo la lectura del discurso, expresando con la vista al frente los conceptos clave.

Luego de que aludiera a una “nueva derecha” más justa, abierta e incluyente, un arenero que se había identificado como candidato a alcalde, expresó en voz baja a una señora de pie a su lado: “es la derecha que nació con Tony Saca”. La dama asintió efusivamente, al tiempo que agregaba: “y con Rodrigo se va a terminar de desarrollar”.

Las expresiones de Rodrigo que invitaban a derrotar a los que incentivan “la lucha de clases”, la destrucción de los valores tradicionales del pueblo salvadoreño, el sometimiento a caudillos extranjeros, y otras del mismo tenor y talante, arrancaban airados aplausos, al igual que las que resaltaban los principios areneros, y las ganancias logradas por el pueblo tras casi veinte años de gobierno nacionalista.

No faltaron tampoco, en el discurso, felicitaciones y agradecimientos a los ex presidentes salvadoreños miembros del partido quienes, según el orador, habían logrado la paz, reconstruido el país, estabilizado la economía, proyectado internacionalmente a El Salvador y “lanzado una agenda social”, esto último, en clara alusión al actual mandatario, Tony Saca.

Las interrupciones del público eran constantes, el calor en el salón no era óbice para que los asambleístas mostraran febrilmente el apoyo a las palabras de su candidato, al que en ese momento veían ya modelando la banda presidencial. Rodrigo hablaba de una segura victoria para el 2009. El público correligionario parecía celebrar ya esa ansiada victoria, que deberá llegar, según expresiones de Rodrigo, gracias a Dios, al partido y al pueblo.

Con la invitación a pedirle a Dios que bendijera el esfuerzo de los areneros y de quienes, sin serlo, amaran la democracia y estuvieran dispuestos a defenderla, Rodrigo se despidió del podio con la épica frase “¡presente por la patria...!” que ahora significaba “así será”.

Así, tras una nueva interpretación de la marcha –sí, de la misma-, y de la salida de los pabellones que portaban la bandera salvadoreña y la tricolor –sí, la misma de la cruz-, se dio por concluida la convención extraordinaria de ARENA, con la lógica retirada de los miembros del COENA que se abrían paso entre una agolpada multitud de seguidores y uno que otro periodista.

Final

Para los periodistas la cosa no terminaba allí. Un pequeño salón les esperaba con la logística necesaria para desarrollar una conferencia de prensa. El centro de interés –y de las preguntas- sería el mismo Rodrigo Ávila, acompañado de algunos miembros del COENA y amigos personales.

Tras varias preguntas de diferentes medios de comunicación, algunas de las cuales fueron, por cierto, repetitivas (como las que pretendían obtener de labios de Rodrigo el nombre de quien sería su compañero o compañera de fórmula), se dio por terminada la conferencia y los periodistas por cortésmente despedidos.

El candidato arenero salió rumbo a su vehículo saludando a diestra y siniestra a correligionarios y amigos, mientras más de dos mil personas se dispersaban por las veredas de la ex Feria Internacional, con el sol del mediodía sobre sus cabezas, y el signo del orgullo y del optimismo patentizados en su rostro levantado y su sonrisa inextinguible.

Afuera esperaban los buses que debían partir a La Unión y Usulután. Adentro quedarían, en el suelo, banderines y porras como testigos silenciosos de un acto de comunión entre líderes y seguidores, entre triunfos obtenidos y triunfos por lograr, entre críticas a defectos ajenos y exaltación de las virtudes propias.

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