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Premio Alfaguara, la bitácora de once novelas

Nunca pude pasar del capítulo donde el fulano se empantana en los rastrojos de excremento humano. Sientes la sensación de que es tu zapato el que se pega a la sustancia viscosa, y aunque luches a muerte te quedas ahí a esperar el juicio final.

Lunes 21 mayo 2007
Berne Ayaláh, novelista salvadoreño
redaccion@centroamerica21.com

BERNE
AYALÁH

Hablo de El turno del escriba , escrita por las argentinas Graciela Montes y Ema Wolf, premio Alfaguara de novela 2005, la peor de las novelas en su especie.

Ves al tal escriba y te dices no, esta historia no puede valer 175 mil dólares, pero lo valió. He visto las estanterías repletas con el libro y sin duda las cucarachas y las ratas serán las más afortunadas.

Caracol Beach y Margarita, está linda la mar

En contrario a ese premio para una obra de dos autoras, en 1988, dos autores y dos novelas, Caracol Beach , del cubano Eliseo Alberto y Margarita, está linda la mar, del nicaragüense Sergio Ramírez, expresan un consenso en el que el premio se dobló debido a lo exquisito de lo literario.

La calidad lírica de Caracol Beach, te sitúa en la locura del soldado y los fantasmas que adquieren la forma de un tigre de Bengala que tropieza con tu mano y tus ojos a la hora de vivir la historia. Aquí el sabor a la carne podrida en la boca no te detiene, al contrario, te sumerge en un viaje que no quieres que termine.

La compasión es un rasgo de los hechos, a tal grado que tú mismo llegas a verte en el pobre soldado y por qué no, en el destino de unos muchachos que lo único que han querido es divertirse.

El contrapunto de una fiesta y las nimiedades a partir de las cuales va tomando vida una tragedia en el mundo de los cuerdos, te somete y convoca a los demonios para definir tu propia suerte: yo he preferido la de la locura.

La musicalidad con la que Eliseo Alberto pega los ladrillos del edificio son adecuadamente escogidos por alguien que sabe el oficio del poeta.

Hay que estar loco para pelear una guerra. Lo digo en serio. La locura es la mejor estrategia, es a veces no una expresión para reír, en el fondo de ella subyace el miedo y el amor; los recuerdos marchitos y confusos de una madre y la nostalgia se te meten en la sangre.

En Caracol Beach el ritmo define a la novela, de esa forma los perdones, los amores, los odios y la locura coinciden en el tiempo y el espacio de la narración. Un poema en prosa que tiene una página hermana en La fábula de José , del mismo autor.

En Margarita, está linda la mar , vemos una ingeniería demoledora, es, a mi modo de ver, la mejor novela de Sergio Ramírez Mercado.

Es muy cierto que en Sombras nada más , el nicaragüense muestra una calidad envidiable como narrador, pero es con aquella que marca las pautas y un ritmo cautivador; una pluma que tiene la fuerza de la aguja para atravesarte el corazón y sembrar en tus venas el palpitar de una novela total.

Somoza es su demonio, tropieza con él, y en Margarita, está linda la mar, quiere asesinarlo también, y logra.

Cuando la música mueve tus recuerdos, el plan para asesinar al tirano se desmorona ante tus ojos en un mar de detalles. Tu corazón también palpita al ritmo del atrevido atacante, quien logra jalar el gatillo antes de caer vencido por las balas disparadas por los hombres de la seguridad de Anastasio Somoza.

Aquel cuerpo vencido entre las piernas de mujeres y hombres que apenas segundos antes han bailado y que ahora corren despavoridos, te suenan en la cabeza como el pitido de un lejano tren donde también, como en las primeras páginas, asoma una tranquila conversación del poeta Rubén Darío, antes de escribir en el pañuelo de la testigo, que es cierto, Margarita, está linda la mar .

Al final, el cuerpo del atacante ha quedado solitario en la pista de baile, moribundo, insignificante, como el mismo raquítico plan para asesinar al dictador.

No menos sorprendente es el lujo con el que se caen los ventanales por donde pasa la luz que se posa en el rostro del otro cadáver in fieri: el de Anastasio Somoza.

Ramírez es un genio de la reinvención histórica, en la ya clásica expresión de las mentiras verdaderas de la literatura.

La astucia comercial de Alfaguara arranca con este primer premio que es dado a ambos escritores. En ello, más allá de la indiscutible calidad de las obras, se pone de manifiesto el juego del mercado: un cubano y un sandinista disidentes con un talante intelectual envidiables, son idóneos para que desde Miami convoquen a los lectores. También los premios son políticos.

Son de mar

El rastro de un mundo poderosamente misterioso vuelve a tomar vida en quizá la mejor de las tres novelas españolas premiadas: Son de Mar , de Manuel Vicent (1999).

Ulises Adsuara te recuerda al Odiseo de Ítaca, de la misma manera que en un tiempo poético musical, la Penélope de Serrat. En ambos hay una terrible y demoledora historia de amor y la huella de un clásico con la estatura de un dios.

El tiempo, en este caso, no es solo un corte para desfigurar la historia, es, hasta cierto punto una criatura con vida: oye, Ulises, tu estás muerto, o no, tú no puedes ser aquél que desapareció hace tanto tiempo, pero lo eres, ahora comprendo cómo llegas a mi playa vestido con tu mejor traje.

Los dos amantes harán a su antojo una vida llena de fantasía, pero a la vez real y perecedera. Es la gran virtud de la obra: el desarrollo de una historia que aborda un tema sobre en el cual podría pensarse que ya no hay nada que decir. Vencer la muerte es sin duda la mayor ambición del hombre.

Últimas noticias del paraíso

La otra novela española premiada en el año 2000, Últimas noticias del paraíso , de Clara Sánchez es, creo yo, la más sencilla de todas las historias premiadas. El maestro Julio Cortazar dijo con autoridad suficiente, que en los gustos es muy difícil que pueda caber un debate crítico en el sentido estricto.

La historia de esta novela no me cautivó, no por ser sencilla, no porque fuese narrada en primera persona o por los efectos que toma lo cotidiano, no, es por una razón sinrazón, el gusto.

No obstante creo que la falta de innovación de la técnica de la historia, pero especialmente el contenido mismo, es lo que por momentos te da la sensación de estar ante una novela que no es excepcional, no como para que valga 175 mil dólares.

Mira si te querré , es el premio que se quedó en España en 2007, novela que aún no se encuentra en nuestra librerías, he podido leer las cuatro páginas iniciales de la obra en Internet, ojalá la historia se mostrara como aparenta, aunque debo decirlo, no he sentido la fuerza inicial como en otras de las premiadas.

La piel del cielo

Elena Poniatowska recibe en 2001 el premio por La piel del cielo . El universo, aunque incomprensible como es, puede sentirse y tocarse, no sólo con el telescopio de Lorenzo de Tena, sino con una palabra precisa que alguien dijo entre las horas oscuras en que ella se marchó.

El mundo que narra es uno de los más sobrios y a la vez cargado de imágenes muy propias de los hechos cotidianos que rompen con las ambiciones de la ciencia abstracta: Juan, el hermano de Leticia, con tantas disposiciones para lo desconocido del universo, decide mejor atender los eventos concretos: los salones de putas y de juego.

La poesía que hay en las obras científicas de Stephen Hawking, como La historia del tiempo, Agujeros Negros y Pequeños Universos, pero especialmente en El universo es una cáscara de nuez, toca con suavidad magistral una realidad que de forma ortodoxa sólo podía ser explicada, al menos esencialmente, desde las matemáticas.

Ese es el mérito de Hawking, sus universos hacen una tregua y se te presentan en colores, como la poesía, y tú, inevitablemente te vuelves pequeño a la hora de caminar por los oscuros senderos de la relatividad generalizada, la teoría cuántica y esas criaturas oscuras cuya fuerza de gravedad es tan potente que ni la masa de la luz puede escapar de ellas.

La piel del cielo es, en otro sentido, una cáscara de nuez o un agujero negro, en el que el amor por la luz, por el descubrimiento de lo ilimitado del universo se vuelve plena.

La convicción de que la estrella que ahora brilla en nuestro cielo habrá muerto, con mucha probabilidad, hace muchísimos años luz es tangible. El amor por el amor es igual de contradictorio.

Por eso puedes vivir, igual, dentro o fuera de la piel del cielo. México se quedó con el premio.

Diablo Guardián

La otra novela mexicana premiada lo fue en 2003, Diablo Guardián , de Xavier Velasco. Si algunas novelas de las premiadas pueden ser definidas por su fuerza poética, por la magia de su diseño arquitectónico o por la trama, esta lo es a partir de su juego, una marcha donde el protagonismo de Violetta compite con otro personaje no menos extraordinario: el lenguaje.

¡Ah, Violetta! Niña extravagante, la fuerza de tu historia no descansa únicamente en la capacidad que tienes para reinventar tu mundo, para destruir tus huellas, para robar el pinche dinerito de tus papacitos y largarte a cruzar fronteras a tan corta edad o para bajarte los calzoncitos.

Tu historia tiene un punto de apoyo en la manera como describes el surgimiento y el descalabro de tu propia invención.

Un título por demás sugerente: no me hables de ángeles guardianes, yo conozco una niña que tuvo su diablo guardián que le acompañó en su largo peregrinar.

Esta novela te coge con ganas desde las palabras introductorias. No hay mejor manera de convencerte de que ella es la autora, sino con una confesión de parte.

Eso es Diablo Guardián , el gemido de una voz oculta que ha decidido salir a la calle para contarte por qué es que se llama Violetta. Una de las historias más largas en esta serie de premios (500 páginas), pero la más corta por lo trepidante de la narración.

El vuelo de la Reina

Y si alguien ha podido detenerse a recordarnos que el amor y el poder suelen caminar de la mano, es Tomás Eloy Martínez, con El vuelo de la reina , premio 2002.

La ciudad de Buenos Aires oculta un crimen y como dice Sabina en Los siete crisantemos : el asesino sabe más de amor que el poeta . Una formula estética del existencialismo de Sartre.

Contemplarte desde mi edificio, tenerte a mano con mi telescopio, ya no para sublimar tu figura sino para drogarte y dominarte.

Camargo, eres genial, que no te quepa dudas, aún cuando ya la has amado la necesitas distante, porque a la hora de fisgonear es que en verdad vives.

No estás completo en el instante de darle órdenes en el periódico que tú diriges, no a la hora de llevar al monstruo indigente que la penetra delante de ti y deja sobre su cuerpo desnudo las huellas de una muerte inevitable, sino a la hora de saberla dormida por causa de tu propia mano y de la droga que representas.

Aún así, Reina, la que tú amas, ha volado más allá de tus ambiciones, o en mejor caso, ha superado tu edad y tu miedo; entonces te das cuenta que es más bello asesinarla, darle un tiro, al fin de cuentas tú eres el dueño de la historia, Camargo.

Delirio

Laura Restrepo es una de las pocas escritoras que no caen en ese feo vicio de obligar a que las literatura calce en el zapato de un feminismo extremista, simplista y torpe, ella habla de la mujer y del hombre, de la vida y la muerte, del amor y el odio, en el mejor escenario: la condición humana.

Cómo te sentirías si una tarde al volver del trabajo tu mujer es una loca certificada. Esa es la suerte de Aguilar y su mujer, Agustina, en Delirio , la novela premiada por Alfaguara en 2004.

En ese escenario de disparates y confusión mental, donde brillan, como ha de suponerse, las alucinaciones, los pensamientos absurdos y las incoherencias, unen su crepitar las emociones de una mujer y un hombre enamorados.

La violencia de Colombia y sus vicios ocultos, dejan de ser tales y salen de las calles y los lugares de su conspiración para situarse en los recuerdos, o en las invenciones de una loca.

¿O acaso será que la locura es sólo un modo en que esa realidad inventada se nos presenta? Una mujer nos dice todo sobre el amor, al otro lado de sus propias incoherencias está la ciudad y sus miserias, ella también se encarga que las veamos con luz propia.

Sólo otro loco con apariencia de cuerdo, el que la ama, está dispuesto a obviar la ciudad y quedarse a esperar pacientemente que ella pueda responder con la mirada si el color de la corbata es lo suficientemente rojo. Genial.

Abril Rojo

Ese es el título de la novela premiada en 2006, del peruano Santiago Roncagliolo, es quizá la menos madura de las novelas. Al parecer la supuesta mezcla de un escenario político con la novela negra, es lo que movió al jurado.

Al jurado le motiva lo que le motiva a la editorial: el mercado. Algunas veces las mercancías son excelentes, otras simplemente buenas y en otras malas.

El fiscal Félix Chacaltana Saldívar, es uno de los personajes más previsibles de todas las novelas mencionadas, algo que es peligroso para una historia cuyo motor principal es la trama policial, como en Abril rojo .

La escena de los perros colgados, que nos recuerdan algunas tácticas de la guerrilla peruana pudiera haber sido explotada mucho más de lo que es, una periférica mención que por sí misma es un tremendo recurso para la muerte, una invocación inevitable de la historia.

El discurso forense, es una de las formas más simpáticas de la obra, el escritor utiliza en buena medida el lenguaje legal y burocrático para unir las piezas de la historia, claro, no con la maestría de Sergio Ramírez.

Leer todas esas novelas, más allá de cualquier otra cosa, ha sido una experiencia formidable, un viaje eterno por América y España, con ello he podido reconocer en una pequeña ventana, como es el premio Alfaguara, el tremendo universo de la literatura de nuestro gran idioma, el que subyace por encima de las triquiñuelas de las editoriales y de las fronteras humanas.

Ahora, quién soy yo para juzgar al que se merece o no el premio: nadie. Queda aquí, a lo sumo, una gota de mis gustos personales y un amor innegable y maldito por los libros de ficción.

Sólo una cosa es cierta, y lo confieso: cómo no querría yo esos 175 mil dólares, aunque mi novela fuera a parar al escusado porque soy un asesino del arte de la narración y del idioma.

¡Viva la literatura!

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