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El KGB y algunas minucias de nuestra guerra fría

El debate en torno a la actividad militar del Partido Comunista de El Salvador sigue siendo encontrado. Desde el rompimiento del Secretario General, Salvador Cayetano Carpio y otros militantes, a finales de los sesenta, pasando por la década de los setentas y la guerra, hasta nuestra actualidad, se da ante todo en un escenario preponderantemente ideológico.

Dos son los puntos encontrados a la luz de un reportaje de La Prensa Gráfica: una supuesta operación de contrabando de armas ejecutada por el KGB y el PCS, y la actividad militar de este último durante la guerra civil.


Lunes 28 mayo 2007
Berne Ayaláh, novelista salvadoreño
redaccion@centroamerica21.com

BERNE
AYALÁH

La supuesta influencia del KGB

Hay abundantes evidencias en la historia de las relaciones diplomáticas y políticas del FMLN que indican, con claridad, que nosotros no fuimos una carta de trascendencia para los soviéticos. Nuestros muertos no estuvieron en la agenda de los burócratas de Moscú.

¿Significa esto que no hubo algún tipo de colaboración entre soviéticos y nosotros? no; pero es demostrable que las operaciones de carácter militar estuvieron amparadas, en su mayoría, por acciones de compromiso de hombres en particular y no de instituciones.

El caso de los misiles del Ejército Popular Sandinista, entregados al FMLN, fue la acción de una persona, a lo sumo de un pequeño grupo; la misma interpretación puede hacerse respecto del general del KGB al que se alude en el reportaje de La Prensa Gráfica.

¿Qué significado tienen entonces los documentos presentados en el reportaje en cuestión? Son una raquítica evidencia sobre un intento que corresponde a una época no determinante, como para que nos pueda dar un reporte exacto de todo lo que sucedió en los doce años de guerra.

No es posible saber si las toneladas de armas de las que se habla en el papel en verdad salieron de Vietnam, si las que pudieron salir no fueron recortadas en Cuba y Nicaragua, cuánto de ese material llegó a los frentes de guerra y lo más importante, cuánto sirvió en concreto en el campo de batalla.

Pero eso es apenas una pizca de la historia: lo cierto es que muchos de los que tuvimos en nuestras manos la serie del AR-15 pudimos comprobar que sólo se trataba de chatarras, fusiles cuyo mecanismo de disparo provocaba que a la hora del combate se encasquillaran con facilidad.

Además, el estado físico era deplorable, guardamanos que debíamos amarrar con trozos de tela, agujeros producidos por la humedad a la altura del depósito del cargador o muy cerca del bloque de cierre, mientras que a otros les hacía falta la ventanilla de expulsión de vainilla.

Los AK-47, las RPKs y PKMs, los RPG-7 y Dragonov, utilizados por la guerrilla, eran de fabricación china, coreana y alemana, muy pocos eran rusos y fueron comprados en un típico procedimiento de contrabando en el mercado negro con dinero de los países capitalistas de todo el mundo.

El resto de las armas, ya se sabe, la guerrilla se las arrebató al ejército o nos las vendieron oficiales de la Fuerza Armada.

El reportaje de la Prensa Gráfica coloca al PC atrás de una supuesta gran operación de contrabando de armas y lo deja de inmediato en el debate de la confrontación electoral, un indicio que sirve para calificar al FMLN como “un promotor de la muerte”, cuyo control actual aparente recae en el PC.

Lo que sucede es que la noticia tiene una cara difícil de hacer a un lado: la posibilidad de que se interprete que el PC de forma solitaria estuvo atrás de una gran operación de armas a favor de toda la guerrilla, algo que es falso y no creo que ningún líder comunista que se asuma como responsable pueda decir lo contrario.
En todo caso lo que hubo entre todas las organizaciones fue una alta colaboración militar y política.

El papel militar del PC en la guerra

La guerra civil de El Salvador pasó por varios momentos, uno de ellos fue el de las grandes concentraciones de fuerza, luego de superar la consigna “Resistir, Crecer y Avanzar”.

La cantidad de territorio controlado por la guerrilla sobre la base de la destrucción de posiciones fijas del ejército fue una de sus más significativas características.

Es ahí donde se consolidan las dos grandes retaguardias, la de Chalatenango y la de Morazán, ocupadas por las extraordinarias y cualificadas tropas de las FPL y el ERP.

Pero la guerra también se libró en otras zonas del territorio nacional. En la zona de Usulután el PC tuvo una pequeña presencia, también la tuvo aunque en mayor número, en San Vicente, en Chalatenango, en el Volcán de San Salvador, en el Volcán de Santa Ana, y en su frente principal de batalla: el cerro de Guazapa.
En la zona de Cuscatlán y Cabañas, las fuerzas del Batallón Rafael Aguiñada Carranza, del PC, participaron en operaciones conjuntas con las mejores tropas de las FPL, los batallones X-21 y K-93. Juntos barrieron muchas posiciones fijas del ejército.

También participaron en las operaciones de contención para el ataque a la presa Cerrón Grande y al menos uno de los ataques al cuartel El Paraíso, de Chalatenango.

Las grandes maniobras de la llamada Calle Nueva, que conduce de San Martín a Suchitoto fueron planeadas y ejecutadas por fuerzas conjuntas de las FPL, RN y el PC.

Cuando la Comandancia General ordenó movilizar tropas guerrilleras hacia el Frente Occidental Feliciano Ama, en una operación estratégica, el PC acompañó los esfuerzos conjuntos con tropas del ERP que se acantonaron en el cerro La Gloria y en el Volcán de Santa Ana, las cuales iban al mando del legendario comandante Cirilo, además de las otras tropas de las FPL, dirigidas entonces por el comandante Orlando Carabina.

Las operaciones de Guazapa 10 y los operativos Fénix produjeron un reacomodo en las fuerzas de la guerrilla: las unidades del ERP abandonaron el cerro de Guazapa para ocupar fundamentalmente el oriente del país; sólo dejaron una pequeña unidad basificada en Loma de Ramos, que servía de conexión con la otra fuerza del volcán y la ciudad de San Salvador. Las FPL salieron para ocuparse del norte, el oriente y el occidente del país.

Las únicas dos fuerzas guerrilleras que se quedaron a consolidar el cerro de Guazapa fueron la RN en el norte y el PC en el sur.

Fue en la misma propaganda de las radios del FMLN, la Venceremos y la Farabundo Martí, donde tomó vida la consigna “Guazapa es una flecha clavada en el corazón del enemigo.” La sola alusión indica el carácter estratégico del asunto.

Ese cerro es el lugar donde mayor cantidad de bombas fueron lanzadas, donde se puso la mayor cantidad de minas por metro cuadrado. Es el lugar donde se experimentó con la táctica de guerra de guerrillas de una manera extraordinaria, tanto por el ejército como por los alzados, fue además el territorio de campamentos fijos más cercano a la capital.

La resistencia mostrada por las unidades del PC en Guazapa, en los momentos previos y posteriores a la ofensiva de 1989, tiene su lugar en un nuevo momento de la guerra civil. En esta fase la aniquilación de posiciones fijas del ejército dejó de ser lo prioritario. La presencia guerrillera en nuevos territorios, el movimiento generalizado y la limitación de la capacidad ofensiva de la Fuerza Aérea, pero especialmente el ataque e incursión a las grandes ciudades, pasó a ser prioritario.

La prueba de ello está en el asedio a las ciudades del oriente del país por el ERP, a la ciudad de Chalatenango y otras por las FPL, y al gran San Salvador por el PC en los dos últimos años de la guerra. Su relación con las actividades en la mesa de negociación política fue directa y determinante.

En los campamentos del PC, en Guazapa, tuvieron lugar sendas reuniones de los mandos de las organizaciones que planearon y ejecutaron las operaciones de la ofensiva Al Tope y Punto y las maniobras posteriores, cuyo carácter estratégico fijó presiones en la negociación de la guerra.

En esos campamentos, defendidos por las tropas del PC, se basificó la Radio Farabundo Martí en los días de la ofensiva. Allí mismo también y en momentos muy críticos de la guerra, estuvo resguardado el comandante Chico Armijo del ERP con su radio operadora.

La cantidad de operaciones de los comandos urbanos que fueron coordinadas desde Guazapa fue muy grande. Las fuerzas del PC ejecutaron el ataque a la base de la Fuerza Aérea en 1990.

Desde las residencias lujosas de la colonia Escalón, el PC condujo negociaciones militares específicas en los momentos más cruentos de la ofensiva de 1989.

Los mismos combatientes de las FPL saben que en las operaciones militares, en los momentos más duros de la ofensiva, tuvieron en sus espaldas a las tropas del Partido Comunista, batallas por demás estratégicas. Estuvimos juntos librándolas y el reconocimiento es mutuo.

La operación a la prisión de Mariona, cuando era en verdad una fortificación militar resguardada por un batallón de la Primera Brigada de Infantería, cuyas posiciones fueron desbaratadas para liberar a los presos políticos de todas las organizaciones que allí estaban, fue una acción del PC.

El significado de semejante asunto va más allá de lo puramente táctico, al compararlo con otros escenarios militares se puede concluir que lo rebasa.

Mientras en la zona de Chalatenango, retaguardia de la guerrilla, de batallas regulares y de abundante tropa de las FPL, operaba un batallón élite, en esta pequeña zona de Guazapa sur operaba una similar fuerza militar del ejército.

Ningún ejército dedica sus fuerzas estratégicas a un enemigo insignificante, para el caso, los batallones Belloso, Atlacatl, Escuadrones Aerotransportados, GOE y Bracamontes eran los que combatían con las fuerzas del PC en Guazapa.

La logística de armas fue manejada casi en su totalidad por cada una de las organizaciones. El PC introdujo su armamento por el norte de Chalatenango, desde Honduras y por la ruta urbana de San Salvador en caletas para vehículos, fundamentalmente.

Dos ejemplares del potente lanzagranadas automático AGS-17, conocido como la Araña, fueron introducidos por la guerrilla, uno por el PC y el otro por las FPL, este último fue recuperado por el ejército y ahora se encuentra en el Museo Nacional de la Fuerza Armada. El otro fue utilizado en muchos combates de Guazapa. También se introdujo misiles, algunos de los cuales fueron disparados.

Decir que el PC no combatió en la guerra, no consolidó territorios y no importó armas es una mentira, sus hombres hicieron actos heroicos de similar magnitud que cualquier otra organización.

Una cosa es muy cierta: cuantitativamente el PC fue inferior a las tropas de las FPL y ERP, sin embargo su papel cualitativo en momentos decisivos de la guerra no se puede negar. Pero también es cierto que la correlación de fuerzas que se generó en el debate sobre la acción armada, y la lucha electoral de los años setentas, potenció a todas las organizaciones y propició la radicalización de las fuerzas que más tarde serían la guerrilla del FMLN.

Lo especial de la guerrilla del FMLN fue el haber tenido la capacidad de hacer coincidir distintos modos de pensar y hacer. Esa fue la grandeza de aquel tiempo. La calidad del cuerpo colegiado concretado en la Comandancia General se corresponde con la calidad de los hombres que abajo morían por ellos.
Yo también vi a Joaquín Villalobos como mi comandante, así fui educado respecto de los alabados cinco señores. La manera actual de pensar y hacer de él y otros de los cinco, es tema de un debate muy distinto y de un tiempo histórico concreto.

Lo cierto es que la separación, en la posguerra, de esas mentes tan distintas pero tan geniales provocó lo que hoy vemos, un partido de izquierda con una cabeza torcida y famélica que no se puede comparar con aquella por la que muchos estuvimos dispuestos a dejar el pellejo.

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