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Los jóvenes y la libertad de expresión
El uso de piercing es cada día más común entre los jóvenes. De hecho, yo
poseo tres. Como es posible, que a una periodista, en funciones,
no se le deje entrar al Ministerio de Gobernación, si no
se quita los piercing que lleva puestos…
La lucha por la libertad de expresión y de pensamiento
nos corresponde a todos, es nada más y nada menos que la
lucha por expresar nuestra propia individualidad, nuestra propia
vida. Respetar la libertad de los demás a decir y hacer
cualquier cosa, por más ofensiva que la consideremos, es
respetar nuestra propia libertad.
Lunes 04 de junio, 2007
Teresa Andrade
teresa.andrade@centroamerica21.com
Es totalmente condenable el cierre de la televisora
venezolana Radio Caracas Televisión, pero me impresiona la
cobertura que le dan nuestros medios de comunicación al hecho,
cuando en nuestro país aún hay mucho que hacer en
materia de libertad de expresión y pensamiento.
Esta no debe limitarse, única y exclusivamente, al decir
y a transmitir información en los medios de comunicación.
Tampoco se puede reducir a la libre propagación de ideas.
En nuestro país, desde la firma de los Acuerdos de Paz, el
terreno de la libertad de expresión, y especialmente el de
la libertad de información han tenido un auge nada despreciable.
No es de menos las miles de muertes que fueron necesarias, para
que ahora, en nuestros días, cualquiera pueda, al menos en
teoría, acceder a información y decir lo que quiera.
Es ahora, cuando los jóvenes, aún con vestigios de
la guerra, pueden cantar música de Silvio Rodríguez,
Mercedes Sosa, El Quinteto Tiempo, o cualquier tipo de música
de protesta, con el ingrediente que pueden dormir tranquilos pues
no serán secuestrados, o en el peor de los casos declarados
como desaparecidos.
En nuestros días, cualquiera puede soltar una faramalla de
insultos al Presidente de la República o al partido de gobierno
y hasta el momento, nadie ha muerto por ello.
Hay cientos de blogs en el ciber espacio, donde insultan y acusan
de ser de la CIA a muchos de los intelectuales del país y
nadie, nadie arremete contra la seguridad personal de sus creadores
y mucho menos ha habido intentos de desaparecer estos espacios de
la red. Este es un mal uso de la libertad de expresión, sin
embargo, se permite.
Así como hay avances en nuestro país, hay ridículos
y abismales retrocesos, tal es el caso que desde hace un par de
semanas el diputado Rodolfo Parker introdujo una pieza de correspondencia,
la cual fue aprobada, y a partir de ese momento ofender públicamente
las creencias y sentimientos religiosos de los salvadoreños
se ha convertido en un delito que se paga con cárcel de entre
uno y ocho años.
Cualquier persona que cree una pieza artística que ofenda
las creencias religiosas podrá ser penalizada. El hecho de
disentir con la religiosidad está siendo callado por esta
ley. Para los Padres de la Patria, los ateos no tienen cabida en
esta sociedad. Este tipo de leyes son un retroceso para la libertad
de pensamiento y expresión.
En el Artículo 13 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, inciso uno reza lo siguiente: “Toda persona
tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión.
Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir
informaciones e ideas de toda índole, sin consideración
de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o
artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”.
Esto, además de incluir expresiones artísticas, vayan
a favor o en contra de la religiosidad, debería tomar en
cuenta también las mil y una expresiones alternativas que
tienen los jóvenes actuales en nuestra sociedad. No puede
ser posible, que en nuestros días, a pesar del sistema de
libertades que hemos ganado, se siga discriminando a los jóvenes
por su forma de vestir, expresarse, por sus preferencias sexuales,
por tatuarse o perforarse la piel. Según Pedro Ticas, antropólogo
de la Universidad Autónoma de México e investigador
de la Universidad de Pittsburg, en Estados Unidos, en declaraciones
dadas a un matutino de nuestro país, asegura que el tatuaje
es un arte decorativo que demuestra la ideología y la identidad
de un grupo.
Además insiste que simplemente son expresiones figurativas
que cambian de acuerdo al tipo de sociedad en que se viva. Es innegable
como el uso de tatuajes, se relaciona con las pandillas en nuestro
país.
No es en vano que en la Ley Antimaras aprobada en el 2003, expresamente
dice que: “se considerará como asociación ilícita
denominada "mara o pandilla" a aquella agrupación
de personas que actúan para alterar el orden público
o atentar contra el decoro y las buenas costumbres” y agrega
que “tenga señas o símbolos como medios de identificación,
que se marquen el cuerpo con cicatrices o tatuajes”. Ya desde
aquí están marcando a los jóvenes con tatuajes
como criminales.
También el uso de piercing es cada día más
común en los jóvenes. De hecho, yo poseo tres. Como
es posible, que a un periodista, en funciones, no se le deje entrar
al Ministerio de Gobernación, si no se quita los piercing
que lleva puestos.
No podemos dejar de lado, a los jóvenes con otras preferencias
sexuales, que hasta la fecha, siguen siendo discriminados. Su forma
de actuar, vestir y vivir debe estar sustentada y protegida por
la libertad de pensamiento y de expresión.
Cada joven debería de sentir la libertad emerger de sus poros.
Libertades por las que las generaciones pasadas llevaron una guerra
que concluyó en este sistema que tenemos en nuestros días.
Libertades, que han aumentado, pero el reto deben ser las nuevas
expresiones, los nuevos pensamientos, las nuevas necesidades que
hoy en día se presentan.
No podemos aceptar que sean acalladas con leyes para que nadie disienta
del status quo. La lucha por la libertad de expresión y de
pensamiento nos corresponde a todos, es nada más y nada menos
que la lucha por la libertad de expresar nuestra propia individualidad,
nuestra propia vida. Respetar la libertad de los demás a
decir y hacer cualquier cosa, por más ofensiva que la consideremos,
es respetar nuestra propia libertad.
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