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Sunshine durante su show. Foto cortesía de Sunshine


Las nuevas confesiones de Sunshine:

“Lo disfruto mucho, pero a veces no sé…”

“Todo mi sufrimiento, toda mi timidez desaparece cuando estoy en el chat, por eso siento una gran liberación ahí, pero al final, cuando termino el show y tengo que arreglar todo el cuarto, guardar la ropa, esconderla, desmaquillarme y ya irme a la cama, siento una soledad terrible”, baja la vista y su mirada se pierde en el fondo del vaso de té vacío, pide otro… Y yo puedo percibir claramente, casi tocar, la soledad esencial de esta muchacha que se hace llamar Sunshine en el ciber espacio.

Lunes 04 de junio de 2007 / SEGUNDA ENTREGA
Teresa Andrade
teresa.andrade@centroamerica21.com

Sunshine me cuenta que ella tiene una gran inseguridad y que por más que le han dicho que es bella nunca se lo había creído. Hasta que llegó el internet a su vida. Sus ciber amigos le decían lo hermosa que era y después de descubrirse ella misma, bella, comenzó a arreglase más, a comprar accesorios para verse mejor. Se comenzó a esmerar para hacer más evidente su belleza.

“Yo en realidad hago el amor conmigo misma, soy mi mejor amante porque los orgasmos que yo me he provocado han sido más intensos que los que me han dado otras personas, y una sabe cómo y dónde acariciarse. Me emociona verme a mí misma justo en el momento del orgasmo”, dice. Me comenta que viéndose fue como aprendió a poner la cámara en los ángulos más sugerentes, poner la luz, adecuar todo el escenario para verse como una diva en el escenario.

Sus comentarios me recuerdan el mito de Narciso, el joven de la mitología griega que contempla su imagen en un espejo de agua, y siente la fascinación del amor por sí mismo y ya no puede ver amor en los otros. El narcisista necesita ser admirado y adulado, para sentirse deseado. Sunshine me recuerda, también, otra de las características del narcisista, vive más preocupada por su actuación, en cuanto a la teatralidad y reconocimiento de sus acciones, que en la eficacia y utilidad de las mismas.

“Uno se vuelve bien egocéntrico, como una reina, y a veces me han dicho que soy la reina de de la web, pero solo es ahí, en el internet. Es como vivir mis minutos de fama y luego me salgo a mi realidad y ya, a dormir”.

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Confesiones de Sunshine
(Primera Entrega)

“¿Qué pasa después de tu show? ¿Te duermes? ¿Qué sientes?” indago.

“Todo mi sufrimiento, toda mi timidez desaparece cuando estoy en el chat, por eso siento una gran liberación ahí, pero al final, cuando termino el show y tengo que arreglar todo el cuarto, guardar la ropa, esconderla, desmaquillarme y ya irme a la cama, siento una soledad terrible”, baja la vista y su mirada se pierde en el fondo del vaso de té vacío, pide otro… Y yo puedo percibir claramente, casi tocar, la soledad esencial de esta muchacha que se hace llamar Sunshine en el ciber espacio.

Me conmueve su respuesta, le pregunto “¿Qué haces cuando te sientes así?”, espero que su respuesta sea menos desalentadora. “A veces, dejo llamadas perdidas a algún amigo, para que me llame y me dicen ‘¿qué te paso? Acabamos de chatear ¿qué te pasa?'. Y le digo: ‘nada solo quería decirte hola y buenas noches'. Siento esa necesidad de que alguien me diga: te quiero, buenas noches, que duermas bien. Cuando ninguno de mis ciber amigos me habla por teléfono o no chateo con alguien, siento que tengo que seguir buscando más gente para que me siga diciendo cosas bonitas” me confiesa.

Doble vida

Es difícil creer que Sunshine sea la misma jovencita con la que estoy hablando, si no fuera por la naturalidad con la que habla de su pasión por el ciber sexo, no lo creería. Le pregunto si a veces no se ha sentido utilizada. Sin ningún reparo me dice: “No, más bien siento que yo los utilizo y cuando me hacen algo que no me gusta, los bloqueo y punto, ya no volvemos a hablar. Pero no, nunca me he sentido utilizada”.

“¿Estás llevando un doble vida?”. Lo piensa por un instante: “Sí, la de mi casa y la universidad, y la que soy por las noches. Aunque yo nunca me imaginé esto, yo pensaba en tener una vida de lo más normal, casarme, pero ahora lo que quiero es salir del país, ir donde alguno de los hombres que me ha prometido llevarme, ya cuando no dependa tanto de mis papás y aventarme, porque ahora no me atrevo”.

Sunshine durante su show. Foto cortesía de Sunshine

“¿Qué más planes tienes para tu vida?”, lo piensa unos segundos, toma un poco de té y me dice “Terminar la U , pero sin importar con cuáles notas. Y luego ver si puedo seguir haciendo lo del chat y que me paguen, y si se puede, vivir de eso. Por ahora el problema es que me piden la dirección de mi casa y piden la cuenta bancaria y no tengo”.

Me da curiosidad pensar en qué haría ella si viviera sola. Tendría ya un gran negocio, pienso. Le transmito mi curiosidad y me dice “Sí, ya hasta tuviera mi cuarto adaptado para eso, pero yo a veces me pregunto por qué es tanta la gana conmigo, si hay tantas mujeres en el chat que trabajan de eso. Yo creo que no les gusta que trabajen de eso porque saben que lo están haciendo con un montón de mara. En cambio yo soy una usuaria normal, que vive en una casa normal. Y a veces lo que les gusta es que les diga que tengo que esperar que mis papás se vayan a dormir y sienten bien chivo que estén viviendo esto conmigo”.

Sunshine ha llegado a pensar que todo lo que hace es una pérdida de tiempo, porque ahora ya hasta habla muy poco, casi nada, con su familia gracias a la adicción al chat. Cree que cuando algo más ocupe su tiempo, podrá dejarlo.

“Sí podría vivir de esto y me gustaría porque lo disfruto y aunque a veces me aburre y ya no quiero hacerlo, pero no porque me sienta mal. Nunca he tenido remordimientos de conciencia, aunque a veces quisiera tenerlos. Quisiera recapacitar y ver que realmente el esfuerzo físico que hago es demasiado, que mis prioridades no son las mismas que las de antes, que también ya casi ni hablo con nadie de mi familia”.

“Quisiera decir que lo voy a dejar, porque mucho me esta comiendo esto. Hubo un tiempo que ni comía, tenía hambre pero no me levantaba, iba al baño como dos veces nada más, casi no tomaba agua, no dormía y al final hasta me enfermé como una semana. Pero, a pesar de eso, nunca me he sentido mal, yo lo disfruto y aunque a veces quisiera dejarlo, no me interesa, aunque no sé si vale la pena todo esto”.

El show

Después de casi cuatro horas de hablar con Sunshine, sabía que tenía un buen material para escribir, pero yo nunca había visto o tenido ciber sexo. No podía escribir sobre algo que nunca había visto. Creí conveniente, y después de consultarlo con Sunshine, ver uno de sus show mientras lo hacía con alguno de sus ciber novios.

Hicimos una ciber cita, una madrugada. Abrió la cámara para mí y le dio mi correo a uno de sus ciber novios, un canadiense de 43 años. El acuerdo era entre ella y yo, el desconocía que yo estaba viéndolo, por lo que no tuvimos ningún tipo de contacto. El programa de Chat que utilizamos permite ver varias cámaras simultáneamente y además chatear con los usuarios. Yo, además, escribía la primera parte de este texto, mientras la cámara se mantenía en línea.

Ver a Sunshine actuando fue impresionante. Es otra persona completamente. Estaba acostada en su cama, boca abajo y escribiendo en su laptop. Usaba una blusa negra de tirantes, una falda azul negra adornada con piedritas. Tenía puestas una medias negras de nylon, con un tigre bordado en la parte lateral, en ambas piernas. El tigre tiene una simulación de diamante en el ojo, le cubre sus pantorrillas y su cola le rodea las rodillas.

Ella en sí misma es una tigresa en la cámara web. Sus poses sexys, su seguridad, sus ojos delicadamente delineados, fijos en la computadora, el arco de sus cejas trazados suavemente, sus labios pintados de rojo intenso, y su cabello que cae sobre sus hombros le dan un semblante sensual, diametralmente distinta a como se muestra en la vida real.

Ahora cambia de posición, se sienta en su escritorio, frente a la computadora. Muestra su cara y coloca un dedo un su boca y lo moja lentamente con sus labios rojos. La imagen es muy sugerente. Le digo en el chat: “qué chivos se te ven los labios, ¿Qué color usas?”. Veo por la cámara que intenta reírse. Me contesta: “No me hagas reír que estoy trabajando… jajaja”. Ya no digo, nada porque interrumpo la atmósfera en la que se encuentra.

Baja la cámara y muestra sus senos. Me sorprendo de la buena luz que tiene, se ve todo muy bien planificado. Poco a poco, se va despojando de su blusa. Se toca sensualmente y me comenta que está hablando bastante con su amigo. En pocos minutos se para y se va despojando de toda la ropa.

Me manda por la ventanita del chat una carita sonrojada. Me sorprendo, porque en la cámara pareciera que nada le importa, se muestra con una seguridad imponente, le pregunto qué le pasa. Y me dice “Estoy nerviosa que me veas”. Me doy cuenta de que hay una fisura en todo lo que ella muestra y dice ser. Por un lado, aparenta una gran seguridad y por el otro, su lado sensible, su lado humano, aunque esté en plena actuación. En varias ocasiones me reitera su nerviosismo. Le digo que si se siente incomoda que cierre la cámara. Me dice que no, que hay que seguir.

Sunshine muestra en cada uno de sus movimientos y acciones una libertad erótica, que muchos no se atreven a mostrar, en pocos minutos me dice que el tipo ya consiguió lo que tanto quería de ella. “Terminó el primer round”, me dice. Sigo trabajando en el texto y unos minutos después, me dice que ambos están cansados, las escenas eróticas terminan. Ella se queda hablando con él, mostrando su rostro, tierno y cansado.

Cuando ya me dispongo a dormir, abro la cámara nuevamente y me doy cuenta que han seguido hablando por horas, mientras yo trabajaba. “Eso es lo que me gusta, que después de hacerlo, se queden hablando, es la parte más interesante”, me escribe. Descubro otra fisura en su personalidad, en realidad no es el sexo lo importante. Creo que ella utiliza el sexo para hablar, para ser escuchada, para ser querida.

La aventura de esa noche termina, la cita es para mañana, mismo lugar y misma hora. Cierra la sesión del Chat. Sunshine se desmaquilla, se trasforma en la misma jovencita que conocí, aquel día en ese restaurante, las luces se apagan y vuelve a la orfandad de efectos paternos, a su habitación vacía y a su soledad.

Confirmo que Sunshine padece de una soledad terrible, esa soledad, que me manifiesta, siente después de cada show, cada vez que se desconecta del mundo cibernético y cada uno de sus ciber novios padece la misma soledad.

En la actualidad, pareciera que estamos más comunicados, más cerca de cualquier punto del mundo, pero nunca antes el ser humano ha sentido tanta soledad como hoy. Podemos hablar con personas al otro lado del mundo, pero no sabemos ni quién es el vecino. El chat trata de llenar ese vacío que tenemos los jóvenes actuales. Mientras dure el show, mientras estemos conectados, el mundo es menos solitario, menos excluyente, más cercano. Pero siempre llegue el momento de desconectarse.

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