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GUATEMALA I HONDURAS I NICARAGUA I COSTA RICA

GUATEMALA

Absurda actitud de salvadoreños
Editorial
Ciudad de Guatemala, 31 de mayo, Siglo XXI

En efecto, el alcalde de la cabecera departamental de San Miguel, Wilfredo Salgado, retiró a vendedores guatemaltecos los permisos para instalar negocios en dicha localidad, en represalia por el homicidio de Santiago Rivera Lobos, ocurrido en la ruta de Mazatenango a Retalhuleu la noche del viernes.

El asesinato de un empresario salvadoreño es el pretexto del alcalde de San Miguel para retirar permisos a comerciantes nacionales. Con actitudes poco civilizadas como éstas, en nada se contribuye a encontrarle soluciones a un problema común.

Cuando se creía que las irresponsables campañas de desprestigio contra Guatemala, que se acostumbran montar en El Salvador cada vez que aquí ocurren muertes violentas de ciudadanos del vecino país, ayer se conocieron absurdas medidas para impedir que comerciantes chapines puedan dedicarse a su actividad en territorio salvadoreño.

Quizá lo más preocupante es que, al contrario de los ataques anteriores, las órdenes fueron giradas por un representante de aquel Estado. En efecto, el alcalde de la cabecera departamental de San Miguel, Wilfredo Salgado, retiró a vendedores guatemaltecos los permisos para instalar negocios en dicha localidad, en represalia por el homicidio de Santiago Rivera Lobos, ocurrido en la ruta de Mazatenango a Retalhuleu la noche del viernes.

Como si se tratara de una escena propia de novela latinoamericana surrealista, el jefe municipal declaró: “En Guatemala acribillaron a un migueleño muy querido. En protesta, les mandamos a sus guatemaltecos”.
A juzgar por esta ridiculez, en la nación colindante hay personas empecinadas en enfocar los actos de violencia que afectan a sus connacionales como acciones deliberadas contra los salvadoreños que nos visitan, por la simple razón de ostentar aquella nacionalidad.

Se olvidan, muy a propósito, que el deplorable hecho en que perdiera la vida Rivera Lobos es el reflejo de una sociedad sacudida por el crimen, a cuyos alcances está expuesta cualquier persona, independientemente de su origen, sexo o creencia. Tampoco parecen recordar que el desborde delictivo se ha convertido en un flagelo de carácter regional, que trasciende fronteras, y que El Salvador no es un lugar más seguro que Guatemala.

Es cierto que las heridas causadas por aquella lamentable masacre donde perdieron la vida tres diputados salvadoreños al PARLACEN Y su chofer marcaron un momento especialmente agudo para las relaciones diplomáticas entre ambos países. Sin embargo, tampoco se puede negar que las autoridades guatemaltecas han trabajado intensamente para esclarecer el caso.

La lección para Salgado debería ser que, afortunadamente, los chapines y cuscatlecos de bien somos mucho más que los maleantes y gracias a ello hemos construido sólidos lazos de amistad durante siglos. También debería saber que con esas actitudes poco civilizadas, en nada se contribuye a encontrarle soluciones a un problema común. Trabajemos juntos contra ese terrible mal, pero condenemos también esas macondianas ordenanzas que, hoy por hoy, retratan a San Miguel como un poblado dirigido por irresponsables.

 

Señales contra el narcotráfico
Editorial
Ciudad de Guatemala, 30 de mayo, Siglo XXI

Una exigencia de EE.UU. obligó a la CSJ a presentar propuestas para mejorar la lucha contra los cárteles de la droga. Jueces itinerantes, Ley de Extradiciones y donación de decomisos son algunas medidas que pudieron plantearse hace tiempo. Gracias a que la Embajada de Estados Unidos le requirió a la Corte Suprema de Justicia (CSJ) un informe acerca de las acciones emprendidas en la lucha contra el narcotráfico, ahora es posible vislumbrar algunas propuestas que pueden mejorar los resultados en esa permanente batalla.

Pese a que se trata de un flagelo cuya peligrosidad nadie pone en duda y sus alcances han sido explicados abundantemente, sólo así los magistrados han empezado a analizar propuestas como la implementación de la figura de los jueces itinerantes y sugerido la necesidad de emitir una Ley de Extradición, entre otras acciones urgentes.

En el primer caso, se pretende que existan juzgados competentes para emitir órdenes de allanamiento a cualquier hora del día y con jurisdicción nacional. De aprobarse mediante una ley específica, se cree que esto vendría a resolver algunos problemas de filtración de información o tardanza inmoderada de estos trámites, circunstancias que en múltiples oportunidades han contribuido a que los presuntos implicados tengan todo el tiempo a su favor para escapar de las autoridades.

En cuanto a las extradiciones, los requerimientos de la embajada estadounidense hicieron que la CSJ se recordará de que es uno de los pocos órganos del Estado que gozan del derecho de iniciativa de ley y, por lo menos en su respuesta, considera indispensable que el país cuente con una normativa que defina los procedimientos administrativos y judiciales relacionados con este tema.

Los problemas que se han afrontado en esta materia, según la Corte , devienen de la ausencia de legislación que desarrolle los convenios y tratados internacionales, bilaterales y multilaterales, lo cual ha sido un factor determinante para que las solicitudes se queden estancadas y se dificulte la persecución penal.

Por otra parte, los máximos representantes judiciales le informaron a la representación diplomática acerca de las negociaciones con las carteras de Gobernación y la Defensa orientadas a firmar un Convenio de Cooperación para que los vehículos, naves, aeronaves y buques decomisados a los narcotraficantes sean donados a la Fuerza Aérea de Guatemala y a la División de Puertos y Aduanas, en lugar de que queden únicamente a disposición del Organismo Judicial.

Si bien se trata de acciones importantes para avanzar en la lucha contra los cárteles de la droga, no deja de ser lamentable que hasta ahora se decidieran a proponerlas. En todo caso, quizá convenga traer a colación aquella frase tan trillada: “Más vale tarde que nunca”.

 

HONDURAS

Reacción en cadena
Laura Inés Gómez Conde
Tegucigalpa, 28 de mayo, La Tribuna.

Otra de las razones es (seamos francos), que es tremendamente aburrido ver la estampa de un funcionario y oír informes generalmente plagados de cifras, que la mayoría no retiene ni entiende. En el caso de nuestro país, el anuncio de una cadena de dos horas durante diez días, tiene a muchos sumidos en el desconcierto y las consecuencias pueden ser varias y muy complejas.

Cuando aún no existía la televisión, en algunos países se implantaron las cadenas radiales para que las autoridades estatales brindaran informaciones al pueblo. Desde el inicio, estas medidas fueron impopulares en todas partes.

No es que carezca de importancia o constituya un signo negativo que los gobernantes mantengan una comunicación fluida con los gobernados, especialmente cuando el mensaje advierte de algún desastre o emergencia inminentes.

Posiblemente, la impopularidad se ha debido a que los acordes de una pieza clásica, folclórica o el mismo Himno Nacional del país en cuestión para anunciar una cadena; retrotrae a escuchas y televidentes al tiempo en que dichas cadenas sólo anunciaban golpes de Estado, revoluciones y otras tantas malas noticias.

Otra de las razones es (seamos francos) que es tremendamente aburrido ver la estampa de un funcionario y oír informes generalmente plagados de cifras, que la mayoría no retiene ni entiende. En el caso de nuestro país, el anuncio de una cadena de dos horas durante diez días, tiene a muchos sumidos en el desconcierto y las consecuencias pueden ser varias y muy complejas.

Primero: El tiempo escogido, de 10:00 p.m. a 12:00 a.m., es para muchos un horario pico de audiencia y televidencia y nos preguntamos: ¿Qué va a pasar con los anuncios de los patrocinadores?

Segundo: Hay comunicadores que laboran a destajo ¿qué va a pasar con la merma que, obviamente, se va a producir en sus ingresos?

Tercero: Estamos claros que el radioyente y el televidente tiene en sus manos, con sólo apretar un botón, la decisión de atender o no a la cadena. Si la atiende, no pasa nada y las autoridades logran su cometido de informar al pueblo. El problema es que no quiera atenderla y apague su radio o su televisor, ya que ni siquiera puede contar con el servicio de cable.

En este último caso, puede haber consecuencias a largo plazo, más exactamente entre febrero y marzo del 2008, donde podemos ser testigos de una explosión demográfica y se hará realidad el crecimiento de Honduras que se está anunciando en estos días, en este caso nos referimos a un crecimiento poblacional.

Realmente y con todo respeto, distinguidos señores gobernantes: Creemos que como dice el refrán: "Lo que está a la vista, no necesita anteojos".

 

Hemos hecho... pereré, pereré, pereré
Boris Zelaya Rubí
Tegucigalpa, 29 de mayo, La Tribuna .

De realizarse la cadena radial informativa, anunciada por el gobierno de la República , (según dicen durará dos horas diarias), tendremos mucho tiempo para leer antes de caer en los brazos de Morfeo, pues dudamos que alguien se someta a la tortura de escuchar repetidamente las obras realizadas, ya que para ello dos horas al mes serían más que suficientes.

No está lejana la posibilidad de que el mandatario se asesore de algún extranjero, para que lo oriente en cómo “electrizar” a las masas con discursos encendidos y lograr fanatizar con su exhibicionismo, deslumbrando a la gente con sus vastos conocimientos y que su popularidad alcance el por ciento. El camino más seguro para tener a la audiencia en contra, es tratando de demostrar superioridad con petulancia.

Ojalá que no sea una fórmula indicada por su asesora política favorita, para enfrentarse a los que según él, “gobiernan” el país. Desde ahora le auguramos un fracaso total. Y si se trata de enfrentar a la prensa, sería dar pasos en “arenas movedizas”. Observemos el resultado de violentar la libertad de prensa en Venezuela ¡repudio a nivel mundial!

Si se siente atacado por el hecho de no satisfacer los caprichos de algunos miembros del exclusivo club de millonarios hondureños, entonces haga uso de los medios legales a su alcance, como el derecho a réplica en los medios, en los mismos espacios donde supuestamente se calumnia. También puede protestar a través del Tribunal de Honor del Colegio de Periodistas, recurrir a la “invisible” comisión de censura dependiente del Ministerio de Gobernación, y a las ya famosas “querellas” por difamación en los tribunales de justicia nacionales. Por último le quedan las instancias legales a nivel internacional. Crear la figura de Ombudsman de la prensa, sería darle oportunidad a los partidos mayoritarios de repartirse más “chambas” y mantenerlos bajo su control. Devolver golpe con golpe, sería de duración indefinida, no le alcanzaría el poco tiempo que le queda para gobernar y cabalgar.

Pretender saber de todo y no decir nada, es hacer el ridículo, lo mejor es dejarle el trabajo de informar y defender el gobierno a los funcionarios de cada ramo, por medio de sus relacionadores públicos, eso sería lo más sensato, pero si se trata de demostrar quién manda, han escogido el peor camino.

Sólo falta que en la mentada cadena, después de oír las puestas de “primeras piedras” en proyectos a realizar, se escuche la voz del Presidente, cantando “que murmuren que murmuren...”.


NICARAGUA

Crimen y castigo
Sergio Ramírez
Managua, 31 de mayo, La Prensa

El reclamo de callar todas las voces que atentan contra determinada concepción cultural, parte necesariamente de la idea de que es necesario defender una identidad propia puesta en peligro por todo lo que viene de fuera de las fronteras, unas fronteras que no son sólo territoriales, sino también ideológicas. En este sentido, el Estado se hace cargo de promover y defender esa llamada identidad cultural, que se erige como oficial y frente a la cual no caben alternativas de expresión.

Unas semanas atrás la CNN había entrevistado en México a Teodoro Petkoff, el director del diario Tal Cual de Caracas, acerca del entonces inminente cierre de la emisora RCTV de Venezuela. Me tocó estar en México cuando en el mismo programa compareció una diputada, emisaria del Gobierno del presidente Chávez, para replicar a Petkoff, y su argumento capital para justificar la pena capital impuesta a la emisora, fue el de que en su programación introducía formas extrañas de cultura, que enajenaban las costumbres y creencias del pueblo venezolano.

He escuchado otras justificaciones oficiales, la más reiterada de ellas que se trataba de una emisora golpista, pues se había puesto del lado de quienes buscaron derrocar al presidente Chávez en el año 2002, y él mismo, tras dictar la sentencia, le fue contando con fruición los días que le quedaban de vida. Pero saber ahora que también se trata de un acto de represión ideológica y que la medida está destinada a restringir los espacios de convivencia cultural, me da una idea de lo que debe esperarse en el futuro.

El reclamo de callar todas las voces que atentan contra determinada concepción cultural, parte necesariamente de la idea de que es necesario defender una identidad propia puesta en peligro por todo lo que viene de fuera de las fronteras, unas fronteras que no son sólo territoriales, sino también ideológicas. En este sentido, el Estado se hace cargo de promover y defender esa llamada identidad cultural, que se erige como oficial y frente a la cual no caben alternativas de expresión.

El Estado bolivariano tiene una concepción oficial de su identidad política, que pasa a ser una identidad cultural. La misma definición de “Estado bolivariano” implica ya una definición nacionalista, que de acuerdo con la doctrina del presidente Chávez, reiterada en sus discursos, es popular además de nacionalista. Le he oído anunciar la filmación de superproducciones donde se narrará la vida y las hazañas de los héroes de Venezuela, para contrarrestar a las películas enajenantes de Hollywood, por ejemplo, y las emisiones de Telesur, su canal internacional de televisión, vienen a perseguir el mismo propósito.

A mí me parece bien que exista Telesur, porque brinda una alternativa de información dentro de la compleja red de ofertas que existe hoy día en el mundo, y si el presidente Chávez quiere realizar una multimillonaria inversión para que haya en Venezuela unos estudios de cine en competencia con los de Hollywood, ya se ve que tiene el dinero para hacerlo. Lo malo sería que en mi pantalla yo tuviera las veinticuatro horas del día nada más que Telesur, y a la hora de la película de la noche sólo vidas y hazañas de próceres y todo lo demás quedara fuera por tratarse de basura enajenante.

Si tras el cierre de la RCTV se extendiera por América Latina la ola justiciera en contra de la enajenación cultural inoculada por las emisoras de televisión, desde Miami a México, y de Río de Janeiro a Santiago, y de Bogotá a la propia Caracas, donde sobrevive Venevisión, los ayatolas culturales me dejarían con no poca nostalgia. Nostalgia por los chocarreros juicios fingidos delante de jueces de togas negras, en los que se ventilan a grito pelado conflictos familiares; por los edulcorados programas de entrevistas donde las amas de casa lloran sus penas delante de entrevistadoras implacables; por los longevos concursos de aficionados con premios vistosos, autos deportivos relucientes y viajes al fin del mundo, ofrecidos por presentadoras de sonrisa congelada; por las telenovelas venezolanas donde las heroínas y las malvadas, sobre todo las malvadas, se levantan ya maquilladas de la cama y los escenarios de casa rica parecen siempre las salas de exhibición de una tienda de muebles.

Sería mi nostalgia por el mal gusto, pero para miles de televidentes sería su nostalgia por lo que les gusta, que en asunto de preferencias no hay nada escrito. El gusto tiene que ver con la libertad, más allá de las categorías culturales oficiales, y suprimir las opciones, para dejar ver sólo lo que el criterio oficial determina que uno debe ver, es como levantar barrotes de acero frente a la pantalla y hacer de cada hogar una celda de castigo. Es obligarlo a uno a entregar al Estado el poder de decidir acerca de lo que quiere ver o escuchar, en la televisión, en el cine y en la radio, de donde fácilmente se pasa a arrebatarle a uno ese mismo poder en lo que respecta a lo que quiere leer.

Es la gran distancia entre lo que uno quiere hacer y lo que otros determinan desde arriba que uno debe hacer. En lugar de las transmisiones enajenantes de la RCTV , habrá ahora en Venezuela un canal oficial con programas de sanos esparcimientos, a prueba de enajenación, ideológicamente correctos y culturalmente pulcros y con noticieros bien filtrados. Programas que para alcanzar la sanidad moral y la pureza ideológica tendrán que ser elaborados necesariamente por un eficiente equipo de ángeles celestiales, de pensamiento homogéneo y a prueba de tentaciones y deslices. Las telenovelas tendrán ahora mensaje moral. ¡Telenovelas sanas, sin colesterol!

¿Y quién dice que esos ángeles militantes serán ajenos a la mediocridad, al mal gusto, y a la ortodoxia ramplona? No olvidemos que se tratará de ángeles disciplinados y que toda ortodoxia es enemiga acérrima de la imaginación, que es la más soberana forma de libertad. Y tampoco olvidemos que cuando el Estado se mete con las preferencias personales para reglamentarlas y conducirlas, al ofrecer el cielo, nos da el infierno.

 

La dulce tentación de la censura
Rodolfo Pérez García
Managua, 29 de mayo, El Nuevo Diario

Depende de nosotros quitarles a estos intolerantes el sabor de la censura de sus bocas y cerebros; si ya con sólo criticarlos les retiran la cortesía a quienes les pagamos su salario, ya no digamos si les dejamos la posibilidad de darles manos libres para censurar la críticas que valientemente todavía muchos somos capaces de hacerles, a pesar de sus amenazas, que el solo intento de censurar les envenene sus intentos de recuperar su papel de totalitarios.

Los derechos fundamentales a la libertad de expresión, opinión, pensamiento y a la libertad de información no fueron otorgados como una dádiva por el Estado, cada uno de ellos tiene una larga trayectoria de lucha en la que se ha derramado mucha sangre de gente valiente.

La historia moderna nos enseña que todos estos derechos han tenido que ser arrebatados a la fuerza a quienes han detentado el poder político en nuestros pueblos. La larga tradición de dictaduras militares tiene como denominador común la represión al pensamiento que siquiera vislumbre un sentido crítico a quienes están gobernando los destinos de un pueblo. A veces es fácil dar una opinión a favor de aquellos que no aceptan críticas, de quienes somos capaces de decir que no estamos de acuerdo con actitudes de aquellos que tienen la posibilidad de tomar decisiones, que afectan a las mayorías de forma sustancialmente negativa, pero esos que defienden a los censores no tienen ni la más mínima idea del sagrado derecho a expresarse.

Al llegar al poder se lleva consigo un sinnúmero de imperfecciones y malas tentaciones que como seres humanos hemos sido influenciados a lo largo de nuestra vida; en muchas ocasiones hasta la convivencia familiar o social marca nuestras conductas a lo largo de nuestra trayectoria, quienes ostentan el poder político no están exentos de ello.

Es importante destacar el entorno en el cual nos hemos desarrollado, suponiendo en primer lugar el desconocimiento absoluto de los derechos fundamentales, tarea pendiente de enseñanza que siguen teniendo los Estados; el desarrollo personal muchas veces está ligado a conductas del mismo entorno, ejemplo de ello es la represión de nuestros padres durante la infancia, la tradición ha marcado que los niños no pueden ni deben opinar en las cosas de los adultos, mucho menos se les ocurra criticar a aquellos que les dan de comer, mantienen la casa, y máxime si les dieron el privilegio de venir a este mundo. En esta relación filio-paterna está claramente definido quién es la autoridad y quiénes los subordinados, parte de esa censura es también impuesta a las madres dependientes y sometidas a las más duras formas de machismo latinas.

Marcada esta forma de vida en nuestras conciencias es que llegamos a la adolescencia, una etapa de rebeldía en la cual lo único que pretendemos hacer es romper el estado de las cosas, oponernos a veces hasta la más mínima forma de control. En ese momento tenemos pocos caminos, entre ellos descarriarnos socialmente y convertirnos en delincuentes o políticos corruptos, o por otro lado asumir la responsabilidad de dar un giro responsable a nuestras vidas.

Aquellos que optan por la carrera política andan en la búsqueda, a veces inconscientes, de la venganza por lo que sufrieron de niños; acá entra en juego aquel dicho de que no busco quien me las hizo, sino quien me las pague. Sin justificar en lo más mínimo esta errada actitud, llegan al poder con una barrera infranqueable construida desde años de sufrimiento en relación al rechazo de cualquier tipo de cuestionamientos, su actitud soberbia se convierte en una fortaleza inexpugnable de perfección casi divina, comienzan a rodearse de aquellos que no son capaces, muchas veces por conveniencia, de criticar en lo más mínimo cualquier tipo de decisión que tome el megalómano dirigente por muy errada que ésta sea.

Lejos de ayudar a esta persona, lo que hacen los más allegados es seguir alimentando el trastorno de personalidad que cada día se agrava, principalmente si este enfermo tiene la posibilidad de subir a una tarima y escuchar una plaza llena de borregos gritando desaforadamente que tiene la razón en todo lo que dice o hace. Este comportamiento ha sido el típico de los dictadores, al creer que tienen la verdad absoluta en sus manos y que además son incuestionables por la gracia divina, por el poder del petróleo o por cualquier otra locura, el dulce sabor de la censura llena su boca y su cerebro, las principales víctimas son los adversarios políticos, la censura se convierte en una política de Estado y creyendo destruir con esto el pasado represivo de su infancia, someten a cualquier tipo de atropello a quienes todavía luchan por decirle la verdad en su cara.

Es difícil para este tipo de enfermos aceptar una crítica por muy constructiva que ésta sea, ya ni los más cercanos se salvan de la paranoia que en muchas ocasiones va asociada en estos casos clínicos.

Los funcionarios cercanos a su gobierno, tras un proceso de desalienación mental y producto de la embriaguez por haber recuperado el poder que durante muchos años soñaron, despiertan a la racionalidad objetiva y se dan cuenta de los grandes desastres gubernamentales, económicos y políticos que ellos mismos están ayudando a cometer, tras ese despertar a la cordura se atreven a criticar tímidamente a quienes ostentan el férreo poder; en un acto valiente y osado se arriesgan a preguntar antes de obedecer una orden, eso basta para que en menos que cante un gallo la consorte del ungido divino las ponga de patitas en la calle sin tomar en cuenta su trayectoria, noches de desvelo en la campaña o el perfecto currículum para ocupar el puesto en el que habían sido nombrados. Lo peor es que rechazando su propia inteligencia, tras el despido crudo e injustificado, salen dando declaraciones a los medios de comunicación apoyando las decisiones del soberano. Esto nos indica que la cordura era temporal y tras la irreflexiva decisión de criticar, regresan al estado vegetal de su cerebro para seguir gritando a todo pulmón las consignas del partido.

Tras estas experiencias reales que trastocan cualquier teoría psicológica de la conducta, se deja entrever un grave peligro para quienes todavía pensamos por nosotros mismos: el poder y sus allegados apuntan sus cañones contra los medios de comunicación privados independientes, sin embargo, suelen suceder algunas paradojas, por ejemplo, un canal privado que de la noche a la mañana se convierte en el canal oficial del Estado-Partido y así se garantiza su subsistencia parasitaria los próximos años del gobierno, pero aquellos a quienes los califican de las peores maneras para desprestigiarlos comienzan a sufrir la censura más refinada que va desde la exclusión de la pauta publicitaria del Estado hasta la cancelación de la licencia para transmitir libremente un mensaje que no está acorde con los nuevos dictadores latinoamericanos. Parece mentira, pero este tipo de barbaries en ocasiones tiene ecos oficiales en aquellos gobiernos que han comprometido la soberanía de sus pueblos a cambio de dinero, falsas promesas o socialismos trasnochados que ya ni los bolcheviques más radicales son capaces de aplicarlos en los nuevos contextos, donde los llamados revolucionarios son más burgueses que aquellos que dicen combatir con sus medidas económicas.

Finalmente, depende de nosotros quitarles a estos intolerantes el sabor de la censura de sus bocas y cerebros; si ya con sólo criticarlos les retiran la cortesía a quienes les pagamos su salario, ya no digamos si les dejamos la posibilidad de darles manos libres para censurar la críticas que valientemente todavía muchos somos capaces de hacerles, a pesar de sus amenazas, que el solo intento de censurar les envenene sus intentos de recuperar su papel de totalitarios

 

La dictadura perfecta del siglo XXI
Pedro Joaquín Chamorro B.
Managua, 29 de mayo, La Prensa

¿Por qué entonces empecinarse en una regresión y como si esto fuera poco, exportarla hacia otros países de América como si fuera un exótico producto nuevo? Tarea muy dura por cierto, porque en estos días navegar hacia la dictadura bajo cualquier bandera, es navegar contra la corriente y eso es precisamente lo que está haciendo el presidente Hugo Chávez, al cerrar medios de comunicación de un plumazo, a como acostumbran hacer los dictadores, simplemente porque no puede tolerar la libertad de prensa.

Diré para comenzar, que por mi formación democrática y porque le he dedicado la mayor parte de mi vida al periodismo, no puedo tolerar el cierre de una radioemisora, de una televisora o un diario, aunque los motivos se fundamenten en una causa tan linda, inofensiva y novedosa, como “en socialismo del siglo XXI”, “el poder popular”, o incluso el “pueblo presidente”. Todos aforismos de lo mismo, dicho en diferentes épocas: huele a dictadura.

De niño me enseñaron un principio cristiano: que el fin no justifica los medios, peor aún, en este caso, el del cierre de Radio Caracas Televisión, ni el fin es justificado, ni mucho menos, los medios.

Da pena, que en un país como Venezuela, que hace apenas unos años nos dio clase de democracia, su gobernante utilice hoy el mandato popular que el pueblo depositó en él, para destruir los mismos cimientos de la democracia que le llevaron al poder.

Las dictaduras que cerraban diarios, que censuraban, que perseguían a la Iglesia , han pasado a la historia en el siglo XXI y los jóvenes no tienen idea de lo que fueron. Las libertades que hoy disfrutan han costado muchos sacrificios como para echarlas en el basurero de la historia.

Los albores del siglo XXI vieron caer las más temibles dictaduras del mundo: recuerdan la República Democrática de Alemania, Albania, Rumania, la URSS , Bulgaria, Cambodia, las de África, como la de Idi Amín Dada, las de América como la de Augusto Pinochet, Alfredo Stroessner, los Somoza, Trujillo, Pérez Jiménez, los nefastos regímenes militares de Argentina, en fin, todas las dictaduras han ido desapareciendo más temprano que tarde, antes de la entrada del presente siglo, dando paso a formas de gobierno más democráticas en todo el mundo.

¿Por qué entonces empecinarse en una regresión y como si esto fuera poco, exportarla hacia otros países de América como si fuera un exótico producto nuevo? Tarea muy dura por cierto, porque en estos días navegar hacia la dictadura bajo cualquier bandera, es navegar contra la corriente y eso es precisamente lo que está haciendo el presidente Hugo Chávez, al cerrar medios de comunicación de un plumazo, a como acostumbran hacer los dictadores, simplemente porque no puede tolerar la libertad de prensa.

Mal hace el presidente Ortega, al aplaudir ese gesto sobre todo teniendo en cuenta que su récord en los años ochenta está plagado de agresiones en contra de la libertad de prensa, bajo todas sus acepciones como: censura previa, cierres parciales, cierres definitivos y confiscaciones.

Desde el Diario LA PRENSA yo estuve en primera línea de la defensa de la libertad de prensa en los años ochenta y es por eso, que en estos momentos no le debe sorprender a nadie mi solidaridad más fraterna con los trabajadores RCTV. Sólo me resta un consuelo para los venezolanos y los trabajadores de Radio Caracas Televisión y es que pueden estar seguros que vendrán mejores tiempos porque como dice el sabio proverbio que me enseñó mi madre: “No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”.

Está claro que Chávez no se encamina entonces hacia el idílico “socialismo del siglo XXI”, se encamina hacia la “dictadura perfecta”, lo cual tampoco existe porque en el siglo XXI ésta no se puede comprar… ni con todos los barriles de petróleo .

 


Costa Rica

Mas allá del ‘sí' o del ‘no'
Roberto J. Gallardo N. , politólogo
San José, 31 mayo, La Nación

La realización de un referéndum sobre el Tratado de Libre Comercio es una buena noticia, no solo porque permite decidir sobre un tema que ha mantenido en vilo al país en los últimos tres años, sino también porque será una oportunidad inmejorable para saber algunas cosas sobre la calidad de la ciudadanía, la representación política que se quiere y el verdadero peso político de algunos grupos en Cosa Rica.

Durante algún tiempo hemos sido testigos de la exaltación de cierto tipo de comportamiento político. Por ejemplo, el fenómeno del abstencionismo electoral ha sido celebrado por algunos como el resultado de una conciencia política superior de aquellos que se abstienen. Tanto es así, que la legitimidad de un gobierno no la otorgan quienes votan, sino quienes no lo hacen, aun cuando estos últimos sean minoría. Es indudable que hay razones para el alejamiento de la gente, pero la solución es, más bien, una mayor participación, no el retiro del escenario político ni la indiferencia hacia los asuntos que nos conciernen como colectividad.

Aclaración del panorama. Es aquí donde se puede comenzar a aclarar un tema que ha gravitado en la política nacional en las últimas tres elecciones presidenciales. En el referendo sobre el TLC no vale la excusa de la decepción con la política para no participar. El porcentaje de gente que vaya a votar va a señalar un rumbo para las próximas décadas. Si la ciudadanía responde y ejerce masivamente su derecho a decidir sobre el tema que, sin duda, ha dominado el intercambio político de los últimos años y que a todos concierne, los políticos deberán poner las barbas en remojo porque efectivamente el abstencionismo es una protesta en contra de la calidad de la representación que ofrecen. Pero si la participación es similar a la de las elecciones nacionales, o aún menor, sabremos con certeza que una parte de la población ha decidido desligarse del proceso de toma de decisiones de manera definitiva. Esto, de alguna forma, aclarará el panorama futuro, y cualquier reforma política deberá tomar en cuenta esta nueva realidad cívica.

Detrás de esa glorificación del abstencionista, hay una intención política. Y es que, cuando un sector de la población no se manifiesta, es más fácil arrogarse su representación, sin tener que presentarse a unas elecciones que se desestiman como un ejercicio inútil que no otorga legitimidad. Esto es precisamente lo que hacen algunas organizaciones, que aparentemente pretenden –y prefieren– existir en el mundo de las representaciones simbólicas, no cuantificables.

Peso político real. Esto nos lleva al segundo punto, que permitiría ponderar algunas cosas. El país conocerá con certeza en el referéndum el peso político de ciertas organizaciones y su verdadera capacidad de movilización. Por esto, para algunos el referéndum es una mala noticia, porque determinará, de una vez por todas, la verdadera magnitud de esa representación que tan alegremente –y de manera algo arrogante– se atribuyen. Precisamente por eso insistieron en que no se aceptara la convocatoria al referéndum que hizo el Poder Ejecutivo, porque mediante la fase de recolección de firmas se pretendía atrasar el proceso hasta un punto en el que ya no fuera necesario hacer la consulta, dado el agotamiento de los plazos de aprobación que el país tiene para pronunciarse. Además, aunque habrá gente honestamente preocupada por el tema de la constitucionalidad del TLC, otros pretenden que, con la consulta previa del Tratado, la Sala Constitucional les saque las castañas del fuego, pues un pronunciamiento negativo evitaría un referéndum al que, a todas luces, temen.

Por último, no por eso menos importante, la celebración del referéndum le evitará al país seguir oyendo tonterías como “referéndum de la calle” , “derecho de rebelión” y “democracia de la calle”, las que ha tenido que soportar en estos casi tres años. Evitará además la confrontación violenta que algunos anhelan y obligará a ciertas personas a encontrar otro propósito a sus vidas. Solo esto justifica con creces la celebración de la consulta.

 

Con amenazas no se hace un país
Pablo Guerén Catepillán, periodista
San José, 31 de mayo, La Nación

Si el TLC se aprueba en la consulta popular, habrá bloqueos, protestas y los servicios del ICE se paralizarán.

El lado bueno de esta contradicción brutal es que a usted, estimada y estimado costarricense, le queda muy claro cuál es el grado de respeto que estos señores del “no” tienen por su derecho a votar y por nuestra democracia.

El 7 de noviembre del 2006, uno de los líderes del sector anti-TLC y secretario general de la ANEP , Albino Vargas, hizo público un documento llamado “TLC: Una decisión de todo el pueblo”.

En dicho artículo, don Albino aseguraba textualmente que “el TLC debería ser una decisión de todo el pueblo, a través de una amplia consulta democrática a todos los ciudadanos y a todas las ciudadanas mayores de 16 años; un verdadero referéndum como se hace en las democracias modernas de la Unión Europea cuando se trata de decisiones de este calibre”.

Bellas palabras que parecen haber quedado en eso porque, tan solo seis meses después, el sector opuesto al TLC ha cambiado de posición. Ahora, con el referéndum a la vuelta de la esquina, a los sindicalistas del “no” poco o nada les interesa la opinión del pueblo y amenazan con desconocer el resultado.

En evidencia. Entrevistado por Al Día el pasado 23 de mayo, el sindicalista del ICE Jorge Arguedas fue clarito. Si el TLC se aprueba en la consulta popular, habrá bloqueos, protestas y los servicios del ICE se paralizarán.

El lado bueno de esta contradicción brutal es que a usted, estimada y estimado costarricense, le queda muy claro cuál es el grado de respeto que estos señores del “no” tienen por su derecho a votar y por nuestra democracia.

También queda en evidencia cuál es la oferta de país que estos grupos nos plantean en caso de rechazarse el Tratado. Es un cóctel de violencia, paralización, desabastecimiento y miedo. Esas son palabras que lamentablemente viven a diario los habitantes de países manejados por comunistas y populistas que, vaya tremenda casualidad, son los mismos que don Albino y don Jorge nos llaman a seguir como ejemplo.

¿Por qué no? El mismo don Albino advertía en su artículo que “una gigantesca red de solidaridad internacional está lista para entrar en acción” en Costa Rica. No mentía el sindicalista. Fidel Castro y Hugo Chávez han gastado bastante tinta en los últimos días llamando a los costarricenses a rechazar el TLC en el referéndum.

Pero ahí es válido preguntarse: ¿Por qué, entonces, Castro y Chávez no hicieron lo mismo en la Nicaragua de Daniel Ortega que hace rato puso en vigencia el TLC? Y, es más, ¿por qué no le exigen a su socio nicaragüense en el ALBA que se salga de inmediato del tratado con Washington?

Insisto: el “no” sindicalista se sustenta en puras incongruencias y amenazas, y con eso, ciertamente, no se construye esa Costa Rica desarrollada con la que yo y usted soñamos para nuestros hijos.

 

¿Afecta el TLC al turismo?
Mario Mikowski
San José, 31 de mayo, La Nación

Muchos me preguntan qué tiene que ver la industria turística con el Tratado de Libre Comercio. Sobre el papel, la negociación incluye el movimiento de productos entre países y el tema del turismo no está explícitamente incluido dentro de la negociación. Por esto, muchos colegas del sector piensan que el TLC no tocará sus bolsillos, y definen su voto con el corazón.

Recientemente he hablado con muchas personas del sector turístico sobre su intención de voto en el referendo del TLC. La primera conclusión es que a una mayoría importante no le interesa o no conoce el tema en discusión. Quienes sí conocen del tema votarán principalmente con el bolsillo: su voto estará basado en la percepción individual de cómo afectara el TLC a sus finanzas personales. Aquellos que determinen que el TLC no afectara sus bolsillos, votarán con el corazón; las pasiones personales sobre la línea política o ideológica definirán la decisión de votar. En último lugar, algunos colegas votarán con la cabeza; muchas personas dejan la lógica en el tercer plano cuando el tema es definir la posición sobre el TLC.

Muchos me preguntan qué tiene que ver la industria turística con el Tratado de Libre Comercio. Sobre el papel, la negociación incluye el movimiento de productos entre países y el tema del turismo no está explícitamente incluido dentro de la negociación. Por esto, muchos colegas del sector piensan que el TLC no tocará sus bolsillos, y definen su voto con el corazón. De esta forma, el bloque de votantes mas grande del país –el turismo es la principal fuente de empleos directos e indirectos– piensa votar en el referendo dejándose influenciar por las pasiones que pronto florecerán en todos los rincones del país, y probablemente dejándose influenciar por aquellos grupos de presión que intentarán manipular las masas.

Origen de la mayoría. Hagamos un alto y utilicemos la lógica para analizar si existe alguna relación directa entre el TLC y el turismo. La base de la industria turística costarricense es el mercado estadounidense. Más del 65% de los visitantes al país provienen de Los Ángeles, Nueva York, Chicago, Miami, Washington, Boston y otras ciudades norteamericanas. Marcas de prestigio internacional como Marriott, Hilton, St. Regis, Intercontinental, Best Western y Holiday Inn tienen importante presencia en el país. Importantes líneas aéreas como Delta, American, Continental, Spirit y USAir son empresas norteamericanas que a diario traen visitantes. Estas realidades nos llevan a concluir que, sin duda, el turismo depende de nuestra imagen en el mercado norteamericano y de las decisiones de muchas de estas empresas multinacionales.

¿Qué pasaría si en el referendo ganase el NO? La noticia circularía en los principales medios de comunicación en EE. UU. La negativa de Costa Rica a firmar el TLC se interpretará como una actitud antiestadounidense y afectará la imagen del país. El no sentirse bienvenido en un destino turístico afecta, sin duda, la decisión de visita y sería muy probable que los turistas decidan cambiar sus vacaciones a destinos percibidos como pro Estados Unidos: México, Guatemala, Panamá o República Dominicana.

Existen en el país más de 20 proyectos de hotelería y bienes raíces de gran escala en diversas etapas de desarrollo y dependen directamente de la buena salud de la industria turística. Inversiones multimillonarias con fondos norteamericanos que traerán miles de empleos en construcción, diseño arquitectónico, hotelería, operación de tours y transportes. Indirectamente se beneficiarán los agricultores, ganaderos, guías turísticos, escuelas de hotelería, inglés y gastronomía y otros importantes sectores económicos. El triunfo del NO probablemente ahuyentará a los inversionistas y congelará el progreso de estos grandes proyectos y fuentes de trabajo. Los grandes perdedores serán entonces Guanacaste, el Pacífico Central y Sur, San Carlos y la capital.

¿A la lista negra? El referendo del 23 de setiembre definirá la imagen de Costa Rica en EE. UU. Es probable que, para los turistas estadounidenses, una negativa de Costa Rica a aprobar el TLC pase al país a la lista “negra” de los países latinoamericanos vistos como anti norteamericanos, que incluyen a Venezuela, Cuba y Bolivia.

Para quienes están considerando no votar en el referendo del TLC, los invito a reflexionar sobre el futuro del país. A los colegas y trabajadores en la industria turística de Costa Rica, principal motor de la economía, los invito a dejar el corazón de lado y votar con la cabeza. El TLC es más que un tratado de libre comercio. El resultado del referendo definirá las relaciones políticas, económicas y comerciales entre Costa Rica y EE. UU.

Todos estamos conscientes de que el TLC no es un tratado perfecto. Existirán sectores que se beneficien y sectores que se perjudiquen. No todos perderemos y no todos ganaremos con el SÍ o con el NO. Reto a los miembros del sector turístico a evaluar si nuestra industria estará mejor con el TLC o sin él. A quienes consideran que votar en contra no afectara el turismo, los insto a expresar su plan para recuperar la pérdida de imagen en EE. UU. o para reemplazar el 65% del mercado que potencialmente podríamos perder. Tal vez, aquellos colegas en turismo que piensan votar NO esperan reemplazar los 900.000 visitantes de EE. UU. Con un número similar de turistas cubanos, bolivianos y venezolanos. ¿O será que Chávez financiara los más de 20 proyectos de hotelería que nosotros podríamos perder?

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