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Salarrué retrató a la Ciguanaba en la pintura Cihuahuat.

La Ciguanaba está en San Salvador

 

La Ciguanaba se pasea por las calles citadinas desde hace años. Pasó las fronteras del tiempo, del espacio, se convirtió en migrante campo-ciudad. Se puso maquillaje y tacones altos. Ya no estrella sus chiches contra las piedras de los ríos. Ahora se para de espaldas a las calles y las avenidas o saquea negocios y clínicas comunales.

 

Logra poner a dormir a abogados de saco y corbata, que le
ofrecen llevarla como pasajera; y también a vigilantes que
cuidan las instalaciones de establecimientos públicos y privados.


Lunes 11 de junio de 2007
Georgina Vanegas
gvanegas@centroamerica21.com

 

Sin embargo, la imagen popular describe a la Ciguanaba como el espíritu de una mujer de largas cabelleras, uñas puntiagudas y dientes filosos. Se aparecía en los ríos y quebradas a los hombres que viajaban de noche, por las veredas.

 

Estas características las comparte con el mito de la Descarnada : esa mujer de ojos grandes, cabello largo y cuerpo escultural, que se le aparecía a los conductores en la carretera que va hacia el departamento de La Libertad. Cuando el hombre intentaba enamorarla, se le comenzaba a desprender la piel del rostro de a pocos.

 

Según Manuel Velasco, catedrático de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) estos relatos mito-mágicos comparten ciertas características con un personaje real: la dormilona, ese personaje que coloca sustancias adormecedoras en la bebida de sus clientes, a los que promete una noche de placer. Cuando están inconscientes, la dormilona roba relojes, pulseras, dinero y demás objetos de valor. Cuando el hombre despierta no recuerda lo que pasó. A veces no despierta, muere por sobredosis de estupefacientes.

 

“ La relación entre los tres relatos es notable. Tanto la Ciguanaba , la Descarnada y las Dormilonas tienen preferencia por los hombres mujeriegos, ‘picarones' y bebedores. En los tres relatos, los hombres llevan las de perder y las mujeres son las grandes triunfadoras, en una especie de reivindicación del género femenino”, escribió en su ensayo Los hilos del ingenio colectivo (tradiciones, mitos y relatos salvadoreños en un mundo globalizad o). Hace siete años, Manuel Velasco expuso esta intuición en el “II Congreso Internacional Cultura y Desarrollo”, en Cuba.

 

La Ciguanaba sigue vigente

 

Sin embargo, no puede decirse que la imagen tradicional de la Ciguanaba haya desaparecido en el tiempo. Así lo indica Carlos Lara, director de Instituto de Estudios Históricos, Antropológicos y Arqueológicos de la Universidad de El Salvador (UES): “ El mito de la Ciguanaba sigue vigente. No es un mito solo del pasado”, dice al referirse al sector salvadoreño que cree en la existencia de la que, cuando era hermosa, llamaban Cihuanahuat.

 

El antropólogo se refiere a la población que conserva la creencia en la Ciguanaba. Según Lara, está conformada por una buena parte del sector rural y un poco del urbano del país.

 

Lara admite que algunas características de la Ciguanaba y la Descarnada pudieron transferirse al relato de las dormilonas, pero enfatiza que esto no conlleva la desaparición de estas precursoras: “No hay necesidad de que el mito desaparezca. Puede continuar y transmitir determinadas características. Por ejemplo, el caso de las dormilonas, que ya sería como una realización del mito en el contexto urbano”.

 

También alude al sector que no cree en este relato pero que lo conoce. En este caso, “cumple una función: la identidad cultural”, explica.

 

Rojo sobre verde pintura de Antonio Bonilla

La Ciguanaba

 

Esta identidad se conformó desde hace mucho tiempo en base a elementos como la presencia de una moraleja que dejaba un encuentro con La Ciguanaba. Los hombres trasnochadores podían encontrarla bañándose en el río. Pensaban que estaba lavando ropa pero el sonido que oían era el de sus chiches que golpeaban constantemente las piedras de las quebradas y ríos.

 

Pero cuando el hombre la veía o la subía a su caballo, La Ciguanaba comenzaba a reírse a carcajadas y mostraba los dientes enormes y las uñas largas, filosas y puntiagudas, y las enormes chiches colgantes que Salarrué retrató en la pintura Cihuanahuat .

 

Muchos de estos hombres estaban borrachos, como el Tío Hilario del relato de Arturo Ambrogi: “ El tío Hilario regresaba a su vivienda, más tomado, esta vez, de lo que le era habitual”, cuenta el escritor salvadoreño en su relato La Siguanaba . Es una de las varias versiones que dio origen la tradición oral sobre este espíritu que vagaba entre los matorrales y se bañaba en las quebradas.

 

En este relato, Hilario termina tirado en el piso, inconsciente, luego de que la Ciguanaba asustara al caballo que los llevaba a ambos y los arrojara de su lomo. La Ciguanaba lo dejó ahí y se fue riendo a carcajadas.

 

“ El mensaje es claro: hay que ser fieles, no hay que trasnochar, no hay que beber más de la cuenta y hay que dejar de andar con picardías”, escribió Manuel Velasco en el ensayo.

 

La Descarnada

 

Pero en los años ochenta, la Ciguanaba se dejó ver ya no solo en los ríos, cerca de pozos y quebradas, sino en un ambiente parecido al urbano. Ya había carreteras, calles empedradas y camiones.

 

En este contexto surge la Descarnada : una mujer bonita, de cuerpo voluptuoso, cabello largo y ojos grandes que caminaba sola por la carretera que llevaba a la zona costera del país. Los conductores, particulares o del transporte colectivo, se detenían y se ofrecían a llevarla. Tal como el Don Tadeo del salvadoreño Rigoberto Gálvez, en su versión de La Descarnada .

 

“Don Tadeo, considerándose todo un Don Juan Tenorio se preparaba, peinándose y viéndose en el espejo, cuando calculaba que la mujer aparecería en la misma vereda de siempre”, escribió Gálvez. Esa mujer, “de unos treinta años, piel morena, de ojos negros y cabello largo que se veía muy segura de sí misma” era la Descarnada. Y aunque había una niña Chabe en la vida de Don Tadeo, no dudaba en repetir la misma rutina cada vez que recogía a aquella mujer, en el municipio de Apaneca, Sonsonate.

 

Tadeo no supo que era la Descarnada hasta que vio cómo sus labios se le desprendieron de la cara, después su mandíbula y por último todo el lado izquierdo del rostro. Entonces se asustó, el autobús se fue al precipicio y el conductor sobrevivió, pero pasó el resto de sus días en un manicomio.

 

En este relato también pueden observarse elementos que hacen referencia a la moraleja que se aprende del relato de la Ciguanaba. “ El mayor valor del mito es que dicta valores, concepciones y acciones que orientan la vida cotidiana de los individuos”, asegura Lara. Recalca que en el caso del relato mito-mágico de la Ciguanaba , tanto como en el de la Descarnada , se preserva “el (valor) de la fidelidad marital en función de la unión familiar y esta en función de la supervivencia”.

 

Manuel Velasco también habló sobre la Descarnada en Cuba, donde presentó las tesis centrales del ensayo. Describió a este personaje en este país donde hay referentes con características que recuerdan a la Ciguanaba y a la Descarnada , como la Tatagua. Era una hermosa india, dada a las fiestas y diversiones, que dejaba a sus hijos solos en casa para cantar y bailar en las noches de parranda. En castigo por su descuido, el dios del mal la transformó en Tatagua, la mariposa bruja.

 

Pero ¿por qué la figura de una mujer descarnada? ¿Por qué la Descarnada no se convierte en una mariposa bruja? Lara apunta a que esta característica de este mito responde a la realidad cotidiana de los ochenta.

 

En ese entonces el país vivía las balas, las bombas, y no era raro encontrar cadáveres desollados en las calles o en cestas de basura, como recuerda Manuel Velasco: “Yo, al igual que muchos de mi generación, crecimos viendo ese tipo de cuerpos. Me acuerdo de que iba saliendo de la casa una mañana y veía un pedazo de cuerpo desmembrado”.

Pero la Descarnada no murió en ese accidente de autobús que cuenta el relato de Gálvez. Sobrevivió, como Tadeo. Como lo sostiene Velasco, la descarnada y la dormilona viven también en los discursos que la población y los medios de comunicación han hecho de ellas un personaje real: la dormilona.

 

La dormilona

 

“Cae banda de dormilonas”, “Dormilonas en Nueva San Salvador roban en clínica comunal”, “Caen dos supuestas dormilonas” son algunos de los titulares que la prensa nacional publicó a inicios de esta década.

 

La figura de la dormilona nació en 1992, después de que en el castillo de Chapultepeq se firmaran los acuerdos de paz que pondrían fin a 12 años de enfrentamiento armado en El Salvador.

 

Las dormilonas, comparten rasgos con los dos relatos mito-mágicos: “ Prefieren a los hombres mujeriegos que beben más de la cuenta, a quienes cuando ya llevan varios tragos de licor, pueden ponerle una sustancia que provoca adormecimiento”, cuenta Velasco en su ensayo.

 

Sin embargo, Lara llama la atención sobre diferencias entre la Ciguanaba y las dormilonas: “ la Ciguanaba no es una prostituta. Es un espíritu”, comenta. No se trata de una prostituta como la que el pintor salvadoreño Antonio Bonilla retrató en Rojo sobre verde . El cuadro “es la primera impresión de un adolescente con una puta”, dice el autor.

 

La Ciguanaba se representa como una amante, y esto da pie a otras lecturas, según Lara. “La prostituta no pone en peligro la unidad de la familia, la amante sí, porque en un momento dado, el hombre se puede ir con ella, pero en muy raras ocasiones se va a ir con la prostituta”, sostiene.

 

Sin embargo, el antropólogo también observa la presencia del mismo discurso empleado en los relatos de la Ciguanaba y la Descarnada : “Lo que podría ver en común entre la Ciguanaba y las dormilonas es el hecho de que aparece una mujer que seduce y que después causa daño al hombre”.

 

El fin último de estos relatos, como lo afirma Carlos Lara, es la preservación de la familia, que, como apunta también el antropólogo, sigue siendo considerada una de las bases fundamentales de la sociedad salvadoreña.

 

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