
David Escobar Galindo:
“ Confío más en el electorado que en los partidos”
Nuestro entrevistado no necesita presentación. Basta decir que fue uno de los arquitectos de los Acuerdos de Paz, y que es uno de los más lúcidos observadores del proceso nacional. Poseedor de una vasta cultura política y jurídica, así como de una prolífica sensibilidad poética, suele desconcertar muchas veces a sus interlocutores y lectores con juicios insospechados, novedosos. En esta ocasión pasea su mirada serena y aguda por el presente del país, restándole importancia a los motivos de la ansiedad que parece dominarnos en las encrucijadas preelectorales.
Lunes 11 de junio de 2007
Geovani Galeas
ggaleas@centroamerica21.com
- A una semana del Tercer Informe de Gobierno, cuál es su percepción personal sobre el rumbo del país?
-Trato siempre de ver esto en dos perspectivas: la inmediata y la de más largo alcance. En la inmediata, y para decirlo con una palabra dramática, hay un poco de turbulencia. Esto se debe a que estamos ya en un período previo a las elecciones del año 2009, y es evidente que eso crea una gran cantidad de ansiedades. Pero, en el plano de más distancia histórica, siento que el proceso del país va avanzando. Y como todo proceso de evolución, de recomposición, de aprendizaje, tiene momentos difíciles y otros que son menos difíciles.
-Hay quien ha sostenido que el informe presidencial fue un ejercicio de ficción, en tanto que otros lo juzgan como un ejercicio de realismo.
-Siempre es necesario matizar dentro de esas perspectivas. Todos los gobiernos del mundo tienen la tendencia natural a destacar lo bueno que han hecho, a subrayar sus aportes. Eso es natural en cualquier parte, y no tiene nada que ver con los sistemas, ni con los desarrollos. El fenómeno real nunca es exactamente igual a como se pinta desde los estrados del gobierno y de los estrados de la oposición.
-¿Y desde la perspectiva de la ciudadanía?
-En cuanto al sentimiento ciudadano evidentemente hay insatisfacción, pero eso también hay que matizarlo. Estamos construyendo una democracia, que todavía es muy imperfecta y muy incipiente, y eso despierta no sólo grandes expectativas, legítimas y naturales, sino que hace que la gente se sienta más motivada a expresar lo que siente.
Entonces eso tampoco hay que verlo como absolutamente negativo. Claro, hay que leer los dos mensajes, el mensaje que se da desde el poder y el mensaje que se da desde la llanura, desde la gente. Y quizás la inteligencia está en saber responder a ese sentimiento, porque la gente lo que expresa son sentimientos básicamente.
-Algunos economistas consideran que El Salvador, por haber sostenido un crecimiento promedio de 4 por ciento en los últimos 17 años, en un caso de éxito en el mundo; por otra parte en la calle, en los comercios, se ve un dinamismo impresionante en la actividad económica, y con todo, la queja sobre el estado de la economía pareciera generalizado.
-Hay que ver varios factores. En el país estamos pagando facturas históricas que antes nunca sacábamos de la gaveta y que ahora están sobre la mesa. Por ejemplo la factura histórica del centralismo marginador. Si tú ves el mapa del El Salvador, el mapa de la prosperidad, el mapa del progreso, el mapa de la inversión, el mapa de las decisiones, todo se concentra en el Gran San Salvador.
De la misma manera, ¿dónde está la violencia en El Salvador? No está en todo El Salvador, está en lugares descuidados por el centralismo. ¿Dónde faltan servicios de una manera tan dramática? En el campo y donde hay hacinamiento. Todos esos fenómenos son resultados de esa concentración perversa que genera el centralismo.
Fenómenos como ese sólo se pueden resolver si haces un esquema real de desarrollo territorial, que creo que la realidad está empezando a imponer. Y eso para mencionarte un factor. O sea, no podemos hablar de los problemas de El Salvador en forma genérica, ni de la violencia ni de la situación económica, ni de la educación. Los abismos entre los que puede ser la educación en los grandes centros urbanos y lo que es la educación rural son evidentes. Entonces hay que hacer análisis más integrales de la realidad para saber cabalmente qué es lo que está pasando.
-¿Y se están haciendo esos análisis?
-Empiezan a despuntar, porque la realidad misma los impone. En la educación, por ejemplo, no basta aumentar la cobertura. Eso se te refleja en cifras: tú puedes decir aumenté esto en un uno por ciento o he disminuido lo otro en un tres por ciento. Tú puedes hacer un juego de cifras. Pero la realidad en sí es otra. En la educación lo que tenemos que hacer es territorializar la calidad, no simplemente aumentar la cobertura. Entonces lo que se está haciendo es mucho más importante de lo que parece.
-¿Cuál es el principal esfuerzo que se está haciendo en ese sentido?
- El principal esfuerzo lo hace el proceso mismo. En El Salvador hay una energía histórica que se desató después del fin de la guerra, porque la guerra culmina un proceso cuyo objetivo era la división nacional y la eliminación del adversario. Eso es una perversión total que desemboca en la guerra, esa guerra que construimos todos desde hace cien años.
A partir de allí estamos entrando en un proceso de integración nacional inevitablemente. Porque así son las fuerzas históricas con todos sus problemas, con todas sus dificultades, con todos sus obstáculos. Estamos construyendo eso, y por consiguiente hay esfuerzos en todos los sectores. No es que haya un sector bueno y un sector malo. Creo que esos son los resabios de la época anterior, en que la vida se dividía en buenos y malos.
¿Concertación?
-Usted fue uno de los arquitectos de la firma de la paz, un ejercicio de diálogo, negociación y entendimientos. Quince años después pareciera que eso es imposible, ni siquiera para lograr acuerdos mínimos.
-Pero es que antes el problema era del proceso, y ahora el problema es de los actores. O sea, tenemos un buen libreto y tenemos un buen escenario, pero los actores todavía están bastante elementales. Es otra situación. En todo aquel gran período anterior, el proceso mismo, la realidad impedía concertar, ni siquiera se pensaba. En los años sesenta y setenta ¿quién hablaba de acuerdo?, la palabra no existía en el ambiente. Hoy es al contrario, hoy la realidad demanda y los actores se resisten.
-En aquellos tiempos acuñó usted una frase terrible: “entre una izquierda primitiva y una derecha desalmada”… O ya no recuerdo si a la inversa…. Esta imposibilidad de concertación entre estas dos fuerzas importantes en El Salvador, no los coloca en la misma situación que usted señaló entonces ¿cambiaría usted ahora esa frase?
-Sí. Ya no estamos en ese momento. Para empezar los actores están muy determinados por la realidad, y justamente su gran incomodidad es porque la realidad ya no les admite ser lo que antes hubieran podido ser, y que a lo mejor ni siquiera quieren ser del todo ahora, pero no encuentran cómo dejar de ser.
Y como además estamos en una competencia electoral muy cerrada, independientemente de lo que digan las cifras y encuestas (que yo desde luego las respeto y son muy ilustrativas en un cierto momento), la verdad es que estamos en una competencia política muy cerrada, con dos fuerzas muy grandes, dos fuerzas que tienen una gran implantación, aunque a ambas les faltan muchos componentes institucionales.
Actores, escenario y libreto
-Competencia cerrada cuando hay techos electorales de ochocientos mil votos, para el FMLN, y un millón trescientos mil para ARENA?
-Eso hay que analizarlo en el contexto de aquel momento, porque también depende mucho de qué se ofrece al electorado. Yo creo que el electorado es el que más ha madurado. La sociedad civil, aunque no está suficientemente organizada, es la que más ha madurado como sujeto. Más que los actores que la representan.
Se supone que los actores que la representan son los que deberían ir a la vanguardia y no es así. Hoy la sociedad creo que es la que va a la vanguardia y les demanda cosas y, además, hace cada vez selecciones más sutiles a la hora de elegir.
-¿En qué fenómeno se expresa que la sociedad haya madurado más?
-La sociedad, en la parte electoral, elige de acuerdo a lo que considera sus intereses y no a las imágenes que le presentan los partidos. Y quizás eso es a lo que a los partidos les cuesta más entender. No son sus imágenes lo que más valen, es lo que la gente siente que le puede favorecer, o que puede evitar recibir perjuicios en un cierto momento. Yo creo que la sociedad salvadoreña ahora es mucho más pragmática e informada que antes, y no es cuestión de información intelectual. La gente capta mejor y entiende mejor que tiene realmente el derecho de elegir. Ahora la elección no es un ejercicio formal y la gente está cada vez más consiente de ello. Cada vez hacen más distinción entre su voto para alcaldes, para diputados y para presidente.
Tú ves las encuestas y cuando le preguntas: ¿por quién votaría usted si la elección de presidentes fuera mañana? aparece un porcentaje; si la elección de diputados fuera para mañana, aparece otro porcentaje y si la elección de alcaldes fuese mañana, aparece otro porcentaje. Esos son signos de gran inteligencia pragmática.
¿Y si gana el Frente?
- David, ¿a usted le parece posible una victoria del FMLN?
-Sí, porque en la democracia todo es posible dentro de ciertos márgenes, y el FMLN tiene un caudal de fuerza que hace eso sea posible.
-¿Y deseable?
-En el proceso democrático lo deseable es que las cosas ocurran conforme a lo que el electorado quiere. Hay quien dice que el pueblo “se puede equivocar”; sí, se puede equivocar, pero él es el elector. ¿El electorado quiere que el FMLN gane? Pues va a ganar y eso hay que aceptarlo como algo natural. No quiere que gane, pues no va a ganar y hay que aceptarlo también como algo natural.
Pero el FMLN en este momento no tiene un liderazgo claro, y no creo que sea una falla adjudicable a su lucha interna. Es que el FMLN nunca ha tenido un liderazgo claro, preciso y articulado para esta etapa, que es la de la competencia democrática.
Shafik era una figura histórica, no era un líder. No era producto de un ejercicio institucional interno. El FMLN creo que no se preparó al final de la guerra para convertirse rápidamente en un sujeto en la competencia democrática. Eso no le quita su fuerza. Ellos tienen una fuerza real muy grande, igual que la tiene ARENA. Creo que la fuerza de ambos es uno de los elementos más importantes de este proceso. Y si comparamos con Centroamérica, allí no cabe duda que nosotros estamos mejor en eso. Aquí tenemos fuerzas importantes, identificables y actuantes.
-¿Por qué algunos experimentan una sensación de fin de mundo ante la posibilidad de un triunfo del FMLN?
-Es que cuando uno se enfrenta a lo que no conoce, pues fácilmente tiene esa sensación, y el FMLN contribuyen a esa sensación. No digo que contribuyan intencionalmente, a lo mejor es porque les faltan muchas definiciones básicas: dicen es un partido socialista, pero ¿qué significa eso? Eso puede significar muchas cosas. Habría que decir ser socialista significa esto... Es un partido revolucionario, sí, ¿qué significa eso?, pero que sea claro, que sea perceptible.
-¿A usted no le parece claro que lo que plantean es un modelo muy parecido al impulsado en Venezuela por el coronel Chávez?
-¿Pero cuál es ese modelo? Lo que sucede en Venezuela más bien es una especie de fenómeno de constante improvisación. El FMLN debería precisar más su propuesta.
¿Y ARENA?
-¿ARENA no necesita precisar más? usted dijo alguna vez, David, que a la derecha salvadoreña le hacía falta un ideario… ¿a qué se refería exactamente?
-¿Qué significa en este momento ser derecha? ¿Son conservadores, son liberales, qué son? Se tiene que definir aun más, y no en forma filosófica, sino en decir qué es lo que realmente quieren ser y hacer. Necesitan plataformas de trabajo de largo alcance.
Tanto ARENA como el FMLN tienen ya una historia en este momento, al menos quince años de estar en esta etapa. Y todo hace ver que seguirán allí. Entonces la permanencia les demanda a los dos definiciones más claras. No pueden vivir en improvisación permanente, salvo que quiera ser partidos provisionales. La permanencia exige definiciones.
-Siendo usted un intelectual tan prestigioso, y habiéndose identificado, siempre y expresamente, con una sensibilidad de derecha, ¿por qué no ha surgido de gente como usted ese ideario que le falta a la derecha?
- Es que eso depende de las instituciones que son los actores de la derecha: el sector privado, los partidos políticos. Ahí tendría que surgir eso. Esa no es una cuestión de trabajo intelectual independiente. Los actores tendrían que asumir la responsabilidad de autodefinirse. No lo hacen, bueno, lo tendrán que hacer, porque el proceso está demandando todo eso.
Si la gente supiera exactamente quién es quién y no solamente por su imagen histórica, sino qué es lo que se propone a hacer cada quien por el país de aquí en adelante, esto daría una tranquilidad, un alivio muy importante. Estamos demasiado ansiosos, precisamente por eso.
Yo creo que el mundo no se acaba por nada, Geovani. Lo que pasa es que uno trata de evitar los traumas. La gente es la que mejor entiende eso, yo le tengo una confianza enorme al pueblo salvadoreño, mucho más que a los actores políticos.
Cambio o continuidad
-Estamos ante un dilema: sabemos que la continuidad de un solo partido en el poder no es sano para la democracia en general, pero por otro lado la alternativa posible se presenta como un cambio demasiado brusco incluso de sistema…
- El problema no es que se cambie o no se cambie de modelo o sistema, porque eso no se puede, la realidad ya no lo permite, pero si se pueden hacer cosas que perturben la realidad. Hay mucho pálpito de que algo así pudiera pasar, algo que desestabilice al país, y eso es lo que el FMLN tendría que considerar. Tienen que considerar cómo conservar su voto duro y cómo además atraer al voto que se mueve de un lado para otro. Esa tendría que ser la estrategia.
-Sumar el centro a la mitad… así es como se gana…
-Sí, y que conste que allí no se trata sólo de ganar, sino de gobernar. Sería de todas maneras una prueba muy complicada, pero las pruebas complicadas son parte de la vida. No es que diga que porque es complicado uno no la va a vivir. Además los procesos tienen sus lógicas. Ellos tienen que hacer un esfuerzo muy importante, porque en eso la pelota está en su cancha, porque ellos son los alternantes en este momento, los posibles alternantes al menos.
-¿Y la alternancia en sí misma le conviene al proceso democrático salvadoreño, es una necesidad histórica para el proceso experimentar la alternancia?
-Lo que pasa es que la democracia es un ir y venir, esa es la lógica de la democracia. En la democracia nadie está para siempre en el gobierno y nadie está para siempre en la oposición. Yo no conozco ningún caso, sinceramente ninguno.
-David, no lo asusta un posible triunfo del FMLN? ¿O un quinto, un sexto, un séptimo período de ARENA?
-Bueno, eso puede ocurrir si las circunstancias son tales que la gente percibe que eso puede serles menos riesgoso que lo otro. Pero eso no se sabe, depende de qué ofrezcan, qué propongan y cómo lo hagan, depende de muchas cosas; pero la responsabilidad está en los partidos políticos.
-Yo he escuchado a algunos empresarios muy importantes decir que si gana el FMLN se irían del país…
-Pues ahí ves cómo las sensaciones se convierten el algo importante, y por eso es que los políticos tienen que administrar bien las sensaciones que provocan, eso así es.
-¿Usted se iría?
-No me fui en la guerra cuando era más difícil y ellos podían hacer cosas peores. Yo entiendo que las personas que tienen inversiones o que tienen intereses tengan temores, y no sólo las personas que tengan grandes intereses. Hay muchísima gente que tiene temores, por eso es que si alguien despierta temores y quiere ganar la voluntad de aquel al que le despierta temores, pues tienen que hacer un trabajo para no despertar esos temores. Lo cual no significa que uno renuncie a eso que se llama el cambio, a tener una política de cambio.
Es que hay que hacerlo según la realidad, y en este punto te digo una cosa: el fenómeno de Venezuela para todos nosotros es un espejismo, porque el FMLN no tiene el dinero que tiene Chávez, y ese dinero es el gran factor de sostén. No es una cuestión ideológica.
Los grandes problemas
-La seguridad ciudadana, David, el problema de la violencia, la delincuencia… ¿Por qué tenemos la sensación de que se va tan lento en la solución de esto?
-Porque es un problema estructural. No es un problema superficial. Realmente ARENA en el tiempo de gobierno ha hecho grandes cosas. Pero en temas como este nunca haces lo suficiente por más que hagas, sobre todo cuando estás en procesos de evolución tan acelerados.
Hay un tipo de problemas que no se pueden enfrentar solo desde el gobierno, ni solo por una fuerza o sector. Tiene que ser una cuestión nacional. Y aquí es donde necesitamos entendimiento nacional sobre cuestiones básicas. Una de ellas es la seguridad, que se ha convertido en un problema estructural.
-¿Pero entonces que es más importante: el problema de la seguridad o la ausencia de concertación en temas de país?
-Es que el hecho de que en un país no pueda haber acuerdos mínimos, cuando estamos en una etapa en que se necesitan tanto, eso se vuelve un gran problema funcional. ¿El problema de la seguridad será un problema de El Salvador, así en términos genéricos? Ahí también hay que hacer distingos: ¿dónde están los focos principales de inseguridad? En esos municipios concentrados, y en la vinculación con el crimen organizado. Esos son problemas reales.
-¿Y el sistema legal? Hay quien cree que ese es el gran problema de base.
- Evidentemente el sistema legal, como en general todo el sistema institucional, necesita modernizarse, ponerse a la altura de los tiempos, de las realidades. Ese es otro gran problema estructural. Ahora estamos enfrentando los problemas estructurales de la sociedad salvadoreña.
-Que se descuidaron durante más de un siglo, digamos.
-Y no solo descuidaron, ni siquiera eran visibles. Se sentían los efectos pero los problemas no era visibles, como que no existían. Hoy los tenemos ahí. Nadie los puede negar. Es un gran avance. Ya no se puede negar que existen. Eso es parte del fenómeno. Estamos enfrentados a una necesidad de modernización en todos los órdenes, prácticamente.
Está el problema de las oportunidades, que para mí es básico. ¿Cómo hacemos un esquema de oportunidades, para la juventud y la niñez de El Salvador, que altere hacia lo positivo esos caldos de cultivo de donde se alimenta tanta delincuencia y tantos desajustes? Un muchacho de estos que entran en las maras, a lo mejor podría ser un buen ingeniero, un abogado, un artista.
Faltan oportunidades en la dimensión en que deben existir. ¿Cómo es posible que pensemos que a grandes sectores de la población lo único que hay que asegurarles es el salario mínimo? ¿De dónde hemos sacado eso? Tenemos que atacar en lo básico las fuentes de la frustración.
-¿Cuáles serían los grandes déficits de ARENA? ¿Qué es lo que ARENA le adeuda al país?
-No es que ARENA se lo adeude, porque ellos son al final de cuentas solo actores. Es lo que el país se adeude a sí mismo. Te decía antes que estas cosas ya no se pueden resolver con solo la acción de un partido político, de un gobierno o de un sector. Hemos entrado en la fase en que necesitamos los grandes procesos nacionales. Y todo el mundo tiene que participar y poner de lo suyo. Pero ponerse en realidad todo el mundo en la línea de que hay que resolver ciertas cosas de fondo.
Y tenemos energía, capacidad de hacerlo. Si los salvadoreños fuéramos resignados y conformistas no estaría esa cantidad de salvadoreños en los Estados Unidos. Eso me parece un signo de que la gente quiere hacer cosas. Y con mucha responsabilidad, porque de repente pensamos que los salvadoreños somos irresponsables y que no nos importa nada, pero mira de donde viene el dinero que sostiene al país ahora.
El papel del intelectual
-Usted, David, que fue un protagonista destacado, como Salvador Samayoa, en la conquista de los Acuerdos de Paz, ¿por qué n o puede ser hoy un mediador en la búsqueda de concertación, de acercamiento entre los actores, que parece que están dejando de ser adversarios y convirtiéndose de nuevo en enemigos?
-Porque eso no puede ser una acción personal, es el proceso mismo el que los tiene que llevar a ellos a eso. Igual que pasó en aquella época. Es la realidad la que va empujando. También hay signos de que buena parte de este conflicto es más producto de estar en la competencia que de ser irreconciliables en realidad. Yo no los veo irreconciliables.
Pero además, no tienen por qué reconciliarse ellos. Los partidos políticos no tienen por qué estar en luna de miel. Lo que la realidad demanda es que en cosas básicas haya entendimientos básicos. Ellos pueden estar todo lo enfrentados que quieran, siempre que respeten ese proceso básico de la realidad, sobre todo cuando estamos en un proceso de evolución como el que vive El Salvador. Evolución constructiva.
Yo por eso no magnificaría demasiado el punto. Cuando me dicen que El Salvador está polarizado, digo no: son las fuerzas políticas las que están enfrentadas, Creo que la sociedad tampoco estaba muy polarizada en la guerra, porque entonces alguno de los polos habría hecho absolutamente todo lo posible por ganar. Yo no sé si hicieron lo posible por ganar las dos fuerzas, pero eran ellas las que estaban en guerra. La gente se fue apartando de la guerra.
-Eso hizo posible el acuerdo.
-Lo hizo necesario. Tanto así que una vez que concluyó la guerra, cuando comenzó el cese del enfrentamiento armado, yo no vi que hubiera aquí ningún acto de venganza popular. ¿Dónde estaba entonces la polarización? Después de las elecciones del año 2004, que ganó el Presidente Saca con un amplísimo margen, salió la cúpula del FMLN protestando, pero yo no vi ninguna expresión popular de ruptura.
-Mas bien Shafik se enojó.
-Si pero eso es parte de la vida. En las elecciones recientes de alcaldes, la alcaldesa de San Salvador ganó por 40 y pico de votos. Hubo un pequeño incidente ahí, pero una vez que el asunto se definió no pasó nada… ¿dónde está entonces la polarización?
-¿Y la lógica de los procesos políticos? ¿No es ilógico que haya ahora menos concertación que en el momento de la guerra? ¿No sería lo lógico que ahora, en estas condiciones y en este nuevo escenario, la concertación fuera natural? ¿No lo exige la lógica del proceso?
-Si, pero la realidad no siempre se mueve conforme a la lógica aristotélica. Lo que pasa es que las fuerzas políticas creen que concertar los debilita y que discrepar lo fortalece. Y tienen derecho a discrepar, a tener límites muy claros y a hacer su función gobierno-oposición. Eso está perfecto, pero ese concepto de antes de que entenderme con aquel me debilita, eso es lo que hay que relativizar.
Lo que hay que hacer es manejarse conforme a las realidades actuales y saber hasta dónde llegan los límites. No tienen por que entenderse en todo. Hay unas cosas en las que es natural que no se entiendan. Y hay cosas en las que es absolutamente necesario que lo hagan, y no porque quieran sino porque la realidad lo impone.
-En un programa televisivo conducido por Nacho Castillo están los tres rectores universitarios (la doctora Rodríguez, el padre Tojeira y el licenciado Loucel), opinando sobre la realidad nacional y las coyunturas específicas… Falta un cuarto rector ahí... ¿Por qué no está usted en ese programa?
-Me parece un programa excelente. Los tres son de mi más absoluto respeto y cariño. Pero el problema es que yo puedo ir ahí como David Escobar Galindo. Como rector tendría que hablar en nombre de la universidad, y yo no tengo ningún mandato para ir a opinar en nombre de la universidad. En eso soy muy respetuoso, pero respeto también lo que los demás deciden. Yo no critico a los que lo hacen. Ellos son personas inteligentes y preocupadas por lo que sucede en el país. Lo digo sinceramente. Y veo el programa, por supuesto.
-Usted es, además, un poeta… ¿qué tiene que decirle la poesía hoy a la sociedad?
-La poesía es una interpretación personal de la realidad en sus diversas manifestaciones. Uno no se tiene que convertir en un intérprete formal, asumido como intérprete. Le tengo mucho miedo a ese tipo de asunciones personales porque entonces uno ya se vuelve un artificio. Yo como poeta trato de reproducir desde adentro lo que hay afuera.
El otro día le escribí a un dichosofuí que vi en el jardín de mi casa, porque me pareció que era necesario hacerlo, porque es parte de la vida. La vida no está hecha solo de realidades políticas, económicas, sociales. Creo que por ahí va la poesía, a mi me gusta mucho ese concepto. Y así lo he hecho siempre. A veces lo hago, a veces no, porque así me nace simplemente
-El gran poeta nicaragüense Ernesto Cardenal hizo una apuesta histórica equivocada, por un proyecto, por un pensamiento, por una fuerza, y empeñó su poesía, y más que eso, en la revolución sandinista… Después escribió un libro llamado “La revolución perdida”, en el que reconoce el error…
-Los poetas tenemos una gran ventaja: hasta de los errores podemos hacer creación literaria. Yo admiro mucho a Neruda, por ejemplo, y uno de sus poemas que más me gusta es el homenaje a Stalin… A mí qué me importa Stalin, lo que me conmueve es el poema en sí mismo, independientemente al análisis de que si Neruda estuvo equivocado o no al escribirlo… Fíjate, Geovani, el libro de Roque Dalton que más me gusta es Poemas Clandestinos.
-Si, lo hemos discutido usted y yo, lo del homenaje nerudiano a un asesino como Stalin, y esta preferencia por Poemas Clandestinos, son dos afirmaciones suyas que me cuesta mucho tragármelas.
-Lo sé, pero no lo digo por pura provocación...
-Yo sospecho que sí…
- No. Cuando leo el poema de Neruda advierto que en aquel momento él lo sentía así. El viejo era un criminal, si, pero Neruda sentía ese poema. Y no me cabe la menor duda de que cuando Roque escribió Poemas Clandestinos, estaba viviendo un gran momento que creo que él nunca se lo imaginó: ser guerrillero por fin. Imagino que para el debe hacer sido algo espectacular.
-Hay un pasaje en la obra de Roque en el que describe una jugada dramática, espectacular y culminante en un partido de básquetbol en sus tiempos adolescentes, él idealiza ese momento y dice: “otro momento así, solo con la metralleta en la mano”
-También había escrito que la única institución pura que había quedado en el mundo era la guerrilla. Y se vino a la guerrilla, aunque era una apuesta muy complicada y el no era hombre de mucha prudencia. A mí no me cabe duda de que esos son poemas tremendamente emotivos, de alta complacencia, por eso me gustan tanto. Los otros que son más pensados me gustan menos.
-A pesar de sus gustos, David, me sigue pareciendo que el de Poemas Clandestinos es un discurso, poético y político, demasiado elemental.
-Pero es que la poesía es muy elemental, Geovani, tiene justamente esa característica. Parte de lo elemental del ser humano y quiere comunicarse con parte de lo elemental de otro ser humano. Ese libro Roque lo estaba viviendo y sintiendo de manera auténtica y profunda. Yo así lo interpreto y por eso me gusta tanto. Dice barbaridades ahí, es cierto, y nada de eso es aplicable a esta realidad. Pero ya ve, El Poema de Amor de Roque, por ejemplo, es un poema arcaico, pero eso qué importa, es un poema que aun sigue vibrando…
El comunismo se hundió completo, pero aquél verso de Roque: “el comunismo será una aspirina del tamaño del sol”, sigue siendo hermoso aunque el comunismo ya no exista.
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