GUATEMALA
¿LIMPIEZA SOCIAL O LEGÍTIMA DEFENSA?
Estuardo Zapeta
Ciudad de Guatemala, 5 junio, Siglo XXI
¿Es la limpieza social una legítima forma de autodefensa de una sociedad que se ve sitiada por, digamos, los mareros, o los extorsionistas, o los políticos? No tengo respuesta. Pero sí veo un escenario en el cual podrían existir grupos de ciudadanos cansados de la inseguridad y la impunidad quienes, estableciendo su propio mecanismo de “inteligencia” local, ejecuten sumariamente a delincuentes que están causando mucho daño en sus vecindarios
“Cansados de los mareros lo que hicimos fue echar a la mamá de uno de ellos…”.Cuando la Justicia falla debe una sociedad buscar mecanismos alternos de autoprotección.
Don Estuardo, pregunta el radioescucha, “¿acaso no puede una sociedad, para protegerse, eliminar a los malos, depurarlos, curarse de gente como los mareros, eliminándolos?” (Mi programa se llama Contravía, y empiezo desde las seis de la mañana en Lite 100.9 FM, y en www.radiopolis.info por internet.)
O todavía con más contundencia, qué tal si siendo “menores de edad”, explica al aire otro radioescucha, se castiga a los padres de familia, siendo éstos quienes paguen por los crímenes que cometen sus retoños. Ya en Palín, Escuintla, explica otra persona, cansados de los mareros lo que hicimos fue ir a echar a la mamá de uno de ellos, y sacarlos, ya que en el pueblo estamos unidos.
Don Estuardo, ¿y si se aplica la pena de muerte, aun para menores de edad que cometan crímenes como los que están impunemente cometiendo muchos patojos mareros? ¿Podría la Justicia guatemalteca bajar la edad de los delincuentes para consideraciones puramente penales? Yo me opongo a la “limpieza social” por el principio fundamental de igualdad ante la Ley, y por la misma razón por la cual me opongo a los linchamientos: las ejecuciones rápidas y en grupo son otra injusticia al haber obviado el debido proceso.
“Eso lo dice usted, Don Estuardo, porque todavía no le ha tocado, pero espérese que le toque a usted ver cómo uno de estos malditos mareros mata a uno de sus familiares, o viola a una de sus hijas, o a su esposa, y luego las mata, y usted está agarrado por los otros mareros sin poder hacer nada . . . ahí me cuenta si no sería usted el primero en salir con pistola en mano a cobrarle a esos hijos de p… lo que le hicieron”. Quien me pone ante esa situación hipotética es un padre de familia que vio cómo los mareros mataron a su esposa. “Me destruyeron la vida, y la de mis hijos, y créame que todo lo que quisiera es tener a esos desgraciados frente a mí para cobrarles. . . pero tienen que pagar con su propia vida lo que le hicieron a mi esposa”. No puedo responderle. Qué hacer cuando un sistema de Seguridad no responde, y cuando el sistema de Justicia se convierte en sistema de impunidad legalizada.
“Ésos que mataron a mi mujer han de seguir en la calle, impunes”, se lamenta este viudo de la criminalidad. “¿Y quién por mis hijos, Don Estuardo, dígame quién… porque mucha gente es buena para hablar, como usted; todos hablamos pero no hacemos nada . . .” ¿Es la limpieza social una legítima forma de autodefensa de una sociedad que se ve sitiada por, digamos, los mareros, o los extorsionistas, o los políticos? No tengo respuesta. Pero sí veo un escenario en el cual podrían existir grupos de ciudadanos cansados de la inseguridad y la impunidad quienes, estableciendo su propio mecanismo de “inteligencia” local, ejecuten sumariamente a delincuentes que están causando mucho daño en sus vecindarios. De hecho, una noticia reciente da cuenta de un grupo de comerciantes que fueron atrapados mientras llevaban para ejecutar a unos mareros que cobraban extorsiones en tiendas propiedad de esos comerciantes. Cuando la Justicia falla debe una sociedad buscar mecanismos alternos de autoprotección. Esos mecanismos son ilegales, pero ¿son ilegítimos?
LA SOMBRA CRIMINAL DEVORA LA POLÍTICA
Adrián Zapata
Ciudad de Guatemala, 7 junio, Siglo XXI.
El crimen organizado tiene la suficiente versatilidad como para no expresarse exclusivamente a través de un partido determinado. Ayer fue uno, hoy otro u otros y mañana puede ser cualquiera. Tiene los suficientes recursos de poder para dominar el terreno electoral, donde lo que predomina es el dinero que se invierte en la campaña y la capacidad “persuasiva” para inhibir la competencia.
El Estado de Derecho se vuelve una ficción y la democracia, una comedia. Los guatemaltecos y guatemaltecas tenemos serias dificultades para encontrar temas que tengan la posibilidad de unirnos. Todos nos separan: que si somos rojos o cremas; si católicos o evangélicos; si “ladinos” o indígenas; si capitalinos o del “interior”; si orientales o del occidente; si pobres o ricos; si influyentes o excluidos, etc. Y es que, en una sociedad tan injustamente desigual, cuesta encontrar temas que nos unifiquen. Sin embargo, la campaña electoral crea un escenario adecuado para evidenciar la necesidad de tener por lo menos un denominador compartido: la lucha contra el crimen organizado. Hay una categoría de aspirantes a cargos de elección popular que poseen en común la calidad de ser narcocandidatos, que en algunos casos es explícita y en otros muchos puede ser subyacente.
El crimen organizado tiene la suficiente versatilidad como para no expresarse exclusivamente a través de un partido determinado. Ayer fue uno, hoy otro u otros y mañana puede ser cualquiera. Tiene los suficientes recursos de poder para dominar el terreno electoral, donde lo que predomina es el dinero que se invierte en la campaña y la capacidad “persuasiva” para inhibir la competencia.
Es así como la criminalidad organizada devora la política, con todas las implicaciones que eso tiene. El Estado de Derecho se vuelve una ficción y la democracia que lo caracteriza se convierte en una comedia con un guión populista (que es diferente de lo que los asustados empresarios chapines califican como tal) que oculta la prevalencia de los intereses criminales hegemónicos y la impunidad que los garantiza.
La sociedad acelera su proceso de descomposición, perdiéndose los valores que hacen posible una convivencia armoniosa, un desarrollo nacional y el crecimiento espiritual. Tal vez hasta se podría lograr que los pobres mejoraran sustancialmente sus ingresos, porque ese modelo del narco es más distributivo que el oligárquico históricamente prevaleciente en Guatemala, pero las consecuencias son aniquilantes en términos económicos, políticos y sociales. En Guatemala, el crimen organizado es la prolongación de la contrainsurgencia, que desapareció como política de Estado, pero que tuvo continuidad orgánica y operativa, aunque respondiendo a otros propósitos.
En nuestro país, la fobia anti Estado de las clases dominante que lo llevaron a su actual raquitismo institucional, así como su perverso propósito de desideologizar y mercantilizar la política, han contribuido a crear la situación que estamos viviendo.
Sin embargo, la campaña electoral ofrece la posibilidad de aunar esfuerzos para evidenciar la sombra criminal que devora la política y descalificar públicamente a los narcocandidatos, tanto a los seducidos por esos recursos de procedencia criminal, como a los seductores que los aprovisionan y, además, ejecutan la consabida disyuntiva de: plomo o plata.
EN DEFENSA DE LOS POLÍTICOS
Carroll Ríos
Ciudad de Guatemala, 06 de junio, Siglo XXI
La verdad es que tanto los votantes como los políticos somos tránsfugas. Jamás pensé salir en defensa de los políticos, pero últimamente han recibido palo inclusive por hacer lo que su profesión les exige. Si queremos mejorar la calidad de nuestros procesos electorales, hay que modificar las reglas del juego, más que esperar que se postulen ángeles o fustigar a los candidatos para que se comporten “correctamente”.
Dos son los señalamientos que no proceden: uno relativo al mercadeo político y otro en torno al transfuguismo. Primero, han merecido críticas el uso de cancioncitas, de lemas breves, de imágenes como el fósforo encendido, de gestos como la mano en puño o el dedo índice alzado, y de los logotipos y colores que identifican al partido político.
Se asume que éstos denotan una deleznable superficialidad frente a una importante decisión cívica. También se piensa que el candidato que adopta estos recursos subestima o engaña al elector. Sin embargo, son herramientas necesarias para cualquier campaña exitosa en el mercado político. Sí: es un mercado. Los múltiples oferentes maximizan votos. Los candidatos intentan congraciarse con distintos sectores de un electorado diverso.
No les conviene adoptar posturas definidas, identificarse con otras personas falibles ni casarse con un detallado plan de trabajo, al menos que ello les colecte votos seguros de un grupo de votantes cohesivo. Por otra parte, el votante no incurrirá en altos costos para hacerse de la información completa y veraz, siendo su voto uno entre millones. El candidato tiene que enviarnos mensajes claros, digeridos, apelando a los sentidos y las emociones.
En otras democracias con partidos políticos más longevos, la misma afiliación partidaria es una especie de taquigrafía que nos dice dónde está parado el candidato. Pertenecer al partido verde o al conservador es más importante que ser Fulano o Sutano. Pese a esfuerzos aislados, y por mucha disciplina partidaria que se exhiba en el Congreso, los votantes guatemaltecos no podemos identificar un partido con un claro programa ideológico, con base en los actos de sus miembros a través del tiempo.
Por qué esperar, entonces, que los candidatos permanezcan fieles a una organización partidaria o a un caudillo? ¿Y, dada la realidad, por qué inferir que el transfuguismo es falto de ética? Es lógico, y no necesariamente deshonesto, que un político haga trato con aquella organización con la cual tiene más probabilidad de lograr su objetivo. La verdad es que tanto los votantes como los políticos somos tránsfugas: sólo una minoría podrá afirmar que ha votado consistentemente por un partido político en todas las elecciones que se han celebrado en Guatemala desde 1984. Si algunos de estos comportamientos nos disgustan, debemos examinar las reglas del juego. Podríamos implantar un método de elección por rondas instantáneas (ERI), permitir candidaturas individuales al Congreso, modificar las normas que rigen a los partidos políticos y más, a fin de que la conducta del político se apegue a nuestras expectativas.
ARIAS DESAFÍA A CENTROAMÉRICA
Editorial
Ciudad de Guatemala, 8 de junio, Siglo XXI
Por supuesto, ningún Estado puede cerrar los ojos a la realidad y admitir que la ex China Comunista se ha erigido en la economía emergente más exitosa del planeta. Sin embargo, tampoco se pueden ignorar los sólidos lazos de amistad y cooperación que durante décadas le ha brindado Taiwán a Centroamérica. No cabe duda: Arias ha planteado un serio desafío.
La ruptura de relaciones entre Costa Rica y Taiwán podría tener un efecto dominó sobre el resto de naciones del Istmo. Berger hace bien al no alterar su política a pocos meses de dejar el poder, pero el tema debe ser considerado por el próximo gobierno.
Tras la sorpresiva decisión del presidente de Costa Rica, Óscar Arias, de romper una estrecha relación con la república de Taiwán que se remontaba a casi seis décadas, a cambio de establecer vínculos diplomáticos con China Continental se abre una interrogante para el resto de Centroamérica: ¿Cuál debería ser nuestra conducta a seguir?
Como es de dominio público, China Continental les ha impuesto a estos países la condición de romper relaciones con los taiwaneses, a cambio de iniciarlas con ellos. Y aunque algunos servicios noticiosos internacionales anticipan la inminencia de un efecto dominó sobre otras naciones aliadas a Taipei, cabe señalar que la medida acordada por Arias, quien justifica este giro en su política exterior como “un despertar al contexto global en que nos toca desempeñarnos” no parece aplicable a todo el Istmo.
En ese sentido, su declaración “Ustedes deberían ser más generosos si quieren tener amigos en el mundo”, al celebrar el acontecimiento, no deja de ser sorpresiva para el resto de los centroamericanos y por ello resultan mucho más edificantes las posiciones expresadas por los presidentes Óscar Berger, de Guatemala y Antonio Saca, de El Salvador.
El primero ratificó su convicción de mantener inalterables los vínculos con la isla, medida por demás recomendable, estando a pocos meses de dejar el poder. Saca, por su parte, subrayó que: “Por respeto a nuestra soberanía, no podemos permitir que se nos condicione a tener relaciones con China Continental. Si aceptan que tengamos relaciones con ellos y con Taiwán, nosotros con mucho gusto las abrimos”.
Por supuesto, ningún Estado puede cerrar los ojos a la realidad y admitir que la ex China Comunista se ha erigido en la economía emergente más exitosa del planeta. Sin embargo, tampoco se pueden ignorar los sólidos lazos de amistad y cooperación que durante décadas le ha brindado Taiwán a Centroamérica. No cabe duda: Arias ha planteado un serio desafío.
Por ello, en el ámbito local este tema deberá ser considerado seriamente por el próximo gobierno, teniendo en cuenta no sólo la conveniencia de instaurar relaciones políticas —que en el caso taiwanés ha dejado un sabor amargo con los cheques extendidos al ex presidente Portillo— sino también analizando las reales posibilidades de acceso comercial que puede ofrecernos China versus las del mercado taiwanés.
Una medida saludable sería que ese futuro régimen abra un intenso proceso de consultas con los agentes económicos, los cuales, al fin y al cabo, son los directamente beneficiados o perjudicados en una relación comercial.
HONDURAS
CRECIMIENTO ECONÓMICO CON DESIGUALDAD CRECIENTE
Marcio Enrique Sierrra Mejía
Tegucigalpa, 7 de junio, La Tribuna
El gobierno actual sostiene que tenemos un índice de crecimiento económico del 7% pero no nos explican el impacto que ha tenido este indicador en la generación de empleo y en la equidad. No pueden hacerlo porque dicho crecimiento es fuertemente concentrador y, por ende, antidistributivo. Nuestro crecimiento, se produce sin “equidad” o “justicia social” y con ausencia total de mecanismos de protección social.
Por ejemplo, por una parte podemos apreciar que la tasa de desempleo abierto ha aumentado para mayo de 2006 y, por otra parte, al observar la relación entre la cantidad de personas que trabajan jornadas laborales de más de 36 horas y ganan menos del salario mínimo entre el total de ocupados, se constata que 799,270 personas trabajan más de 36 horas semanales y reciben ingresos menores al salario mínimo. Este indicador en el área rural, es de 37.8% porcentaje que se constituye en el mayor problema del mercado laboral (INE, 2006).
Por más que el gobierno quiera anunciar con intenso jolgorio el alto crecimiento económico que tenemos, la situación del empleo y la equidad como resultado de las políticas que se están administrando, aún no corrigen el deterioro que se produce desde que adoptamos el modelo neoliberal.
En Honduras, los datos estadísticos del gobierno no nos demuestran los grupos que más se han beneficiado con ese llamativo crecimiento económico que dicen hemos alcanzado. Es decir, los más ricos de la sociedad. NO nos explican los problemas de distribución porque no saben o no quieren demostrar los excedentes de explotación y en particular las utilidades del gran capital (Fazio, 2001). En las cadenas no nos ilustraron los antecedentes de concentración de riqueza y transnaciolización elevados que demuestran la polarización distributiva que se ha producido a favor de ellos, lo cual es fundamental al hablar de crecimiento económico.
Los hechos lo que revelan es que al tal crecimiento económico que mencionan, le acompaña el deterioro ocupacional. Estamos observando que en relación a la calidad de los nuevos puestos de trabajo (maquilas principalmente) las condiciones de trabajo se han precarizado.
Tenemos dificultades para aumentar el empleo. Nuestro capitalismo tiene un comportamiento errante porque el movimiento de capitales está directamente relacionado en sus efectos con una apertura de la economía que no es del todo efectiva porque los capitalistas hondureños, aunque han dado gigantescos pasos hacia ese destino, aún no tienen una visión de país y saben lo que quieren sólo para satisfacer su egoísta ambición.
El crecimiento que estamos experimentando nos conduce al aumento de las importaciones, desplazando la producción transable nacional destinada al mercado interno. Lo cual se produce como efecto de la reducción de aranceles que con gran entusiasmo hemos establecido para congraciarnos con los tratados comerciales.
Estamos viviendo una época de crecimiento económico de grandes incongruencias entre las reformas y las políticas macroeconómicas que debilitan la capacidad de nuestra economía para crear puestos de trabajo. La apertura comercial que estamos propiciando, no se produce bajo condiciones estructurales nacionales que fortalezcan las exportaciones, por el contrario, estamos compitiendo contra un torrente de importaciones producidas por empresas que tienen mejores condiciones para competir.
En conclusión, tenemos un crecimiento en el que la brecha de la desigualdad se va ampliando progresivamente. La apertura comercial y el desenfrenado movimiento de capitales, se está produciendo bajo condiciones que ahondan las desigualdades. El libre comercio no está beneficiando a todos, sino a los más ricos y grupos económicos más poderosos. El capital, en verdad, lo continúan manejando círculos cerrados. Necesitamos corregir la inequidad del modelo neoliberal, mejorar la distribución primaria del ingreso, flexibilizar los mercados del trabajo, generar una oposición empresarial progresista, en fin, poner sobre la mesa del diálogo los factores del deterioro distributivo y empezar a buscar fórmulas correctivas.
CUANDO SE ESTÁ TERMINANDO EL TIEMPO
Juan Ramón Martínez
Tegucigalpa, 5 Junio, La Tribuna.
Desde entonces, hasta fines del mes de abril, la suerte pareció favorecer a Zelaya. Su espontaneidad, su capacidad para comunicarse con los demás; y su desenfado para decir cosas sin mucho cuidado a las formas y a las conveniencias políticas, le permitió negociar con los grupos populares más exigentes, obteniendo indudables éxitos que terminaron por consolidar momentáneamente la gobernabilidad del país. Pero no tuvo igual suerte con el control de la ansiedad de los grupos políticos, económicos y sociales, que desde la sombra, se han repartido desde siempre, las vestiduras de la República.
Cada día que pasa, los gobernantes tienen menos tiempo para cumplir sus promesas electorales. Para asegurar un cierto acomodo decente en la historia nacional, por el impulso dado al progreso cultural y el desarrollo económico del país. Este acortamiento del tiempo -que puede ser una sensación como lo enseñaba Einstein, corolario del hecho que hay un tiempo subjetivo personal y un tiempo real- tiene mucho que ver con el crecimiento de la ansiedad popular, la multiplicación de los reclamos por parte de todos los sectores de la sociedad y con la complejidad del gobierno que, en la medida en que se hace más grande, se vuelve más lento; y torna más difícil las tareas de los gobernantes.
Zelaya llegó como una tromba a la Presidencia de la República. Desde el primer día, pareció tener una gran urgencia. Y que la energía que desplegaba, estaba llamada a darnos resultados extraordinarios en el menor tiempo posible. En el mismo acto de la toma de posesión, decidió por lo menos tres cosas esenciales para la vida del país. La protección de los bosques, la detención de la minería a cielo abierto y el inicio de una creciente participación ciudadana en la que el gobierno no sería más un rehén de los tradicionales grupos que, desde la independencia para acá -como herederos de los conquistadores y sus descendientes- han hecho de este país una real "merienda de negros". Hasta don Emilio Larach tuvo que entregarse en brazos del asombro. Con una inocencia natural, propia de su condición de hombre bueno, dijo que Mel nos sorprendía, porque aunque algunos habían anticipado que no tenía capacidad alguna para gobernar, demostraba que sí podía hacer cosas buenas.
Desde entonces, hasta fines del mes de abril, la suerte pareció favorecer a Zelaya. Su espontaneidad, su capacidad para comunicarse con los demás; y su desenfado para decir cosas sin mucho cuidado a las formas y a las conveniencias políticas, le permitió negociar con los grupos populares más exigentes, obteniendo indudables éxitos que terminaron por consolidar momentáneamente la gobernabilidad del país. Pero no tuvo igual suerte con el control de la ansiedad de los grupos políticos, económicos y sociales, que desde la sombra, se han repartido desde siempre, las vestiduras de la República. Aquí chocó en forma inesperada, porque creyó tanto en su buena suerte, como en su capacidad para usar la Presidencia como un arma para tranquilizar a quienes desde hace muchos años, se han creído los dueños de Honduras.
Por ello es que desde el 1 de mayo especialmente, pareciera que el santo se le hubiera dado vuelta al Presidente Zelaya. Los medios más influyentes le han declarado la guerra del "ninguneo", en vista de lo cual, ha dejado de ser personaje en los periódicos especialmente, superado por los jugadores de pelota, los delincuentes y las artistas más mal portadas de la farándula estadounidense. Los grupos de poder, empiezan a sentirse amenazados por un discurso extraño, seudo "chavista", populista y autoritario. Al tiempo que el Partido Liberal, experimenta los estremecimientos de una posible división, empujado por una izquierda de sombrero con olor de boñiga reciente, por lo que su derecha busca agruparse y consolidarse. Alrededor de Michelett o bien, respaldando con su silencio, como lo hiciera en tiempos de Bueso Arias, a Pepe Lobo, seguro candidato del Partido Nacional.
Adicionalmente, el gobierno no da una. Los escándalos de Hondutel, la poca capacidad de Agricultura y Ganadería para responder al desabastecimiento del maíz para consumo humano, debido al encarecimiento del maíz amarillo que la industria ha adquirido hasta ahora en los Estados Unidos; y la escasa capacidad para bregar con la crisis de la ENEE, han proyectado entre la opinión pública que Zelaya no es un ejecutivo competente, que la suerte se le ha terminado. Y que se requiere un valiente golpe de timón, porque si no, el país se nos puede precipitar en el desastre. La última encuesta de Cid-Gallup, muestra el desencanto del público con un presidente que además de errático e impredecible, no ha podido ofrecer resultados confiables de su indispensable competencia ejecutiva. Ante este panorama, en privado, le he recomendado a Zelaya, menos espontaneidad en sus expresiones, desarrollo de un discurso que le aproxime al liberalismo social de Villeda Morales, reducción de la confrontación con los grupos desafectos, la forja de una nueva alianza, expresada en cambios en el Gabinete, que disminuya el poder relativo de los "patricios"; y le dé espacios de participación a otros grupos. No me ha hecho caso. De repente no me ha escuchado. Por eso escribo, para conseguir que me lea.
PROMETEO ENCADENADO
Segisfredo Infante
Tegucigalpa, 7 de junio, La Tribuna
“Mel” Zelaya Rosales ha demostrado demasiada susceptibilidad ante los críticos que lo observan (o que lo ignoran) en los medios de comunicación. Pero sospecho que la susceptibilidad es compartida por algunos hombres cercanos al presidente que desearían mirarse en el espejo futuro de la historia, como próceres que dejarían huellas profundas en América Central. Tal perspectiva --del presidente y algunos de sus amigos--, procede de una visión excesivamente emocional respecto de los hechos políticos (pasados o presentes) del país.
De tal suerte que para estar a la altura de las expectativas el hombre fuerte de Lepaguare tiene que forcejear su propio espíritu, contradiciendo sus antecedentes que son opuestos a la realidad actual. Para empezar se encuentra conectado con el viejo rodismo “colorado” que en el escenario nacional representa, igual que la facción zuniguista en el partido “cachureco”, lo más conservador entre todas las tendencias políticas de Honduras.
Estos dos grupos, hay que tener coraje para decirlo, fueron los principales conspiradores internos para desbaratar las formidables iniciativas del “Plan Nacional de Desarrollo” que los militares reformistas (más o menos populistas) intentaron ejecutar durante los primeros seis años de la década del setenta del siglo veinte. No quiero seguir diciendo otras cosas por el aprecio personal desinteresado que la guardo al presidente, pariente político mío.
Sin embargo, es imperativo añadir que Zelaya ha soñado con ser un “intelectual” pragmático y que por consiguiente ha pretendido (y lo sigue pretendiendo con fervor) desmarcarse de todas las conexiones ultra conservadoras. De ahí quizás la práctica constante de montar un “show” espectacular cada dos semanas para desviar la atención de las dificultades centrales de la nación. Por eso en la campaña electoral del año antepasado (2005) se imaginó a sí mismo como un Evo Morales que tenía capacidad (acompañando a los taxistas en el último minuto) de bloquear a toda Honduras.
No debemos olvidar que el líder boliviano provocó la caída de “Gony” Sánchez de Lozada y más tarde la del vicepresidente Carlos Mesa, con el agravante que las mismas organizaciones populares indigenistas hoy se encargan de bloquear al gobierno populista de Evo Morales, al grado que un amigo mío que reside en Alemania ha sugerido que aquel país andino debiera llamarse no Bolivia, sino que “Bloquivia”. Una circunstancia análoga ha atravesado “Mel” Zelaya cuando en un año y medio de gobierno los maestros y los taxistas se le han venido encima, teniéndoles que responder con una represión que es nada democrática y muy escasamente populista.
En fechas recientes el “problema” mayor ha sido que los medios de comunicación parecieran ignorar las “grandes hazañas” que realiza el presidente por colocar a Honduras en la primera fila del concierto de la modernidad mundial. Las órdenes ejecutivas para encadenar a la radio y la televisión han constituido un atentado a la democracia y una violación directa a la Carta Magna de nuestro país. Tales hechos han venido a resquebrajar aún más el debilitado escenario de la política hondureña, poniendo en peligro nuestra precaria institucionalidad.
“Mel” Zelaya debe recordar que los medios de prensa cuentan con la simpatía del pueblo hondureño, y que tratarles como si fueran un Prometeo encadenado dentro de un esquema represivo inusual, podría traer consecuencias nefastas al Partido Liberal y a todos los partidos de oposición, que en la tentación de la dictadura presidencial corren el riego del irrespeto abierto que podría derivarse de una agenda caótica que cambia cada quince días.
El presidente Zelaya --a quien aún le guardamos afecto y simpatía--, debiera revisar detenidamente el tipo de consejerías políticas (léase impolíticas) que lo llevan constantemente a la confrontación innecesaria. Es casi la misma sugerencia que le formulábamos a Maduro en los momentos de crisis coyuntural. Zelaya Rosales debe pernoctar un par de semanas dentro del parlamento español para que aprenda a observar a los presidentes ibéricos que asimilan --con paciencia democrática-- toda clase de críticas y censuras abiertas que provienen de diversos sectores de la oposición, para que comprenda que la esencia de la democracia política estriba en la capacidad que tienen los ciudadanos de disentir, sin correr el riesgo de las persecuciones, de perder sus empleos, de ir a parar a la cárcel o al destierro.
Finalmente, el tejido económico, político, social, legal y cultural se encuentra en un estado de vulnerabilidad tal que las provocaciones (conscientes o inconscientes) de las personas que controlan los hilos del poder institucional, podrían conducir a que Honduras pase de las repetidas crisis coyunturales a una verdadera “crisis orgánica” de fondo, generadora de todo clase de caos en donde el amigo “Mel” Zelaya Rosales sería el menos favorecido de todos. Aún estamos a tiempo de corregir.
NICARAGUA
¿EXISTE UNA CORRUPCIÓN “SOCIALISTA”?
Luis Rocha
Managua, 7 de junio, El Nuevo Diario
Lo que interesa es saber si este gobierno de todos, es capaz de convencer a todos de que sus actuaciones, incluso las partidarias, son éticas y transparentes, y si hay culpables, tiene el valor de públicamente despojarse de ese lastre. Si de verdad llega a actuar con honestidad y entereza, merecería este gobierno el reconocimiento de todos los nicaragüenses, como ciudadanos libres que somos y no como vasallos”.
De la misma manera que Daniel Ortega afirmó que era más importante hablar de ganadería, que referirse al tema de la corrupción en la Corte Celestial de su Reino Socialista, la calumnia de los perros con collares color chicha diciendo que los caminantes eran agentes de la ClA, la semana pasada había hecho que Watson, con sorna, preguntara: “¿Y ahora que trabajamos para la ClA, quién nos va a pagar?” Ciertamente que un perplejo Caresol estaba interesado en lo absurda que podía ser la respuesta a una pregunta no menos absurda, lo cual confirmó cuando Sherlock dijo: “Pues de seguro va a ser Carlos Fernando Chamorro, pues en su programa ESTA SEMANA unos pocos recomendables señores destaparon la olla podrida de una mafia partidaria.
A partir de entonces ha sido imposible que el partido danielista limpie, como diría Gustavo Porras, su honra, e investigue el historial de años de la Corte Celestial. ¿Le irán a hacer una investigación a fondo ahora que Daniel lo ordenó? En este capítulo de nuestra historia patria, estamos aprendiendo que, si este gobierno es socialista, quiere decir que la corrupción puede ser socialista”.
Sherlock tomó un respiro para continuar: “Lejos de reconocer que aún cuando fueran unos inversionistas mafiosos quienes destaparan la olla, ciertamente había carne podrida dentro de ella y el hecho ha generado una andanada de injurias y calumnias para un periodista cuyo pecado ha sido exponer públicamente un asunto que ha venido siendo un secreto a gritos desde hace años.
En el 2005 el mismo Carlos Fernando, durante una entrevista a Daniel Ortega, le preguntó si no era verdad que en la Secretaría se resolvían muchos problemas judiciales, y el silencio, hasta ahora, tuvo que ser. Hoy, para Daniel, lo importante es la ganadería o que se investigue, a fondo a los inversionistas ligados al narcotráfico, sabiendo como sabe que quienes integran la Corte Celestial ameritan una verdadera investigación. Mientras tanto Carlos Fernando es tildado de toma tierra y otro de sus pecados, según Gustavo Porras, es ser Chamorro. ¿Qué apellido habrá sido el de Carlos Fernando cuando a comienzos de la revolución lo nombraron director de Barricada quienes hoy lo denigran por ejercer con ecuanimidad su obligación periodística?”.
El de Managua tomó la palabra: “Se hacen los babosos y los indignados, porque son cómplices de delitos de despojos, coimas y otras aberraciones. ¿Si no es así, porqué responden con la intimidación? Si hoy el pueblo tolera que su voz y su opinión sean enterradas por el miedo, el triunfo de una nueva dictadura habrá comenzado. Hay que ir denunciando toda represalia mafiosa que se tome contra la libertad, pues estamos viendo que en lugar de investigar en su nomenclatura y probar su honradez, se tira lodo a diestra y siniestra.
A nadie le interesa si Armel González no es apto para dar la primera comunión, lo que interesa es saber si este gobierno de todos, es capaz de convencer a todos de que sus actuaciones, incluso las partidarias, son éticas y transparentes, y si hay culpables, tiene el valor de públicamente despojarse de ese lastre. Si de verdad llega a actuar con honestidad y entereza, merecería este gobierno el reconocimiento de todos los nicaragüenses, como ciudadanos libres que somos y no como vasallos”.
“Estoy totalmente de acuerdo -dijo el de Masatepe- porque en el caso del danielismo tirar lodo a quienes los acusan, es tácitamente estar aceptando su culpabilidad. No engañan a nadie, pues quienes están sobre el tapete son ellos, y no periodistas cuya obligación es cumplir con el sagrado deber de informar. La táctica es que nuestros periodistas callen para que nosotros no sepamos. Es el momento de cerrar filas ante calumnias, amenazas y toda clase de intimidación. Tenemos derecho a la verdad y no a imposturas de quienes piden que los informadores limpien su honra. Los fariseos son quienes tienen que golpearse el pecho hasta reventar y tener las agallas de ser seres humanos y no sinvergüenzas”.
Sanjinés y Currie escuchaban silenciosamente, y Caresol no paraba de rascarse la cabeza. El de Managua y el de Masatepe quedaron viendo a Sherlock y Watson, y el primero se dio por entendido para decir: “En este Reino Socialista donde algunos creen que es posible una corrupción socialista, y un socialismo corrupto quien no es monárquico, es de la CIA. Ya Carlos Fernando entró al Clan Ficticio de la CIA y cuidado que los verdaderos agentes de la CIA trabajan en la Secretaría de Daniel. Mientras este Reino dure, nosotros seguiremos estigmatizados por quienes creen haberle comprado la verdad y la razón a Dios”. Watson estaba eufórico: “Pero bien sabemos que el diablo es capaz de disfrazarse de Dios, y engañar a los idólatras”.
UN VIAJE AL LADO OSCURO
Editorial
Managua, 7 de junio, La Prensa
En reiteradas ocasiones hemos expresado en esta misma columna editorial de LA PRENSA, la opinión de que si bien es cierto que las circunstancias históricas de Nicaragua han cambiado, Daniel Ortega sigue siendo el mismo político autoritario de antes. Pero también hemos dicho que ahora Ortega tiene que moverse en los límites de lo que quiere hacer y lo que realmente puede hacer. Y sobre todo tiene que actuar en el ámbito de lo que el pueblo y las fuerzas democráticas le permitan hacer.
La idea fundamental en la saga cinematográfica de La Guerra de las Galaxias, es la existencia de una fuerza superior que domina el universo y la vida de las personas y la cual tiene un lado oscuro y otro iluminado. Este concepto se basa en el hecho inobjetable, de que todo en la vida se funda en dos aspectos opuestos, contradictorios y excluyentes: lo malo y lo bueno, lo negativo y lo positivo, la opresión y la libertad, lo izquierdo y lo derecho.
Aplicado ese concepto al mundo en que vivimos, es fácil comprobar que, en efecto, éste tiene un lado oscuro que es donde imperan dictaduras y satrapías de diverso signo; pero también posee un lado iluminado, donde la gente vive en libertad y se auto gobierna de manera democrática.
Pues bien, al lado oscuro del mundo es a donde ha ido de paseo en estos días el presidente sandinista Daniel Ortega: Venezuela, Argelia, Libia, Irán y Cuba. En Venezuela, para escarnio de los venezolanos y vergüenza de los nicaragüenses que en su mayoría han repudiado el cierre arbitrario de Radio Caracas Televisión (RCTV), el presidente Ortega respaldó la agresión del dictador militar Hugo Chávez contra la libertad de expresión y de prensa.
Inclusive, en un desborde de entusiasmo totalitario Ortega aseguró que él hubiera confiscado RCTV, e insultó a los venezolanos que se manifiestan en defensa de su libertad.
En Argelia, Ortega calificó a Israel como un Estado ficticio; y en Irán sin duda que reiterará su apoyo al déspota de ese país, quien está desafiando al mundo con su empeño en fabricar el arma atómica. Y sin duda que Daniel Ortega respaldará también el demencial propósito del presidente iraní, quien al parecer se cree un nuevo Nabucodonosor, de destruir a Israel y repetir en el siglo XXI el holocausto del pueblo judío que Hitler ordenó en el siglo XX.
Dice el presidente Ortega que Nicaragua tiene derecho a relacionarse con todos los países del mundo, lo cual es cierto pero sólo relativamente. En realidad, así como cada quien es libre de escoger a sus amistades entre personas honorables o sujetos de mala reputación, también los gobernantes se asocian entre ellos de acuerdo con sus afinidades e intereses.
Pero el presidente Daniel Ortega, quien es un mandatario de minoría y apenas cuenta con la confianza del 38 por ciento de los nicaragüenses, no tiene derecho a poner en riesgo los intereses nacionales asociando a Nicaragua con países donde no se respetan los derechos humanos y son vistos con recelo por la comunidad democrática internacional.
Por otra parte, es muy preocupante el hecho de que el presidente Ortega se hiciera acompañar, en su viaje al lado oscuro del mundo, por representantes de alto nivel del Ejército de Nicaragua y la Policía Nacional. ¿Qué es lo que pretende el mandatario sandinista al vincular las instituciones armadas de la República, a las que tanto les ha costado quitarse la mala fama del partidismo sandinista, con regímenes despóticos que sólo pueden inducirlas a que vuelvan a ser como lo fueron en los fatídicos años ochenta del siglo pasado?
La mayoría de diputados democráticos que hay en la Asamblea Nacional, debería interpelar al presidente Ortega acerca de cuáles son las motivaciones reales de su viaje al lado oscuro y por qué compromete a la Policía y el Ejército, vinculándolos con los regímenes totalitarios.
Pero, además, las fuerzas democráticas de Nicaragua deben tomar las providencias políticas que sean necesarias, a fin de impedir que Daniel Ortega y su partido vuelvan a imponer en Nicaragua un régimen autoritario como los que hay ahora en Venezuela, Cuba o Irán.
En reiteradas ocasiones hemos expresado en esta misma columna editorial de LA PRENSA, la opinión de que si bien es cierto que las circunstancias históricas de Nicaragua han cambiado, Daniel Ortega sigue siendo el mismo político autoritario de antes. Pero también hemos dicho que ahora Ortega tiene que moverse en los límites de lo que quiere hacer y lo que realmente puede hacer. Y sobre todo tiene que actuar en el ámbito de lo que el pueblo y las fuerzas democráticas le permitan hacer.
Los partidos democráticos, si se unieran en la Asamblea Nacional podrían contener ahora mismo los ímpetus autoritarios y dictatoriales de Daniel Ortega. Después podría ser demasiado tarde.
UNIDAD CON PACTO NO ES UNIDAD, ES ENGAÑO
Mario Alfaro Alvarado
Managua, 8 de junio, La Prensa
Resulta que quien dividió el liberalismo al entregarle el poder a Ortega ahora pretende unir al liberalismo; para lo cual necesita eliminar a Montealegre por obstaculizar el pacto. Convencido Alemán que su presencia en el PLC no produce efectos saludables para una posible unidad liberal, ha recurrido a algunos de sus compinches para que convenzan al fundador de la ALN —después que lo insultaron y calumniaron— para que vuelva al redil liberal y autoproclamarse campeón de la unidad democrática.
Alemán ganaría mucho con la unidad liberal aunque fuera de apariencia, porque revaloraría sus acciones en el pacto con Ortega y se convertiría en beneficiario de la mitad del poder formal, que no del poder real, para ejercer alguna influencia en las decisiones de Ortega.
La maniobra arnoldista en esta simulación de unidad está bien perfilada. Él y su grupo de incondicionales saben que nada arriesgan en el intento de persuadir a Montealegre. Si no lo logran decepcionarán a los liberales bien intencionados, pero el pacto con Ortega se mantendrá.
La unidad que busca Arnoldo con sus cómplices, además de destruir la reputación de Montealegre como firme opositor al pacto, derrumbaría las esperanzas de una población agobiada por la incertidumbre, la inseguridad, el secretismo y los fantasmas del pasado.
La degradación moral de Nicaragua no puede arreglarse con las viejas fórmulas políticas, gastadas de tanto usarse sin producir resultados satisfactorios. Las nuevas generaciones nicaragüenses demandan fórmulas nuevas que convenzan para ir en búsqueda de soluciones permanentes. Los problemas nacionales son los mismos de hace medio siglo y siguen siendo tratados con fórmulas de apaciguamiento, que no impiden que tales problemas renazcan y crezcan.
No son candidaturas, ni candidatos, ni partidos —sujetos desprestigiados ante la opinión nacional— los que pueden enfrentar la crisis que atenaza el ánimo y la confianza de los nicaragüenses. Lo primero que debe hacerse es formular un nuevo planteamiento de la situación del país; porque la lucha ya no es política, es de supervivencia nacional.
Cuando el pueblo escoja libremente, escogerá a los mejores, a las personalidades que destacan por su conducta personal, su rectitud y honestidad. Mientras tanto, los figurones políticos deformados por el desprestigio y la mentira, seguirán danzando como fantoches en una fiesta de brujas.
La Constitución y las leyes no valen mucho si se pueden reformar a voluntad de los intereses políticos de los gobernantes; los votos no valen mucho si un instrumento administrativo, nacido de un pacto oneroso maneja las elecciones y manosea políticamente los derechos electorales de los ciudadanos; si el sistema judicial no ofrece garantía alguna y se sigue manejando la justicia como una mercancía que pueden adquirir los políticos corruptos y los delincuentes internacionales.
¿Con qué se cuenta, entonces, para realizar una cruzada moralizadora que afluya hacia elecciones verdaderamente libres y transparentes para elegir gobiernos que sean productos legítimos de la voluntad popular? Queda la sociedad civil organizada y aprestada a conquistar como un derecho inalterable, el uso del sufragio para elegir libremente; sin organismos politizados, sin leyes amañadas que facilitan fraudes, sin discrecionalidades abusivas en el recuento de los votos.
Todo esto suena a utopía y puede ser utopía. Pero la historia nos confirma que los grandes cambios sociales comienzan como una utopía y la voluntad popular convierte esos ideales en energía transformadora. Debemos pensar en soluciones libres de mezquinos intereses políticos y encontraremos la fórmula salvadora.
COSTA RICA
UNA DECISIÓN CORRECTA
Editorial
San José, 8 de junio, La Nación
Las realidades geopolíticas, diplomáticas y económicas, sin embargo, se han transformado durante las últimas décadas. A partir de 1971, con la expulsión de Taiwán y el ingreso de China a las Naciones Unidas, comenzó un proceso irreversible de reconocimiento diplomático al gigante asiático. Hoy, por ejemplo, mientras 168 países tienen relaciones con China, solo 24 las tienen con Taiwán. Durante el tiempo en que Costa Rica fue parte de este grupo, nuestros nexos fueron muy estrechos y fructíferos.
La decisión anunciada el miércoles por nuestro Gobierno, de establecer relaciones diplomáticas con China y, como consecuencia inevitable, romper esos nexos con Taiwán, es un acto de realismo y soberanía, consecuente con una política exterior inteligente y bien fundamentada que, sin renunciar a la defensa militante de la democracia, los derechos humanos y la paz, es capaz de leer los signos de los tiempos y actuar en consecuencia frente a ellos. Por esto, aunque rechazamos radicalmente el carácter totalitario del régimen político chino, apoyamos la acción nacional, hecha pública por el presidente Óscar Arias y el canciller Bruno Stagno.
Tomar esta medida, sin duda, no ha sido fácil. Nuestras relaciones con la República de China en Taiwán se remontan a mediados del siglo anterior, cuando, tras la imposición el comunismo en el territorio continental, el Gobierno nacionalista de Chiang Kaishek se refugió en la isla, pero sin renunciar nunca a representar a toda la nación. Costa Rica decidió entonces, acertadamente, darle su reconocimiento diplomático, como la mayoría de los países democráticos (y otros que no lo eran) del mundo.
Las realidades geopolíticas, diplomáticas y económicas, sin embargo, se han transformado durante las últimas décadas. A partir de 1971, con la expulsión de Taiwán y el ingreso de China a las Naciones Unidas, comenzó un proceso irreversible de reconocimiento diplomático al gigante asiático. Hoy, por ejemplo, mientras 168 países tienen relaciones con China, solo 24 las tienen con Taiwán. Durante el tiempo en que Costa Rica fue parte de este grupo, nuestros nexos fueron muy estrechos y fructíferos.
Hay que reconocer al Gobierno taiwanés la considerable ayuda técnica y financiera que proporcionó a nuestro país, como compensación por el mantenimiento de las relaciones; gracias a ella, hemos recibido importantes beneficios. También, sin embargo, hay que recordar que, en aras de influir en nuestra política exterior, el Gobierno de Taiwán acudió, con la complicidad de políticos y funcionarios locales, a métodos totalmente reprobables, como el financiamiento de campañas políticas a contrapelo de las regulaciones oficiales, o la entrega de fondos para pagar a empleados de la Cancillería, algo que terminó con la llegada al poder del presidente Arias.
A pesar de tan lamentables desvíos, en el balance general de las relaciones ha prevalecido lo positivo. Pero esto por ningún concepto resultaba razón suficiente para que nuestro país insistiera en una postura que contradecía las realidades internacionales y, sobre todo, la necesidad de vincularnos oficialmente a un país que, a pesar de su totalitarismo político, ha avanzado en libertades económicas y (en menor medida) sociales, es una potencia productiva y financiera, se ha convertido en un importante socio comercial de Costa Rica y está plenamente integrado a los flujos internacionales de bienes, servicios y capitales.
En estas condiciones, el establecimiento de relaciones diplomáticas con China, además de un acto que nos reafirma como nación soberana, es una decisión realista y visionaria, congruente con una estrategia nacional de inserción inteligente en el mundo, de la cual también forman parte los tratados de libre comercio y nuestra participación activa en organismos multilaterales, como las propias Naciones Unidas y la Organización Mundial de Comercio (OMC), así como la aspiración de convertirnos en miembros del grupo Asia Pacífico (APEC), de enorme importancia como foro económico y de desarrollo.
Nada de lo anterior impedirá que, como ocurre con los demás países que reconocen al Gobierno de Pekín, mantengamos relaciones comerciales, culturales y de otra índole con Taiwán. Además, nuestra diplomacia debe dejar claro, mediante hechos, que el cambio en relaciones no debe implicar precisamente someterse a la intransigencia de China continental respecto a una serie de aspiraciones taiwanesas, como participar en organismos multilaterales en temas de salud, educación y otros. De este modo, podremos combinar mejor el realismo y solidez de nuestra política exterior con un adecuado respaldo a quienes han sido amigos por años.
EN VELA
Julio Rodríguez
San José, 8 de junio, La Nación
La embajada de Taiwán, como vocera de su Gobierno y del pueblo, según proclama pública, declaró que el Gobierno de Costa Rica actuó “bajo la amenaza e instigación de China Popular” y “en sometimiento a la presión” del Gobierno chino. ¿Amenaza de qué? ¿Presión por qué? Y, en cuanto a la instigación, bien sabían los taiwaneses, aparte de la forma como se procedió, que esta decisión soberana estaba a las puertas. En síntesis, el agravio es directo y explícito.
La respuesta de la embajada de Taiwán, ayer, a la decisión del Gobierno de Costa Rica de establecer relaciones diplomáticas con China Popular no es un modelo de diplomacia y mucho menos de respeto. Se queja el Gobierno de Taiwán de “la forma sumamente inamistosa” –según expresa el comunicado con que procedió el Gobierno costarricense.
Esta molestia, y ni siquiera el sinsabor de verse cada día más aislado, no justifican, sin embargo, en modo alguno, sus agravios. Taiwán ha sido víctima de la agresión de la inmensa y poderosa China Popular y de sus amenazas, en razón de su independencia y de su justo anhelo a la libre determinación. Su lucha, por lo tanto, es una cuestión de integridad y seguridad nacional. El Gobierno de Costa Rica ha aducido, asimismo, razones sólidas y dignas para fundar su decisión soberana.
La embajada de Taiwán, como vocera de su Gobierno y del pueblo, según proclama pública, declaró que el Gobierno de Costa Rica actuó “bajo la amenaza e instigación de China Popular” y “en sometimiento a la presión” del Gobierno chino. ¿Amenaza de qué? ¿Presión por qué? Y, en cuanto a la instigación, bien sabían los taiwaneses, aparte de la forma como se procedió, que esta decisión soberana estaba a las puertas. En síntesis, el agravio es directo y explícito.
Curiosamente, es el mismo lenguaje de ciertos sindicalistas, políticos obsesivos, comunistas y compañeros de viaje contra el Gobierno de Costa Rica en sus relaciones con EE. UU. Y, mutatis mutandis , guarda cierta analogía con los ataques de Hugo Chávez y de Fidel Castro contra los amigos del Gobierno norteamericano. La diferencia está en la forma. Lo que, en este comunicado, se llama actuar “bajo amenaza e instigación” o “por sometimiento”, los chavistas y castristas lo condensan en el vocablo ‘lacayo’. Esta figura literaria, por la cual se atenúa o ablanda la fuerza o malsonancia de una palabra, se denomina eufemismo o lítote, bastante corriente en el lenguaje diplomático, aunque, en este caso, a los taiwaneses se les fue la mano. Una despedida con mal sabor.
Aparte estos quebrantos idiomáticos y estos mandobles políticos, Taiwán, otrora Formosa, con apenas 35.980 km² y unos 20 millones de habitantes, seguirá siendo una isla de libertad, casi solitaria, con endeble legitimidad internacional, frente a un imperio de 9,6 millones de km² y 1.200 millones de habitantes, donde todo es enorme: el progreso y la violación de los derechos humanos, en un escenario planetario, entre el pasmo y el temor, donde se desarrolla uno de los grandes dramas de la historia humana: el PIB, el poder o las razones de vivir.
DA VERGÜENZA
Grettel Paniagua Varela
San José, 8 de junio, La Nación
Así, preocupa el total irrespeto al Derecho Internacional Público, la osadía de Fidel Castro de propagar, desde su alicaída muralla, criterios sobre el trámite en Costa Rica del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana y de empañar, con el estandarte de la cobardía, la libre autodeterminación del pueblo costarricense, la realización del referén- dum.
Uno de los principios más manipulados en relaciones internacionales es la libre autodeterminación de los pueblos, que los faculta a ejercer, libre e independientemente, su condición política y a perseguir su desarrollo económico, social y cultural. Una vez independiente, la soberanía plena traspasa a la nación todos los poderes, sin condiciones ni reservas dentro de su integridad territorial sobre la base de la igualdad de los Estados.
Se deriva de esta condición la personalidad internacional del Estado y el principio fundamental y generalmente reconocido de no intervención en los asuntos internos de los demás Estados, esto sin que su “falta de preparación” sirva de pretexto para quebrantar el ejercicio de esta prerrogativa en su completa dimensión.
Irrespeto. Así, preocupa el total irrespeto al Derecho Internacional Público, la osadía de Fidel Castro de propagar, desde su alicaída muralla, criterios sobre el trámite en Costa Rica del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana y de empañar, con el estandarte de la cobardía, la libre autodeterminación del pueblo costarricense, la realización del referén- dum.
Da vergüenza, señor Castro, que desconozca usted, que siempre pregonó luchar por la independencia del pueblo cubano, que todos los pueblos del mundo, en un marco de Estado social de derecho, gozan de libre autodeterminación, que nadie puede violentar el pleno ejercicio de la autonomía, del respeto a los derechos humanos fundamentales y de la condición jurídica y separada de la que gozamos las naciones libres, solazadas en las floraciones de la paz y los esfuerzos por la conciliación nacional.
Da vergüenza que nos venga a cuestionar, con absoluto desconocimiento del significado de la democracia, la transparencia de la labor del Tribunal Supremo de Elecciones y del papel de Gobierno que nosotros, costarricenses libres, elegimos cada 4 años mediante el voto directo y secreto, con la potestad de decidir sin imposiciones la inclinación política.
Enamorados. Da vergüenza que la obcecación extremista de izquierda no le permita comprender que existe la armonía de criterios, el albedrío de expresar una opinión y de emancipar un pensamiento con la alegría de los seres humanos insubordinados, que vamos por la vida con determinación y sin absolutismos, enamorados de nuestra república soberana, que elige y determina lo que desea.
Pero lo que me da más vergüenza, y una descorazonadora tristeza de espíritu, es que haya “costarricenses” que aplaudan sus intromisiones, que secunden sus ideas o que, de la mano de su amigo Chávez, traten de deslegitimar la manifestación de democracia que es el referéndum.
PANAMA
CRECIMIENTO ECONÓMICO INVISIBLE
Rufino Morales Rivera
Ciudad de Panamá, 4 de junio, La Prensa
La verdad es que no sé qué piensan los que dirigen el actual gobierno, porque cuando se les pregunta sobre los temas económicos que afectan al panameño, solo señalan que la economía del país sigue creciendo, como si todas las personas en Panamá estuvieran dándose la gran vida como ellos y disfrutando del sonado crecimiento económico. El pueblo ya no quiere más falsas promesas, sino soluciones reales a los problemas actuales que afectan a las mayorías.
Es preocupante la situación que enfrenta nuestro país, cuando el costo de la canasta básica familiar cada día que pasa sigue aumentando, así como también aumenta el precio del combustible, el pasaje del transporte público y la electricidad, mientras que los salarios continúan siendo los mismos. Todo esto nos hace concluir que la calidad de vida del pueblo panameño, conforme pasa el tiempo, se va desmejorando. Además de esto, en nuestro país existe un alto índice de desempleo, donde el nivel de pobreza alcanza a un alto porcentaje de la población.
La verdad es que no sé qué piensan los que dirigen el actual gobierno, porque cuando se les pregunta sobre los temas económicos que afectan al panameño, solo señalan que la economía del país sigue creciendo, como si todas las personas en Panamá estuvieran dándose la gran vida como ellos y disfrutando del sonado crecimiento económico. El pueblo ya no quiere más falsas promesas, sino soluciones reales a los problemas actuales que afectan a las mayorías.
Lo cierto es que este es una tierra bendecida por Dios y la economía de nuestro país seguirá creciendo a través del tiempo, ya que somos una nación privilegiada debido a nuestra estratégica posición geográfica, además de otros factores positivos que fomentan las inversiones extranjeras y la realización de otros proyectos de importancia.
No se puede salir diciendo por allí que este crecimiento económico del que goza nuestro país se trata de un logro de la gestión presidencial actual.
Es importante trabajar para que se pueda llevar ese crecimiento que vive nuestra economía, a todos los sectores de nuestro país, en especial a los más necesitados.
La población requiere una mayor inversión social y que se desarrolle una política económica acorde con la realidad actual de nuestro país, de lo contrario, seguirá aumentando el desempleo, la pobreza, la corrupción y la inseguridad.
LAS CREDENCIALES DEMOCRÁTICAS DE PANAMÁ
Demetrio Olaciregui Q.
Ciudad de Panamá, 5 de junio, El Siglo
Lejos están esos medios de prensa y esos opositores políticos de demostrar un genuino comportamiento democrático. En el caso de esa prensa su propagada independencia y credibilidad choca contra la realidad de la falta de tolerancia y del genuino juego de ideas. Su obsesión por imponerle una agenda política al país, sobrepasa el papel de la prensa e incursionan, junto con la oposición, en abiertas acciones que no persiguen otra cosa que tratar de inducir el voto de los panameños en las próximas elecciones.
En estos días en que el país ha sido sede de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), de todo el abanico ideológico del continente se han volcado elogios sobre Panamá y las credenciales democráticas de su gobierno. En sus pronunciamientos, los ministros de Relaciones Exteriores y el Secretario General de la OEA han reconocido, sin limitaciones, a Panamá como la capital democrática de las Américas y como baluarte del sistema interamericano.
La Comisión de Derechos Humanos de la OEA y el foro del sector privado de las Américas también elogiaron el rol de Panamá en la defensa de los derechos democráticos y del derecho internacional y referencia de la fórmula como deben trabajar los empresarios, la sociedad civil y las instituciones públicas a favor del desarrollo económico y social.
A esas voces se sumó Ban Ki Moon, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La visita oficial del líder de la máxima institución política del mundo tuvo un simbolismo particular, pues fue su primera gira en América Latina y la hizo, precisamente, en Panamá. La última vez que un secretario general de la ONU estuvo en Panamá fue en 1973.
En esta visita, Ban inauguró las oficinas regionales de la ONU en Panamá. El país no sólo es el mejor lugar en el continente donde el organismo mundial puede establecerse, sino el lugar ideal para vivir, afirmó Ban. No restó elogios al papel de Panamá en el continente y el mundo y su aporte a la paz internacional como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU. Panamá es un país armonizador y creador de puentes que ha demostrado un genuino compromiso con los valores democráticos, resaltó Ban.
En lugar de darle aliento a esas expresiones que fortalecen el orgullo nacional, lo que se aprecia es la mezquindad de alguna prensa y voceros opositores. La intención no oculta, es reducir la confianza y credibilidad de un gobierno de reconocidas credenciales democráticas. Lejos están esos medios de prensa y esos opositores políticos de demostrar un genuino comportamiento democrático. En el caso de esa prensa su propagada independencia y credibilidad choca contra la realidad de la falta de tolerancia y del genuino juego de ideas.
Su obsesión por imponerle una agenda política al país, sobrepasa el papel de la prensa e incursionan, junto con la oposición, en abiertas acciones que no persiguen otra cosa que tratar de inducir el voto de los panameños en las próximas elecciones. Por eso la manera sistemática por desvirtuar las credenciales democráticas del presidente Martín Torrijos.
La realidad es otra. Esa condición democrática la admiran más del 60% de los panameños que respaldan la gestión del mandatario y es motivo de elogios de los gobiernos del continente, los líderes de la OEA y de la ONU. Esa es una razón para estar orgullosos del sitial en el cual se encuentra el país como producto de la coherencia y el comportamiento democrático de las actuales autoridades nacionales.